edición: 2389 , Lunes, 22 enero 2018
30/04/2013
Los vocales actuales deberán dimitir

El Gobierno ya tiene consejeros para los nuevos reguladores

La próxima creación de una comisión de mercados provocará un vuelco en la supervisión
Juan José González

Revuelo entre los consejeros de los reguladores ante la próxima creación por ley de la comisión nacional (CNMC) para garantizar el buen funcionamiento de los mercados y sectores productivos en España. La norma contempla la agrupación de las funciones de la CNE, CMT, CNC, y otros sectores como el ferroviario, el postal, el aeroportuario y los medios audiovisuales. Expertos, juristas, políticos y reguladores, creen que se trata de actualizar y poner orden en el gobierno de unos supervisores dispersos y con un sistema costoso. Capítulo al margen merecen los dos reguladores financieros; Banco de España y CNMV, claros exponentes de la ineficacia y desacierto de gestores y consejeros, que el tiempo parece haber demostrado `fallones´ en la gestión y `distraídos´ en la función de vigilantes en el cumplimiento de las normas. Vuelco a la vista para el que el Ejecutivo ya cuenta con una lista de candidatos a la supervisión.

Y andan revueltos los cerca de 140 vocales de los consejos porque con la entrada en vigor de la ley de la CNMC pueden tener los consejos contados, pues es fácil entender que el actual Gobierno cuenta con una relación de curricula propios, dispuestos a entrar a saco en los reguladores de los mercados. La ley es previsible que cambie muchos aspectos de la norma actualmente en vigor, y que por tanto, se lleve por delante los apartados correspondientes al período del mandato de los consejeros. De modo que es probable que tras la aprobación de la ley deban poner sus cargos a disposición del presidente del consejo. Salvo que se establezca algún tipo de norma de carácter transitorio, que no parece que será el caso.

Con independencia de alguna objeción jurídica (al parecer, contraviene directivas europeas) la actuación del Gobierno en la reorganización de los organismos reguladores y supervisores, se ha convertido en un asunto de extrema urgencia. Es posible que algunos organismos, como los encargados de supervisar los sectores productivos cuenten con distinta problemática. Pero los financieros adolecen de las mismas carencias y debilidades. En aquéllos, se justifica su reordenación en base al argumento económico del ahorro porque se trata de estructuras pesadas, costosas y burocratizadas en exceso. Por tanto, la nueva normativa persigue mejorar el funcionamiento general de la comisiones mediante la fusión de las mismas.

El asunto de la reordenación institucional, se vuelve más complejo en el caso de los dos supervisores y reguladores financieros: Banco de España y CNMV, al tiempo que adquiere tintes dramáticos con nuevos `episodios nacionales´ como Bankia y Pescanova. Dos asuntos, dos goles, dos agujeros en un sistema que han dejado a sus gestores en evidencia y evidente ridículo, con conductas que ahora mismo estudian los tribunales. Banco de España y CNMV, pesadas estructuras que no logran detener propuestas (ataques) de salidas a bolsa como Bankia, o que se acaban por darse cuenta que en Pescanova sucede algo irregular, tras escuchar en una emisora de radio la existencia de “un lío tremendo con la deuda de la compañía”.

Y así andan los consejeros tan revueltos con la futura ley como el Gobierno lento en la reforma de los supervisores, asunto que en su día, noviembre de 2011, figuraba como una de las prioridades que afrontaría el Gobierno salido de las urnas. La promesa, casi en el olvido, parece haber devenido en algo más que urgencia; en desgracia tras el último episodio -por el momento- de la quiebra de Pescanova. Se trata de algo más que un tema puntual, por encima del volumen de su deuda real (aún desconocida) que trasciende, incluso, el aspecto laboral e industrial de la alimentaria. El fiasco de la compañía se lleva por delante atributos del prestigio de un país, de certidumbre y de la seguridad de los gestores y de los sistemas de vigilancia, como son los propios organismos reguladores y supervisores.

Si en un mercado desarrollado, europeo, internacionalizado, como es el español, ocurren sucesos como la venta de preferentes de la cuarta entidad financiera del país a particulares, o si una compañía de un sector como el alimentario, con buena reputación e historia correcta en el ámbito empresarial como Pescanova, se `cuelan´ y logran burlar todos los mecanismos de vigilancia, debe ser porque gestores, consejeros y normas fallan, o todos a la vez, o simultáneamente, o de forma aislada, pero fallan. De ahí que la nueva ley deba corregir, cambiar, reforzar, clarificar, poner orden y limpiar todo el entramado, confuso y farragoso, pesado y costoso, ineficaz y lento de la regulación y vigilancia de los mercados industrial y financiero.

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