edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
20/09/2011

El Madrid de Mourinho es una máquina de hacer enemigos

Antonio Cubero
Es cierto que el colegiado vizcaíno  Javier Turienzo Álvarez resolvió pesimamente una situación en la que un colega más avezado en esta clase de reyertas como la que se produjo este pasado domingo en el Ciudad de Valencia, seguro que hubiera contado hasta diez para tomar una decisión salomónica que hubiera contentado al Levante y Real Madrid. Pero Turienzo desenfundó más rápido que el viento las tarjetas para dejar a José Mourinho con un hombre sobre el pasto levantinista, así como para darle al portugués motivos suficientes para quitarse de encima el mochuelo de la derrota. Y lo hizo con su peculiar táctica de señalando directamente con el dedo a sus jugadores – sobre todo al expulsado Khedira y al provocador de la tangana, Di María— por haber caído en la trampa urdida por el equipo rival.

Una vez más, Mourinho volvió a cargar contra el árbitro considerándole culpable de haber permitido la dureza del Levante con su “fútbol sucio”. Y, efectivamente, es cierto que Turienzo se tragó un claro penalti a favor del Madrid y es posible que fuera demasiado quisquilloso  al mostrarle la segunda amarilla que le valí a Khedira tomar el camino de la ducha, pero también se puso la venda del miedo en los ojos para no ver la doble agresión a Torres `por parte de Pepe – este muchacho necesita los cuidados de un sicólogo--, quien, por cierto, también emuló a su entrenador soltando la lengua para poner en solfa la labor arbitral.

Años atrás el Madrid también tuvo que pagar la servidumbre de su grandeza siendo recibido en todos los campos con el cuchillo entre los dientes por los equipos adversarios que pensaban en el triunfo ante los madridistas como la proeza de la temporada, aunque después tuvieran que luchar por eludir el descenso. Pero nunca se choteaban del equipo blanco. Por regla general, y salvo la hostilidad de los hinchas locales, el Madrid era acogido por los aficionados como el equipo siempre esperado de la temporada liguera.

Pero el Madrid de Mourinho se está convirtiendo día a día en una máquina de hacer enemigos. Es un equipo que produce hilaridad por sus hechos y sus palabras como la reciente gracia con una gran carga de ironía de Mourinho (“Nosotros pelearemos por mantenernos en Primera”) en contestación a otra ‘perla’ de Pep Guardiola (“Esta temporada no vamos aganar nada”), y el lamento tragicómico de Cristiano Ronaldo cuando confesó que le pegaban patadas por ser “guapo, rico y buen futbolista”. Naturalmente, tanto Mourinho como Ronaldo se lo pusieron a huevo a los aficionados del Ciudad de Valencia para mofarse del Madrid y de Ronaldo con gritos de “A Segunda, a Segunda” y “Guapo, guapo”. Y esto no ha hecho más que empezar. Desgraciadamente lo de Levante se puede quedar en una simple anécdota.

Si el Madrid ha sido el mejor, el más grande ha sido por su fútbol y su pundonor, pero nunca por militarizarse y convertir un partido en un campo de batalla respondiendo al rival con las mismas armas belicosas y bronquistas del llamado ‘otro fútbol’ como quiso Mourinho que actuaran sus futbolistas ante el Levante.

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