edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
06/07/2015

El maquillaje electoral del Gobierno se desdibuja y trasluce sus grietas con el telón de fondo griego

Cae el ritmo de creación de empleo, se acelera el déficit público, se dispara la deuda
Carlos Schwartz
Los datos que indican el deterioro del maquillaje electoral del Gobierno comienzan a acumularse en los anuncios estadísticos. La cifra de afiliaciones a la seguridad social en el mes de junio, corregida de estacionalidad y depurada de fenómenos atípicos, creció en 35.000 trabajadores comparado con el crecimiento de 63.000 en marzo. Entre abril y mayo el ritmo de aumento de las afiliaciones ha ido cayendo hasta el registro de junio. De forma paralela a este efecto el déficit público total creció en el primer trimestre del año en 7.131 millones de euros lo que supone un aumento del 12,7% respecto de igual periodo el año pasado. El objetivo del Gobierno es reducir el déficit público en 2015 en un 23%. Este objetivo se compadece mal con el recorrido que lleva de momento. La Unión Europea ya ha concedido a España, el hijo pródigo, un ablandamiento de las exigencias presupuestarias, no sea cosa que sus exigencias contribuyan a un deterioro mayor del Partido Popular.
Si se analiza en qué sectores se ha creado el grueso del empleo en el primer trimestre del año se cae en la cuenta que ha sido en la construcción y en los servicios de no mercado, es decir públicos. Para redondear este dato vale la pena recordar que la mayor contribución al producto interior bruto (PIB) del lado de la demanda en el primer trimestre de este año fue el consumo del sector público y la construcción no residencial. Esta última como es obvio está directamente vinculada con las obras públicas. No en vano bastante antes del fin de 2014 la ministra de Fomento, Ana Pastor, reunió a las constructoras para anunciarles que en el último trimestre de 2014 y los primeros dos de 2015 aumentaría su carga de trabajo.

Estos datos chocan con los límites que la Unión Europea pretende imponer a Grecia, donde la cúpula que rige los destinos europeos acaba de sufrir uno de los golpes más duros de su historia en la forma de un referéndum. En España, este es el cuadro de un maquillaje electoral destinado a crear la ilusión de una expansión económica sobre la base del gasto público. La “operación elecciones” del Gobierno es tanto más urticante en cuanto viene a demostrar lo mismo que el equipo ministerial niega en su campaña: que la inversión pública crea empleo y contribuye al crecimiento del PIB. Es real que en el sector privado el efecto de la caída de los precios del petróleo, los bajos tipos de interés, la caída del euro, y la devaluación interna -reflejada en la caída de las rentas salariales- han permitido al sector industrial contribuir al crecimiento económico del país, pero esto sólo tiene que ver muy limitadamente con la política oficial. Por añadidura el mes pasado se ha cancelado el efecto escalón. El crecimiento del empleo en el segundo trimestre de 2014 fue “inexplicablemente alto”, y en opinión de muchos analistas de las estadísticas oficiales “anómalo” por motivos que nadie alcanza a explicar de forma acabada.

Esto va a potenciar la tendencia al estancamiento de la creación de empleo aun más. Entretanto la deuda pública no ha dejado de crecer y hace ya más de un año que está en el 100% del PIB si se computa el total de la deuda, y no la detallada según el protocolo del déficit excesivo. ¿Como piensa el Gobierno que va a ajustar ahora el déficit público al objetivo de reducirlo este año en un 23%? Naranjas de la China, está claro que el buen alumno de Angela Merkel ha conseguido una exención para incumplir el déficit comprometido este año.

Es llamativa la pobreza argumental de la oposición que bien podría dar vuelta las afirmaciones dialécticas del Gobierno y puntualizar que la economía crece en lo que respecta a la demanda interior por todo lo contrario a lo que el ejecutivo defiende. Mientras, como los incentivos económicos de la inversión pública se han consumido en el primer semestre de este año es previsible que el crecimiento del PIB comience a perder aceleración en el segundo semestre, aunque acabe el año con una tasa de crecimiento superior al 2% y cercana al 3%. Julio es el comienzo de la cuenta regresiva.

Pero este previsible deterioro del efecto escaparate se ha complicado y mucho con el resultado del referéndum griego. Es probable que el castigo que eventualmente pueda sufrir el euro beneficie a las exportaciones españolas, aunque en honor a la verdad el núcleo consumidor de la producción española tras la caída de la demanda en las naciones emergentes está en Europa. Lo que no va a beneficiar para nada al Gobierno es la evidencia de que otra política es posible en el seno de la UE.

La respuesta que la Comisión y el Consejo europeos den al resultado electoral en Grecia pondrá sobre el tapete la estabilidad económica y política del conjunto de la UE. Por las persistentes sugerencias de los jefes de gobierno de Europa, hay una corriente importante dentro del Consejo Europeo dispuesta a forzar a Grecia a adoptar una moneda interna distinta del euro mientras la anterior divisa se mantiene para la relación con ese bloque, es decir ni dentro ni fuera del euro. Una especia de limbo monetario.

Uno de los motivos para ese empuje es dejar la recapitalización necesaria de la banca griega en manos de Atenas que deberá hacerlo emitiendo moneda ahorrándole el gasto a Europa. Una de las formas en las que se empujaría a Atenas a hacerlo sería condicionar la ayuda a la banca en apremios a la toma de control directo de los bancos por el Banco Central Europeo (BCE), algo que sería rechazado de plano por el Gobierno de Syriza. Ante el fracaso de la coacción de la UE sobre el electorado griego en la esperanza de volcar el resultado en favor del SI, a la mayoría conservadora en el Consejo Europeo se le presenta el dilema de cómo actuar para no tensar más la cuerda. Si triunfa la fracción más dura en cualquiera de sus variantes se abrirá un periodo de volatilidad extrema. En ese contexto no se puede descartar que Atenas nacionalice la banca.

En cualquiera de estos escenarios el partido en el Gobierno en España, que esperaba reforzarse a expensas del referéndum griego acusando de irresponsable a los dirigentes de ese país, se enfrenta a la cuenta regresiva. Una cuenta regresiva que solo puede reforzar su deterioro. De allí que el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, no sepa si lo que le conviene es atrasar las elecciones o adelantarlas.

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