edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
05/01/2010
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

El horizonte de la economía mundial empieza a despejarse

SERVICIO DE ESTUDIOS DE 'LA CAIXA'
La actualidad macroeconómica del mes de noviembre ha sido capitalizada por la publicación de los datos de crecimiento de las principales potencias mundiales. Prácticamente todos los países se han subido al tren de la recuperación. No ha habido grandes sorpresas, pero después de la dureza de los últimos trimestres, ello ha sido muy bien recibido. Ahora no esperamos que el tren se detenga, pero sí que le cueste coger velocidad. Los efectos colaterales de la recesión han sido muy importantes, y las secuelas durarán más tiempo del deseado.

Estados Unidos fue de los primeros países desarrollados en anunciar una tasa de crecimiento intertrimestral positiva. Con un avance del 0,7% con respecto al trimestre anterior (descenso del 2,5% interanual), reafirma su capacidad de liderazgo de la economía mundial a pesar de haber sufrido la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. De todas formas, la economía estadounidense ha quedado tocada, y el camino hacia una tasa de crecimiento mayor será lento. Muestra de ello es que gran parte del repunte del producto interior bruto (PIB) se debe a los incentivos públicos a la compra de vehículos. Quitando el efecto de los planes de estímulo económico, no hay muestras de que el consumo privado avance con solidez.

El PIB de la eurozona aumentó un 0,4% intertrimestral en el tercer trimestre (la tasa interanual todavía presentaba un descenso del 4,1%) y todo apunta a que este ritmo de crecimiento se habrá mantenido en los últimos tres meses. A pesar de no disponer de la desagregación de los datos por componentes, muy probablemente el sector exterior y los planes de estímulo económico habrán sido los ejes sobre los que se está vertebrando el proceso de salida de la crisis. Un proceso que cuenta con el empuje de Alemania, Francia e Italia, que crecieron entre tres y siete décimas respecto al trimestre anterior. De todas formas, tampoco para el conjunto de la eurozona esperamos una recuperación demasiado vigorosa para el año próximo. Tanto el consumo como la inversión tomarán el relevo al sector exterior y el sector público a partir de la segunda mitad del 2010, pero muy difícilmente lo podrán hacer con suficiente determinación como para llevar la tasa de crecimiento muy por encima del 1%.

Uno de los elementos clave que lastra la capacidad de recuperación tanto de Estados Unidos como del viejo continente es el importante deterioro que ha sufrido el mercado laboral. En Estados Unidos, el mercado de trabajo está en el punto más bajo de las últimas décadas, habiéndose destruido en esta crisis más de 7 millones de empleos y con una tasa de paro que supera el 10%. En la eurozona, la escalada del paro ha sido más moderada y la tasa no alcanza el 10%, pero la realidad sería mucho peor sin los programas de ajuste temporal de plantillas y de reducción de jornada aplicados por distintos países.

Una peculiaridad del actual proceso de recuperación mundial es el impulso que está recibiendo de las economías emergentes, con China y Brasil al frente. Por lo que respecta al gigante asiático, los principales indicadores continúan ofreciendo tasas de crecimiento espectaculares, pero para que perduren en el tiempo el consumo deberá tomar el relevo como fuente de estímulo en el medio plazo. De momento, se están empezando a dar los primeros pasos en la dirección adecuada. Tampoco Brasil deja de acaparar titulares: crea empleo, su PIB crece a una tasa anualizada cercana al 5% y los pronósticos para 2010 arrojan tasas de crecimiento superiores al 4%.

El inicio de la recuperación plantea la cuestión de cómo y cuándo deben retirar los bancos centrales las excepcionales medidas expansivas aplicadas para evitar el desastre. El Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) destacaron al término de sus respectivas reuniones de noviembre que las condiciones de los mercados financieros y de la economía real continúan mejorando, aunque matizaron que esperan una recuperación lenta. Jean-Claude Trichet dejó entrever que, aunque es todavía pronto para poner en marcha la estrategia de salida, la fecha se está acercando, hecho que fue interpretado por los mercados como una señal de que las operaciones de inyección de liquidez a un año no se mantendrán más allá de diciembre de 2009. El riesgo es que si el proceso de retirada de la liquidez no es suave, se podría observar un incremento de los tipos a corto, que a su vez induciría al alza al resto de tipos monetarios.

En lo que a la política monetaria tradicional se refiere, tanto el BCE como la Fed mantienen el mensaje de que los tipos de interés oficiales se situarán en los niveles actuales durante algún tiempo. Los mercados descuentan que el BCE puede subir el tipo rector durante el cuarto trimestre de 2010, y que la Fed podría hacerlo a lo largo de la segunda mitad del próximo año. Dado que la recuperación de la economía será muy lenta, es difícil imaginar una subida de los tipos de interés en la primera mitad del año próximo. Por otro lado, si los tipos de interés permanecen en los niveles actuales durante más tiempo, ello podría incentivar una toma excesiva de riesgos.
  
