edición: 2804 , Lunes, 16 septiembre 2019
31/12/2010

El inolvidable 11-J de un 2010 con luces y sombras

Antonio Cubero
El último año de la década dejó grandes momentos de pasión deportiva para los aficionados españoles con éxitos en motociclismo donde Lorenzo, Márquez y Elias coparon lo más alto de los tres podios; en la Fórmula 1, Fernando Alonso se quedó a un tris de obtener su tercer campeonato del mundo; Rafa Nadal, tras superar sus eternos problemas en las rodillas, firmó su mejor año, ganando incluso el Open USA, el único de los Grand Slam que se le resistía, y en la mejor liga de baloncesto del mundo, la NBA, Pau Gasol siguió haciendo historia al ganar su segundo anillo con Los Lakers. Pero si hay una fecha que jamás se podrá olvidar es la del 11 de julio en la que España conquistó su primera Copa delMundo de fútbol.

Fue un día en el que todo un país se restregaba los ojos con sus manos ante los televisores. No era un gesto de incredulidad, sino la forma de mantenerse bien alerta ante un acontecimiento que muchos ya dudaban que pudieran ver en esta vida. La selección española de fútbol estaba a tan sólo noventa minutos de conseguir en Sudáfrica lo que hasta el momento habían conseguido únicamente siete países: levantar al cielo la Copa del Mundo. Una victoria que cambió la historia del fútbol español, con un final con guión entre feliz y emotivo de película: Iniesta dedicando el gol de la gloria del Mundial a Dani Jarque, compañero suyo en las selecciones inferiores, fallecido unos meses antes.
 
Aquel remate cruzado de Iniesta salió duro e imposible para las manos del portero holandés Stekelenburg. Ocurrió que, aquel  la pierna del volante manchego la había cargado el fútbol español entero, en aquel tiro estaban representados todos los jugadores, era pura dinamita en boca de los aficionados de España.
 
Era un sueño de tantas y tantas generaciones de españoles que por fin ya saben lo que a partir de esa fecha de un inolvidable 2010 quedará grabada en los corazones con una estrella dorada que distingue a los mejores en este deporte universal.
 
No fue una gesta fácil, aunque el cartel de favorita con el que ’La Roja’ llegó a tierras sudafricanas hacía presagiar que sólo una hecatombe o la figura de un nuevo Al Ghandour podía privarnos de alcanzar la finalísima del 11 de julio. Y si algo podía mejorar el hecho de ganar el torneo fue la forma de hacerlo.

Tras levantarse de la derrota frente a Suiza en el primer partido y los viejos tiempos del adiós prematuro, la selección de Vicente del Bosque prosiguió con su idea de juego con control del balón bajo la batuta de los Xavi Hernández y Andrés Iniesta. Sin embargo, los goles llegaban en muchos partidos ‘in extremis’ lo que hacía aumentar la emoción y la esperanza de que este era el Mundial de la selección española.

‘La Roja’ sudaba cada minuto al mismo tiempo que deleitaba con su juego conforme iba salvando escollos. Desde el tanto de David Villa contra Paraguay, con el palo de por medio, al de Iniesta en la prórroga de la final, que decidió el torneo. Las lágrimas de Iker Casillas, protagonista también en el partido de la final contra Holanda con dos ‘mano a mano’ providenciales ante Robben, eran las del llanto de gozo de todo un país.

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