edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
11/02/2014
Freno para los extranjeros

El mercado financiero pide la refundación de la CNMV

Inversores internacionales demandan al regulador bursátil que predique con el ejemplo y sea más eficaz e independiente
Juan José González

Hace un mes que la gestora de fondos más importante del mundo, BlackRock, que gestiona inversiones por más de dos veces el PIB español, enviaba una carta a María Elvira Rodríguez Herrer, presidenta de la CNMV, solicitando que, en la medida de lo posible y en tiempo razonable, procediera a poner al día las normas sobre el régimen del gobierno corporativo que rigen la vida de los consejos de administración en las empresas sometidas al control del regulador bursátil. El importante inversor (2,2 billones de euros) solicitaba en su misiva que, al menos la mitad del consejo estuviera formada por consejeros independientes. La gestora, sin embargo, no cayó en la cuenta de que otros problemas de mayor enjundia mantienen bloqueado al regulador español de los mercados que, en efecto, se encuentra inmerso en una revisión de la normativa de buen gobierno. Una reforma que, por otra parte, trae de cabeza a la comisión, puesto que la revisión normativa le obligaría a aplicarse las nuevas normas, modificando la actual composición de su propio órgano de gobierno; un consejo integrado por técnicos del sector, nombrado por los representantes políticos de los partidos dominantes. Así pues, tarea difícil en la CNMV para complacer las exigencias de los BlackRock de turno. Ya se sabe, "en casa del herrero (en este caso, de la herrera) cuchillo de palo".

Y así, en la hora de la revisión normativa del organismo se reúnen en conexión directa todos los problemas del regulador. Adolece la Comisión de falta de medios humanos y técnicos al tiempo que de recursos financieros. Su consejo de administración es el arca de Noé ministerial y así, la eficacia del organismo se acaba reflejando en un patético resultado de gestión, de su operativa que no del resultado económico (beneficios anuales) y que en este caso, a pesar de que no sobran, nada importan porque no son un objetivo social. Lo cierto y verdad es que el organismo que preside Rodríguez Herrer no levanta cabeza desde la marcha de siete de sus mejores técnicos a destinos con mayor horizonte (Frob y ESMA, el supervisor europeo) y mejor retribución que la recibían en la CNMV. Es probable que la urgencia en apagar los fuegos del sector financiero en crisis, obligaran a redirigir a un grupo de funcionarios muy cualificados hacia los focos de los problemas, y que la Comisión quedara un tanto a la sombra, en letargo, de las prioridades políticas. 

Lo cierto es que desde entonces, el regulador de los mercados se encuentra al margen de cualquier iniciativa en los mercados. Acumula un sinnúmero de protestas y quejas de procedencia tan diversa como los inversores, los clientes, los ciudadanos, ahorradores y entidades financieras. El organismo en cuestión no aguanta la losa histórica que hoy pesa sobre el equipo que preside Rodríguez Herrer, y así, si por algo se conoce a la Comisión en los últimos años es por la falta de implicación en los capítulos financieros más dramáticos de la historia. La deuda de Nueva Rumasa, las ventas a corto, las preferentes, el más celebérrimo, si cabe, expediente a Jaime Botín, o el más reciente de Bankia... y otros asuntos heredados del predecesor Julio Segura, no han podido -o sabido- ser resueltos hasta la fecha y se han unido a los generados ya en la etapa de Rodríguez Herrer, que arranca el 28 de septiembre de 2012.

Porque en teoría, el primer objetivo `fundacional´ de la Comisión, " velar por la transparencia de los mercados y la correcta formación de precios en los mismos, así como la protección de los inversores", se está cumpliendo en muy pequeñas dosis. De la citada transparencia no se sabía que era `a toro pasado´, esto es, que la memoria pública del regulador que conocimos con el año nuevo, era la del ejercicio 2012, dos años de cadencia que sólo justificaría la producción de un incunable, y que no es el caso. Para llamativo el asunto de las relaciones de la Comisión con las célebres reclamaciones de los particulares a las entidades financieras, quejas en aumento en proporción geométrica y que ni la drástica reducción del sector ha conseguido aplacar, unas 11.000 en la última memoria (de 2012) frente a las 2.000 reclamaciones de un año antes.

Que la CNMV hace aguas y que en algunos aspectos continua siendo el hazmerreír de buena parte de los operadores, sorprendidos de que alguien en el regulador no se entere de operaciones de shadow banking, de los margin requirements for non-centrally clearing derivatives o de la negociación de alta frecuencia, entre otros, situación que parece darse desde la salida de los `siete magníficos´ (al Frob y a ESMA).

Es por todo, por lo que la CNMV debería ser objetivo prioritario de una de las ciclogénesis explosivas que tan bien describen las últimas isobaras meteorológicas. Un revolcón que obrase el milagro de un regulador y supervisor de los mercados financieros, a ser posible 50% independiente, con expertos gestores bregados en un mercado cada vez más complejo, de gran valor informativo, pedagógico y consultivo, dotado también de medios presupuestarios y humanos. Y todo, aprovechando la actual etapa de revisión del gobierno corporativo.

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