edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
19/10/2016
Beneficios en cuarentena, revuelo en las tesorerías

El Impuesto `adelantado´ de Sociedades quiebra resultados y descuadra tesorerías

Anticipo fiscal doloso y muy doloroso con efectos directos en las cuentas e inversiones y colaterales sobre el empleo, entre otros
Juan José González
El trasnochado "Todo por la patria" ha querido convertirse en este mes de octubre en un "Todo por el déficit" o, por lo que desea y ordena Bruselas. La denominada `contribución´ del Impuesto de Sociedades aplicado manu militari por Hacienda bajo la modalidad del pago a cuenta, ha conseguido desbaratar muchos planes empresariales, inversiones previstas para el último trimestre del año, al tiempo que obligado a modificar cuentas y resultados previstos para fin del ejercicio. La `contribución´ por el adelanto del pago (a cuenta) ha conseguido poner patas arriba a la mayoría de las economías empresariales, que se han visto afectadas por la medida impositiva; unas 10.000 empresas con ingresos anuales superiores a los diez millones de euros que ahora deberán rehacer sus números y poner orden en la caja. El anticipo en cuestión ha conseguido descuadrar cuentas, poner en cuarentena beneficios esperados y estimados, y ha logrado descuadrar también la mayoría de las tesorerías, por otro lado daño destinado a cuadrar las cuentas del Estado. La caída de la inversión y el freno en el empleo pagarán `a cuenta´ la factura.
Un mes para olvidar y para recordar. Alarma por los descuadres en tesorería por la inesperada y repentina contribución a las cuentas del Estado, al descuadre y números rojos de la Administración española. Aportación urgente y sin discusión al agujero sideral del déficit público, una deuda -y su servicio- que conduce inevitablemente a la sanción de Bruselas. 

Pero multa al margen, los efectos del retorno del pago a cuenta, pesadilla recuperada del pasado, que la reforma fiscal se había encargado de eliminar, sitúa a las empresas españolas que facturan más de diez millones de euros al año -unas 10.000- en complicada situación, forzadas a hacer verdaderas piruetas contables e ingeniería financiera para cuadrar las cuentas del tercer trimestre finalizado. Y no sólo los nueve meses del año, si no las previsiones para final del ejercicio, pues las estimaciones de las ganancias -si las hubiese- de 2016 deberían ser la base de cálculo del 25% del beneficio contable a ingresar, a pagar "a cuenta".

En todo caso, la medida de Hacienda, precipitada en extremo, ha obligado a las empresas a poner en práctica planes de contingencia, negociar con los bancos saldos, liquidez, cobros y pagos corrientes y, por supuesto, posiciones de cuenta y crédito, seguramente ampliadas (con su correspondiente coste) para afrontar los descuadres contables, tanto trimestrales como del cierre anual de cuentas. Estos pueden haber sido los daños directos del adelanto de una cantidad no prevista. Pero hay otros.

Los quebraderos causados por la medida no acaban en el despacho del contable y del financiero, si no que suben de planta hasta el despacho de la dirección general, lugar donde el responsable deberá decidir si el adelanto, quebranto o descuadre contable y financiero, tiene influencia sobre las inversiones en curso y, por tanto, en la creación de empleo. Y todos estos problemas parecen haberse citado en el mes de octubre, momento en el que la mayoría de las empresas presenta las cuentas a sus accionistas, números que previsiblemente servirán para guiar el beneficio o pérdida del cierre anual o, en su caso decidir -si se paga- el volumen del dividendo.

Por otro lado, designio o capricho del destino, la incertidumbre del Gobierno en funciones ha querido sumarse en esta ocasión a la incómoda tarea fiscal de las empresas en el mismo mes, dando lugar a escena difícilmente imaginable al inicio del año, cuando se daba por hecho que las segundas elecciones resolverían la investidura de un nuevo Ejecutivo y, por supuesto, no se divisaban en el horizonte medidas fiscales del tipo adelanto a cuenta del Impuesto de Sociedades. Muchas empresas de esas 10.000 darán visibilidad en breve al quebranto y descuadre en las cuentas ocasionado por la decisión del Gobierno de cuadrar las suyas, incluso, sin perjuicio, de los daños colaterales causados en inversiones y empleo.

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