edición: 2284 , Viernes, 18 agosto 2017
09/06/2017
banca 
Y ahora, Liberbank

El mercado ya descuenta nuevas crisis tras la caída del Popular

Las pistas -ajustes de plantilla y oficinas, caída de ingreso, comisiones y márgenes y morosidad al alza- apuntan a nuevos candidatos en capilla
Juan José González
La crisis bancaria en España no se cierra con el rescate del Popular por el Santander, ni mucho menos. Otras entidades bancarias se mantienen en la misma línea que el rescatado, justo cuando su reestructuración era ya evidente hace más de un año y el cierre de oficinas y salida de trabajadores (ERE y otras ofertas) formaba parte de la rutina. En otro proceso de reestructuración similar se encuentra Liberbank, cuyo negocio tiende a la baja, gana un 15% menos, caen sus préstamos un 7,6%, que es un 12,2% de caída en su margen de intereses, un 11,8% menos sus ingresos por comisiones, un 46% menos los ingresos totales, invierte menos y tiene que soportar una indomable morosidad del 13%. Es evidente que el consejo de administración afronta un plan severo de salvamento, en algún caso similar al experimentado por Popular en los últimos 18 meses. Cómo si no interpretar el 23% de reducción de personal y el 16% de oficinas, si no como un ajuste severo. El lado bueno de la fotografía, las cuentas (según el primer trimestre de 2017) registran un aumento de los depósitos que, unido a una ratio de solvencia del 11% consiguen que la entidad permanezca a flote. Alguien podrá pensar que Liberbank transita un camino por donde ya ha pasado el Popular.
Un alto ejecutivo del Santander reflexionaba ayer en Castellana, al medio día, en privado -entre enigmático y sarcástico- sobre la crisis del Popular: "¿cree usted -el que escribe- que ésta será el coche escoba de la reestructuración bancaria?", y añadía "¿por qué no escarba usted en algunos de los últimos trimestrales"? "Seguro que encontrará algo". Y lo cierto es que no ha hecho falta escarbar mucho para comprobar el estado de algunas cuentas de resultados de los 15 bancos del sistema financiero español para comprobar que no hay enigma ni sarcasmo en algunas cuentas. Así, al azar, sin mala intención, sirva de ejemplo el vía crucis que libra el asturiano Liberbank contra los elementos, con una caída preocupante del negocio típico y una morosidad que se resiste y no cede, según los objetivos marcados por la dirección. Podría estar en capilla o, sencillamente, pasando apuros, puntuales.

Las cuentas del banco asturiano no cuadran y la dirección sigue aplicada en el nuevo ERE, en el que deposita toda su confianza para lograr darle la vuelta a la complicada situación de la entidad. Cunde el nerviosismo porque no responden los resultados trimestrales a las medidas adoptadas por la dirección. Y en el consejo se encienden las alarmas ante la falta de respuesta del mercado. El plan de recorte de costes, que en la práctica supone una reducción del tamaño de la entidad, no alcanza para conseguir los objetivos marcados por la dirección. Costes que representan más de la mitad de lo que ingresa la entidad. Así no hay margen que pueda respirar como tampoco se genera negocio suficiente que aporte comisiones.

Piensan quienes viven la situación del banco desde su interior si no se estarán siguiendo las pautas del Popular de los últimos meses, cuando los resultados trimestrales auguraban una situación compleja, mientras no se quería reconocer la pésima gestión desarrollada por el anterior equipo directivo. Y también como ya sucedió en el Popular, a propósito de sueldos, indemnizaciones, jubilaciones y planes de pensiones a los directivos salientes, en Liberbank tampoco los aumentos salariales consiguen satisfacer a todo el personal.

La moraleja parece querer enviar un mensaje en voz baja, algo así como las barbas del vecino, una especie de ahora o nunca, adelantarse al futuro y reaccionar a tiempo. Son consignas que a más de un consejero le rondan estos meses de ajuste, en medio de la dificultad de un mercado que no reacciona y con la vista puesta en el camino de sacrificios que han podido seguir con el colega del Popular. Que la opción de una venta a un buen postor haya sido considerada varias veces en el consejo de administración, es para algunos la prueba de que la decisión se encontraba en situación de empate técnico.

Alguien en el banco debió pensar que, al fin y al cabo, la reducción de costes, tanto de personal como en cierre de oficinas y recortes en servicios generales, significa vestir a la novia para entregarla a un buen novio para su casamiento. Al menos, si la boda ya está planificada, mejor será darse prisa pues el paso del tiempo puede incrementar el desencanto, las deudas, la mora y las pérdidas antes de caer en manos del mejor postor. En cualquier caso, y siguiendo el consejo del alto directivo habrá que seguir escarbando en la creencia de que el Popular no será el último en caer.

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