edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
15/04/2011

El incorregible Mourinho intimida a los árbitros de los Madrid-Barça

Antonio Cubero
Prepárense, preparémonos. Ya está, no hay vuelta atrás. A partir de este sábado se levanta el telón del mayor espectáculo del fútbol europeo con color español para que Real Madrid y Barcelona se jueguen tres títulos en cuatro partidos correspondientes al campeonato de Liga, final de la Copa del Rey y las semifinales de la Liga de Campeones. Cuatro asaltos encadenados, todos con su importancia elucubraciones, apuestas, tiranteces, deseos, llantos y celebraciones según por donde vaya la feria en los 360 minutos que se avecinan de expectación futbolística que ojalá no se cumpla el vaticinio taurino y no sean 360 minutos de decepción.

El incorregible lenguaraz José Mourinho ya quiere calentar el primer ‘clásico’ al afirmar que para enfrentarse al Barcelona hay que ensayar con diez jugadores "porque por alguna razón siempre expulsan a alguien. Ya me ocurrió con el Chelsea y con el Inter, y puede volver a ocurrir otra vez". Por algo será ¿no creen ustedes? ¿O no será que ya se quiere curar en salud a costa de ‘maquiavelar’ persecuciones arbitrales?

Y es que el Madrid y el Barça se juegan mucho más que los puntos. Se juegan las ilusiones y sentimientos de unas aficiones nacidas para una eterna e irreconciliable rivalidad en cualquier ocasión y en cualquier competición.

En dieciocho días el Madrid de Florentino Pérez (cinco años sin un título que llevarse a la boca) y José Mourinho (fichado a golpe de talonario para destronar al Barça) debe demostrar la verdadera valía de su proyecto de más de 600 millones de euros. En los cuatro partidos que le enfrentarán al Barcelona el entrenador portugués debe demostrar su categoría profesional más allá de las quejas sobre los arbitrajes, lamentos sobre el calendario y de su manía de tirar la piedra con cara de lobo y esconder la mano con el rostro de mártir. Pero por ahora, en su currículo madridista figura el borrón de que no fue capaz de ganar el primer envite liguero ante el Barça. Encajó una ‘manita’ de goles que le hizo daño y aún no ha sido olvidada por el madridismo.

El Barcelona del ‘novato’ presidente Sandro Rosell (todavía debe superar algunos golpes anímicos de ‘madriditis’) y Pep Guardiola (siempre fiel a su sarcástica prudencia) llega al Bernabéu con más de media Liga en la buchaca y dispuesto a asestarle con otro triunfo un golpe sicológico que deje marcado al Madrid ante la final de Copa, cuatro días después, y los dos duelos de semifinales de Champions. Sólo las ausencias de Puyol y Abidal siembran de dudas la pizarra táctica del técnico azulgrana a la hora de diseñar la zona de cobertura con dos piezas, Mascherano y Busquest, a elegir para el centro de la defensa. Éste será un punto negro en el conjunto ‘blaugrana’ del que, sin duda, intentará aprovecharse el equipo de Mourinho.

No parece que Mourinho y Guardiola vayan a pensar más allá del futuro más inmediato y opten por hacer revoluciones en las alineaciones. No las harán. Ambos técnicos ya han dicho que prefieren ir partido a partido sin pensar en los siguientes compromisos.

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