El otro foco de atención en los mercados financieros lo acaparan los tipos de cambio. La revalorización del euro frente a las monedas emergentes no constituye la trayectoria natural, dada la evolución de las economías correspondientes. Pero el tipo de cambio que levanta más polémica es el de la divisa china. La resistencia del gobierno chino a dejar fluctuar libremente el tipo de cambio entre el renminbi y el dólar parece replantearse, ya que en el último informe trimestral sobre la política monetaria del banco central chino se contempla la posibilidad de permitir una mayor apreciación del renminbi.

A pesar de la incertidumbre que podría generar el debate en torno a la futura actuación de las principales autoridades monetarias y del gobierno chino, el tono de los mercados financieros continúa siendo en general favorable. Muestra de ello es que las empresas siguen aprovechando las buenas condiciones en los mercados para vender bonos a ritmos muy elevados. El volumen de nuevas emisiones ha alcanzado récords históricos incluso en los sectores de alto riesgo o high yield, a pesar de que en este segmento las ratios de impagos han subido a máximos históricos desde la Gran Depresión del siglo pasado.

La evolución de los principales índices bursátiles, resistentes a incurrir en correcciones bajistas de envergadura, también refleja el tono positivo que predomina en los mercados. Uno de los factores que ayudó a la marcha de las bolsas fueron los resultados empresariales. En el caso del S&P 500, el 80% de las compañías sorprendieron favorablemente, mientras que en la eurozona sólo el 36% de las compañías del Euro Stoxx 50 publicaron resultados superiores a lo estimado por el consenso. Esta diferencia pone de manifiesto que la recuperación de los márgenes empresariales está siendo más rápida en Estados Unidos.

Por lo que respecta a la economía española, ésta todavía sigue en tasas de crecimiento negativas, pero sí ha confirmado un cambio de tendencia. El freno del retroceso económico en el tercer trimestre fue remarcable. El PIB disminuyó tres décimas porcentuales con respecto al trimestre anterior, lo que supone una mejora de ocho décimas con relación al registro del segundo trimestre. Esta evolución se explica por la mejora de la coyuntura internacional y un menor deterioro de la demanda interior, gracias en parte a los estímulos monetarios y fiscales puestos en marcha.

En tasa interanual, en el tercer trimestre el PIB disminuyó un 4,0%, dos décimas menos que en el trimestre precedente. El retroceso de la actividad fue debido al descenso de la demanda interna, que detrajo 6,5 puntos porcentuales. La contribución del sector exterior al crecimiento fue de 2,5 puntos. Tanto las exportaciones como las importaciones aminoraron sus retrocesos, pero fue especialmente destacable la mejora de las transacciones de bienes a resultas de la mejor evolución de la demanda, básicamente de la Unión Europea.

La capacidad de recuperación de la economía española en los próximos trimestres, como el resto de economías desarrolladas, se verá lastrada por el fuerte deterioro que ha sufrido el mercado laboral. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística, en el tercer trimestre la tasa de paro se estabilizó en el 17,9% de la población activa. No obstante, esto fue debido a una disminución de la población activa, ya que continuó la destrucción de ocupación, si bien a un ritmo menor. La debilidad de la demanda que ello genera se ve reflejada en la evolución de los precios. La tasa de variación interanual del índice de precios de consumo de octubre registró una tasa negativa por octavo mes consecutivo del 0,7%. Este decremento de los precios también lo refleja el deflactor del PIB, que en el tercer trimestre bajó el 0,4% con relación al mismo trimestre del año anterior. Fue la primera bajada del deflactor del PIB de las últimas décadas. De todas formas, esperamos que los precios vuelvan a presentar crecimientos a partir de noviembre y en 2010 reciban el impacto de la subida del impuesto sobre el valor añadido, anunciada para julio.

En este contexto, se sigue observando una tendencia a la mejora de los índices de confianza y las previsiones apuntan a su continuidad en los próximos trimestres. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico espera un pequeño retroceso del PIB en 2010, muy inferior al previsto hace apenas unos meses. De todas formas, la salida de la recesión, que se materializará en la primera mitad del próximo ejercicio, apenas paliará el actual deterioro del mercado de trabajo. La necesidad de dar un nuevo y vigoroso impulso a la actividad, que permita un nuevo ciclo expansivo, está detrás de la presentación, a finales de noviembre, de la Ley de Economía Sostenible. Se trata de consolidar y orientar adecuadamente la evolución de la economía en los próximos años, y para ello el gobierno ha elaborado un extenso y complejo texto legal que abarca un amplio conjunto de cambios normativos. Sus fines son mejorar el entorno regulatorio, elevar la competitividad de la economía y avanzar en la sostenibilidad medioambiental. Aunque sus resultados serán visibles en el medio plazo, del éxito de este plan depende, en buena medida, la capacidad de subir al tren de la recuperación y que la misma mantenga una favorable velocidad de crucero.

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