edición: 3002 , Viernes, 3 julio 2020
12/03/2009

El ‘modelo Citi’ le gusta al Gobierno español

Aprovechar la crisis de un banco y provocar un relanzamiento económico
Juan José González

Para todos aquellos que no creían en la resurrección, la de Citigroup de esta semana va a suponer un fuerte golpe para los agnósticos, y aunque en realidad no se trate más que de una operación del Gobierno norteamericano para poner en marcha una transformación económica del país, la maniobra del Citi no deberá ser perdida de vista por el resto de gobiernos del mundo, y en particular del español, al que la citada ‘resurrección’ le puede servir de modelo para elaborar su propia hoja de ruta.

En España no hay bancos en quiebra, aunque alguna caja de ahorros sí puede encontrarse (en la sombra) en esa situación, además de la declarada de Castilla La Mancha. Es por ello que el Gobierno no se ha visto obligado a hacerse cargo ni de títulos valores ni de activos ‘tóxicos’ de bancos y cajas, aunque llegado el caso, a banqueros e inversores privados les preocupa qué papel desarrollaría el Ejecutivo. Y esta duda esta por despejar. Curiosamente, lo sucedido en los últimos días en EE UU con Citigroup se ha convertido, sin querer, en un posible modelo a imitar. A los responsables económicos del presidente Obama, siguiendo con su metodología Harvard, del método del caso, se les ha ocurrido que la salvación del Citi puede servir para dar un giro a la economía entera del país. Y así se va a producir.

El banco pasó de unos beneficios de 3.600 millones de dólares en 2007, a unas pérdidas de 27.700 millones en 2008, y su plantilla de 375.000 empleados se quedará en los próximos meses en algo menos de 300.000. Ahora, tras la cura intensiva de adelgazamiento estructural, el coloso financiero ya obtiene resultados positivos, beneficios operativos, en enero y febrero, y en marzo todo indica que no va a decepcionar. Sobre todo después de que la semana pasada el Tesoro haya decretado barra libre a las ayudas a esta entidad. Por cierto, en el momento del rescate, el ratio de capital Tier 1 del banco, lucía un espléndido 11,9%.

El modelo de intervención elegido por Tim Geithner, secretario del Tesoro de EE UU se presenta como un modelo de negociación, entre Gobierno y propietarios del banco porque supone que el Tesoro contará con varios asientos en el consejo de administración del Citi, desde donde, al igual que los bancos intervenidos en Reino Unido por el Gobierno Brown, se pondrán en marcha todas las acciones concertadas para sanear y reflotar a uno de los buques insignia de la armada norteamericana. Sólo desde los sillones del consejo, sólo desde la intervención del Tesoro, es desde donde se pueden tomar las decisiones para limpiar el balance del banco. Un balance asfixiado por activos sin transparencia alguna que deberán ser retirados de balance si se desea que el Citi levante cabeza. Eso mismo, limpieza de balances, es algo que tarde o temprano se deberá producir en muchas de nuestras entidades financieras, condición para que se pueda hablar de la buena salud de bancos y cajas, y sin la que, como afirma un responsable bancario “no se recuperará el PIB”.

El panorama en España cuenta con analogías y con diferencias. En primer lugar, el modelo de intervención oficial (del Banco de España) por el que parece decantarse el Gobierno, es la variante más ‘light’ de cuantas proponen los manuales al uso. Se llevó a cabo mediante un sistema de avales y adquisición de activos de alta calidad por parte del Tesoro, al tiempo que se habilitaba al ICO para desarrollar mayor actividad, todo un síntoma de que las cosas no iban nada bien. Modelo de intervención muy alejado del norteamericano y del británico, no abriendo la puerta ni dejando el menor resquicio para la entrada del Banco de España.

La idea del Gobierno norteamericano la quiere llevar a la práctica el español. Sólo le falta elegir la pieza, una caja o un banco, que le sirva como modelo para poner en marcha una transformación, o renovación, del sistema financiero y dar un fuerte impulso a la economía, que aporte la confianza que les falta a los inversores y empresarios y que provoque un relanzamiento de la demanda.

Ahora los problemas de las entidades financieras españolas vienen del lado de la morosidad y en breve de la solvencia, porque el tiempo corre en contra de un numeroso grupo de aquellas, cuyas provisiones, colchones y reservas se van agotando día tras día. Y no se trata de un problema técnico, cuya solución puede estar al alcance de especialistas, sino de un problema real. Por eso es necesario que el Ejecutivo apueste por un modelo, decididamente, aunque el actual no sea el equipo económico que lo lleve a la práctica.

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