edición: 3098 , Lunes, 30 noviembre 2020
23/03/2011
EL DEDO DE MADOZ

El Mecanismo Europeo de Estabilidad dispara la deuda soberana

Los gobiernos de las naciones que forman parte de la zona de la moneda única reconocerán que un país puede suspender pagos
Carlos Schwartz

La inminencia de que en la cumbre de este jueves y viernes los jefes de gobierno de los países de la zona del euro aprueben la estructura y funcionamiento del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE) que debería iniciar su actividad a más tardar en junio de 2013 ha tenido un efecto paradójico sobre la rentabilidad de la deuda soberana de los países “periféricos” del euro: ha forzado a un incremento de la rentabilidad de las emisiones de deuda de Irlanda, Portugal y Grecia. Y mientras Grecia se lleva las palmas, Portugal no se libra. Entre otras cosas porque existe el temor extendido de que la oposición no vote a favor del nuevo y cuarto paquete de reformas que presentará hoy ante el parlamento el gobierno socialista de José Sócrates. Este fracaso lo obligaría a disolver el Parlamento y convocar a elecciones generales. Si se tiene en cuenta que los bancos alemanes tienen una exposición a la deuda soberana portuguesa del orden de los 10.000 millones de euros, la española de 6.500 millones de euros y la francesa de 4.600 millones, es comprensible que la posibilidad remota de una crisis política en Portugal ponga los pelos de punta a los inversores institucionales.

Uno de los elementos de este nerviosismo está posdatado, y se refiere a la incorporación al acuerdo para la constitución del MEE del principio de impago. Hasta ahora la posibilidad de que un país no pagara su deuda y recurriera a una reestructuración era una mera hipótesis de los mal pensados. A partir de la aprobación del acuerdo, será una realidad. Y es esa realidad la que los mercados están descontando para la deuda de la denominada periferia. Los gobiernos de las naciones que forman parte de la zona de la moneda única reconocerán así que un país puede suspender pagos, algo que hasta ahora estaba excluido. El segundo reconocimiento es que los inversores deberán soportar parte de las consecuencias ya que se abrirá la posibilidad de una reestructuración de la deuda. Este hecho ha llevado a que la deuda a más de tres años que caería de lleno dentro del paquete renegociable haya tenido que disparar su rentabilidad en los pa´ìses periféricos.

El Banco Central Europeo recalcó en su comunicación sobre el MEE en el párrafo sobre la reforma del artículo 136 del Tratado de la Unión Europea, que la nueva redacción de dicho artículo pone de relieve que la asistencia financiera que se dé a cualquier país será en línea con el artículo 125 del tratado que especifica que se dará de forma transitoria siempre y cuando sea indispensable para salvaguardar a la unión monetaria y se ajuste a condiciones estrictas. Pero el BCE pone el dedo sobre la llaga al especificar que al igual que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera estrenado como mecanismo de asistencia a Grecia e Irlanda el MEE es un “organismo intergubernamental” y no un mecanismo de la Unión Europea.

El BCE ha abogado para que los mecanismo de asistencia financiera no dependan del Consejo Europeo, sino de la Comisión Europea. No se trata de un matiz sin importancia en tanto que los gobiernos de los países miembros están sujetos a las presiones políticas circunstanciales y actúan las más de las veces por exigencias coyunturales. Por si faltara alguna prueba Finlandia que tiene el parlamento disuelto por la convocatoria de elecciones generales no está en condiciones de aprobar el MEE y es posible que se abstenga de votar esta semana la constitución del mismo lo que puede resultar en una postergación imprevista.

En el contexto de estas disputas de atribuciones el presidente del BCE, Jean Claude Trichet, recordó ante el Parlamento Europeo el pasado lunes en su comparecencia que él no está de acuerdo con la emisión de bonos europeos para recaudar fondos destinados a nutrir de recursos al MEE. Trichet argumentó que la emisión de instrumentos financieros centrales podría abrir las puertas al riesgo moral por parte de los países necesitados de asistencia que relajarían la vigilancia de su déficit y de la necesaria reforma del gasto público ya que en todo caso la asistencia provendría de la actividad en los mercados de los países de la zona del euro que retengan una calificación de triple A. Señala al respecto que el nivel de integración europea no es suficiente para la emisión de este tipo de deuda, que solo se podría considerar razonable en el marco de una federación europea que tuviera atribuciones centrales para controlar y limitar el gasto público de cada estado miembro. Los reparos del BCE incluyen especificar que en ningún caso el MEE podría llegar a formar parte del sistema de contrapartidas junto a los bancos centrales europeos.

Según afirma, esa opción queda excluida por el artículo 18 de los estatutos del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). El BCE señala además que de acuerdo con el artículo 123 del Tratado de la Unión Europea queda excluida la financiación monetaria a través del SEBC en tanto que atenta contra la estabilidad de la moneda única.

Desde luego la ortodoxia del BCE y su afán de preservación de la unión monetaria europea no parece que tenga suficiente proyección como para superponerse a las decisiones que adopten los jefes de gobierno y de estado. En todo caso, Trichet sabe que cuenta con el peso de la mayor economía de la zona de la moneda única como principal respaldo a sus posiciones, aún cuando el viraje cada vez menos europeísta de la presidencia de Alemania haya hecho que los puntos de contacto sean cada vez más leves. Esta situación es la que ha llevado a que el proyecto del MEE haya excluido la posibilidad de intervenir en los mercados secundarios de deuda. La compra de deuda pública europea por parte del MEE estará limitada al mercado primario, es decir al de emisión de los instrumentos. Y esa intervención quedará acotada a circunstancias excepcionales. De tal suerte que la presencia del BCE en los mercados secundarios de deuda pública en socorro de la deuda soberana castigada por los mercados seguirá siendo una labor del banco emisor, algo de lo que el consejo del banco esperaba verse liberado merced a la constitución del MEE.

Entretanto, el BCE ha puntualizado que existe una relación poco flexible entre la deuda soberana y los sistemas bancarios europeos. En este sentido apunta que la supervisión bancaria por cuenta de una autoridad independiente europea como la que se ha creado es una garantía más de que se reforzará la gobernanza económica europea en línea con las sostenibilidad de las finanzas públicas. Será interesante ver como ese reforzamiento del sistema bancario progresa en España en los próximos meses dentro del apretado calendario que el Banco de España y el Ministerio de Economía han marcado a las entidades de crédito españolas.

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