edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
17/11/2017

El Gobierno y la Bolsa de Londres dan por sentado que habrá supervisión europea en las ECC

La controversia sobre la actividad de la LCH que es central en los contratos de derivados está superada
Carlos Schwartz
Pese a las fintas de boxeadores que los negociadores de Reino Unido y la Unión Europea se dedican en torno al Brexit hay cuestiones que son centrales a la ruptura y que están ya pautadas. Una de ellas es el papel de las entidades centrales de contrapartida (ECC) establecidas en el Reino Unido y que dan servicio al sistema financiero europeo en su conjunto. “A falta del mecanismo preciso de control que se establecería ambas partes han alcanzado un acuerdo sobre la necesidad de que las ECC establecidas en la city de Londres y que hacen mercado en euros tengan una supervisión por parte de organismo de la UE”, señala una fuente de medios financieros en Londres. En realidad la propietaria de la bolsa de Londres (LSE, por sus siglas en inglés) ya ha adelantado su posición a la Comisión Europea (CE) en un documento a finales de octubre. Se trata de una respuesta a preguntas de la UE en la cual se acepta el principio de que en el caso de los mercados en los que se negocian activos soberanos de naciones europeas puede haber una supervisión de la UE y en algunos casos específicos incluso trasladarse fuera del Reino Unido.
Esta es una vieja controversia iniciada por el consejo del Banco Central Europeo (BCE) bajo la presidencia de Jean Claude Trichet, que aprobó una circular en la cual se exigía que las operaciones en euros de las ECC se debían hacer en un país cuya moneda fuera el euro de forma tal que el BCE se constituyera como el prestamista de último recurso en caso de crisis. El Banco de Inglaterra ganó una batalla legal contra esa circular en la Corte Europea de Justicia. Pero el tema resurgió con el Brexit. Lo que está en juego aquí es la actividad de la London Clearing House (LCH) propiedad de la LSE en la que se hace el 97% del mercado en contratos de derivados denominados en euros. Sin embargo la cuestión para la UE es el mercado de deuda pública, las operaciones de contado para bonos y las operaciones con pacto de recompra (Repo).

El mercado de Repo es una institución básica para la gestión de la liquidez de las entidades bancarias que obtienen financiación de corto plazo entregando a cambio en garantía deuda pública con un pacto de recompra en plazos muy cortos. El mercado de Repo jugó un papel decisivo durante la crisis financiera a partir de 2007 cuando los bancos dejaron de prestarse dinero entre si en el mercado interbancario por el temor a un quebranto del tomador del préstamo. Mientras que la LSE admite que este tipo de operaciones tengan supervisión desde la UE o incluso trasladen parte de las actividad a un país miembro del sistema monetario europeo ponen en cuestión que los contratos de derivados para tipos de interés sean un asunto sistémico para la UE.

La cuestión de los contratos de derivados en realidad es una batalla a tres bandas porque también involucra a los intereses estadounidenses que arbitran los contratos entre mercados y tienen además plataformas en Europa, tanto en el continente cono en las islas británicas. Consciente de que su aliado transatlántico puede quebrar una lanza en defensa de que se mantengan los mecanismos de supervisión tradicionales, LSE se ha atrincherado en este asunto mientras manifiesta su disposición a que el tema de la deuda soberana sea parte de un acuerdo separado. La cuestión de todas formas viene a echar luz sobre la naturaleza del propio Brexit que se ha convertido en una disputa sobre el cheque que la nación que se retira del bloque económico debe pagar a cambio de sus compromisos y de la financiación obtenida.

Así que en realidad lo que ocurra con los mercados financieros, por más que todos los bancos continentales se apresten a sacar partido de la separación, está atado a lo que ocurra en una negociación más global. Pese a ello es significativa la respuesta de la LSE. Da cuenta de que en última instancia también le puede resultar oportuno trasladar la sede de las operaciones de Repo y negociar condiciones específicas para la mudanza e implantación. No en vano el mercado tiene un socio en Francia que es propiedad de la LSE, Clearstream.

La posición de la LSE no es una repentina inspiración sino que en realidad es una posición que ha sido construida de forma meticulosa en coincidencia con el ministro del Tesoro de Theresa May, Philip Hammond, quien en la segunda semana de octubre ya había adelantado a los legisladores que habría que hacer concesiones para mantener la extensa fontanería financiera alojada en el Reino Unido. Las infraestructuras que dan servicio e interconectan una industria decisiva para Europa.

La salida del Reino Unido del bloque implica que quedará fuera del alcance de las normas europeas y que para poder conservar el negocio deberá admitir limitaciones a su soberanía sobre mercados que se hacen en euros y constituyen una pieza clave de la liquidez del sistema financiero europeo. Lo llamativo en todo este debate es que la tendencia de los mercados a su convergencia y la dificultad de separarlos desde el punto de vista operativo tiende a sobreponerse a las limitaciones de la soberanía. La huella de la globalización es difícil de eliminar y someterla a normas resulta costoso. La tendencia no obstante no puede dejar en la sombra la realidad económica y esta es que de momento Londres sigue siendo el principal centro de actividad financiera de toda Europa. Mientras tanto Reino Unido argumenta que tener compensación y liquidación concentradas en un solo mercado permite desarrollar una masa crítica de operaciones conteniendo los gastos y aumentando la liquidez.

Esta ventaja se perdería si la compensación y liquidación de contratos se ve obligada a trasladarse, probablemente para beneficio de Nueva York. Europa se ha mostrado sensible en este sentido al riesgo de fragmentación del mercado de acuerdo con fuentes de medios financieros en Londres.

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