edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
28/03/2011
Informe de Creación de Valor Compartido 2010 de Nestlé

El impulso de las comunidades es vital para el desarrollo sostenible

Beatriz Lorenzo

El desarrollo de las comunidades se está convirtiendo en un elemento importante de la estrategia de Responsabilidad Social como herramienta de gestión de unas compañías que buscan cada vez más en la “base” las pautas necesarias para un desarrollo sostenible. Así, surgen conceptos como la huella social, que mide las repercusiones de las compañías en el tejido social de las comunidades en las que operan. A la hora de calcular la huella social conviene tener en cuenta el capital social, concepto que, en la conocida definición de Putman, alude a las interconexiones entre los diversos elementos que conforman el tejido social, personas, redes de personas u organizaciones y las normas de reciprocidad y confianza que derivan de ellas.

El propio concepto de la Responsabilidad Social lleva inherente la idea de compromiso, integración, cooperación y vínculo entre las compañías y la comunidad. El capital social ha de orientarse a esa búsqueda, a la minimización de la huella social. Para Juan L. Doménech el desarrollo sostenible “necesitaría algo más que lo económico, lo social o lo ecológico para ser realmente sostenible; necesitaría ese ingrediente cultural "extra" (no solo el conocimiento laboral) que capacita a la persona a auto-desarrollarse y a auto-progresar. Sería un cuarto eslabón, el auto-conocimiento (el cual, a su vez, influye en el resto de sistemas), que supondría la culminación de la sostenibilidad”.

DESARROLLO RURAL

En este sentido, Nestlé ha difundido su informe de Creación de Valor Compartido 2010. El documento se enfoca en el modo en que la compañía contribuye al desarrollo de las comunidades rurales a través de la inversión en fábricas y fortaleciendo los vínculos entre agricultores y mercados. El Informe contiene cifras contundentes tomadas de la primera encuesta que la compañía realiza de sus 443 fábricas a nivel mundial, ilustrando el impacto que tienen a largo plazo en las comunidades en las que están localizadas. Según los datos aportados, de las 144 fábricas Nestlé localizadas en áreas rurales de países en desarrollo, el 70% tiene una planta de tratamiento de agua construida por Nestlé; un 58% contribuye con instalaciones educativas locales, un 58% ofrece programas de entrenamiento formales, un 33% ofrece programas de alfabetización y conocimientos numéricos, un 32% provee agua limpia y apta para el consumo a las comunidades locales y un 41% invierte en otras infraestructuras locales.

El informe expone que el compromiso de Nestlé con las comunidades que suministran materias primas agrícolas le beneficia a la compañía de un suministro de materias primas de mayor calidad, lo que reduce los costes de aprovisionamiento (porque disminuyen los intermediarios, los defectos y los desechos) y da lugar a unos mejores productos finales que tendrán más aceptación por parte de los consumidores, así como a un crecimiento rentable de la marca. A la vez, también se aporta valor a la sociedad ya que miles de agricultores utilizan el asesoramiento y la asistencia técnica que les proporcionan para producir cosechas mayores y de más calidad empleando menos recursos, lo que favorece el entorno y aumenta sus ingresos. Las comunidades rurales también se benefician de un mayor número de oportunidades de empleo y desarrollo económico.

Es esta una idea que enlaza con las de autores como Thomas Friedman  que abunda en en el concepto de la “reforma al por menor”. La clave está, pues, en revitalizar la economía desde  abajo, desde “dentro”, apuntando a su base y constituyendo así unos cimientos firmes que sirvan de soporte para la construcción- o en muchos casos reconstrucción-económica del país.

BUENAS PRÁCTICAS

En este orden de cosas, un buen ejemplo  radicaría en los negocios en la conocida como “Base de la Pirámide”-que engloba  a los casi dos tercios de la humanidad que no giran al ritmo de la enorme rueda del sistema económico mundial- y que ha ido tomando forma en los últimos tiempos. Los negocios en la base de la pirámide que realmente son transformadores de desarrollo social y económico reúnen características comunes, tales como el estar basadas en modelos de negocio que crean valor para la empresa y la comunidad, contemplar los elementos de la Triple Bottom Line (impacto social, económico y medioambiental de la actividad empresarial) y tener potencial a gran escala para conseguir un impacto transformador sobre la sociedad y generar beneficios económicos.

El informe de Nestlé da fe también de su política de respeto hacia los trabajadores de estas comunidades y el cumplimiento de la legislación a este respecto. La compañía cuenta con un marco de gestión que dirige las relaciones de los empleados. Los criterios se establecen en los “Principios Empresariales Corporativos y en la Política de Recursos Humanos” y las directrices están adaptadas a la legislación y normativa locales. Además, su política es acatar la legislación nacional de todos los países en los que trabaja y cumplir con las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre trabajo infantil y empleo justo. La observancia por parte de Nestlé de las leyes locales y los  Principios Empresariales Corporativos se comprueba mediante “CARE”, un programa de auditoría independiente que abarca las áreas de recursos humanos, salud y seguridad ocupacionales y medio ambiente.

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