edición: 2515 , Lunes, 23 julio 2018
10/10/2013

El Ministerio de Finanzas alemán rechaza un pacto provisorio sobre la Unión Bancaria ofrecido por el Comisario Barnier

La CE acumula fracasos al intentar soluciones improvisadas a cuestiones vitales de la UE
Carlos Schwartz

El Ministerio de Finanzas de Alemania respondió con una negativa cerrada a una propuesta del Comisario de Mercado Interior de la Comisión Europea, Michel Barnier, para que la Comisión Europea actúe de forma provisoria como organismo para la resolución de crisis bancarias hasta que la labor sea delegada en el Mecanismo Europeo de Estabilidad. Este último paso requiere modificaciones legislativas en la Unión Europea que no se pueden materializar en el corto plazo. La oferta fue publicada en un medio alemán en la forma de una entrevista y recibió una respuesta tajante el mismo día de su aparición. Fuentes de medios financieros consultadas en Frankfurt señalan que: “Los resultados electorales que han dado la victoria a la canciller Angela Merkel han reforzada muchas de las resistencias de Alemania y sus políticos a quedar como el garante y prestamista de último recurso de los procesos de crisis en la zona del euro”.

La tendencia a que cristalice un gobierno de gran coalición entre la CDU y el Partido Socialista no sólo no ha ablandado las posiciones de Merkel y su equipo respecto a los mecanismos de financiación de los países en crisis y las crisis bancarias en la zona del euro, sino que han reforzado su resistencia a ellas de acuerdo con esas fuentes.

Pero mientras esto es así, Barnier -un político del ala conservadora y vicepresidente del Partido Popular Europeo- que es uno de los candidatos in pectoris para presidir a la Comisión Europea en el periodo 2014-2018, ha sumado un fracaso más a los desesperados intentos de una Comisión Europea saliente por avanzar en algunos de los tantos proyectos que la cúpula burocrática de Bruselas considera vitales, y no sin razón. Sin embargo las soluciones que la CE propone están mal atadas, se oponen en muchos casos a los intereses de las industrias del sector a los que van dirigidos, y chocan en más de una oportunidad con los propios intereses de las naciones que deben dar su aprobación. La Unión Bancaria es un tema que desborda ampliamente a la propia CE y que no puede ser abarcada sin un pacto previo en el seno del Consejo Europeo, donde ha quedado aparcada en principio por las elecciones alemanas de septiembre y ahora enfrenta precisamente a consecuencia de ellas una nueva geografía aun más compleja. Mientras que antes Alemania intentaba ganar tiempo, ahora puede decir que no con toda la tranquilidad del mundo. Entre otras cosas porque teme que la estrategia europea de compartir los riesgos dentro de una unión monetaria se convierta en un desplazamiento de riesgos en lugar de una cooperación, y de que cualquier forma de unión fiscal se convierta de hecho en una unión de transferencias en la cual un núcleo rico financia de forma permanente a una periferia en crisis.

Desde luego que la posición de Alemania es la de apostar siempre a ganador. Se ha beneficiado de los déficit de las balanzas de pago de la periferia del euro durante los periodos de expansión del crédito y de sus economías, y ahora no quiere que haya una asistencia a las necesidades de una periferia que ha sucumbido a esa misma política de la que obtuvo una renta considerable. El núcleo rico de la UE ha impuesto una feroz política de ajuste a la periferia que supone la imposibilidad de una recuperación económica en el medio plazo. En un año se ha restablecido la calma en los mercados de deuda pública en la zona del euro y el núcleo rico ha aceptado financiar a la periferia a expensas de una política de austeridad que arrasa con los servicios públicos y las necesidades sociales en los países en crisis. La mejora de las balanzas de pago en la periferia, España incluida, es sólo un fenómeno coyuntural y no estructural. Los excedentes son resultado de una brutal caída de las importaciones y no de la reducción de los costes laborales unitarios. El tipo de cambio del euro y la ausencia de inversión en bienes de capital que incrementen la competitividad impiden que la expansión del sector exterior compense la caída de la demanda interior.

La periferia está condenada a tasas de crecimiento de entre el 0,5% y el 1% por un periodo indeterminado de tiempo lo cual implica que el paro seguirá en niveles excesivos por demasiado tiempo.

La propuesta de Barnier ha sido recibida con cajas destempladas por Alemania. Pero el proyecto de Mercado Único de las Telecomunicaciones amparado por la CE y presentado por la Comisaria de la Agenda Digital Neelie Kroes no sido recibido con mejores augurios. Mientras, el sector de la energía hace esfuerzos denodados por lograr cambios que amparen a la generación convencional y al gas mientras Europa pierde competitividad frente a Estados Unidos por sus costes energéticos. El proyecto de Tasa a las Transacciones Financieras llevado adelante por la denominada Cooperación Ampliada por un grupo de países no logra despegar y está rodeada de incertidumbres.

El ejecutivo comunitario presidido por José Manuel Durao Barroso, también miembro del Partido Popular Europeo por cierto, no ha logrado progresos significativos en ninguna de las áreas vitales para el futuro de la CE dentro de la cual las corrientes centrífugas se han reforzado. A resultas de ello en el futuro Parlamento Europeo seguramente se hará visible una creciente polarización entre partidos conservadores del núcleo de países ricos cada vez más reticentes a embarcarse en la cooperación financiera con la periferia en crisis y partidos de la periferia que ponen en cuestión la política de austeridad y consolidación fiscal en beneficio de los países ricos.

Estos últimos meses han sido reveladores en materia de ineficacia de la Comisión Europea y de su subordinación absoluta al dictado de Alemania y a su concertación de intereses en el seno del Consejo Europeo. Los intentos por colar proyectos estratégicos entre gallos y medianoche sobre el filo de la campaña por las elecciones al Parlamento Europeo en 2014 son reflejo de los temores de la actual CE a un cambio en la relación de fuerzas en el futuro Parlamento. Es probable que la reacción sea tardía, de que es improvisada no cabe la menor duda.

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