edición: 2611 , Viernes, 7 diciembre 2018
31/01/2017
El crecimiento del PIB se desacelera

El modelo se agota, cae la productividad, desmejora la competitividad, y no hay política industrial

Carlos Schwartz
El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) ha hecho público el adelanto de los datos de crecimiento del producto interior bruto para el cuarto trimestre de 2016 con los que hace una proyección del crecimiento anual del PIB que da como resultado el 3,2% es decir el mismo que en 2015. Los datos publicados en el anticipo del cuarto trimestre sin embargo muestran una corrección acumulada del crecimiento interanual precedente. Así en los datos del INE para el PIB de la Contabilidad Nacional Trimestral de España (CNTE) en el tercer trimestre se daba un crecimiento del 3,3% que ahora es del 3,2%. Esta corrección es perceptible también para el primer y segundo trimestre que han pasado de su cuantificación en la CNTE del 3,6% y 3,5% respectivamente al 3,4% y 3,4%. Esta corrección hace suponer que los datos finales para el cuarto trimestre recogidos en la CNTE puedan no coincidir con los datos adelantados difundidos esta semana. “Las correcciones de los datos estadísticos a veces tardan un semestre y cuando se ajustan suele ser a la baja”, afirma un analista económico de un fondo de inversión.
En cualquier caso, lo más destacable de las tendencias que indican las estadísticas no es la tasa de crecimiento, que en el mejor de los casos sería igual al de 2015, sino la desaceleración del crecimiento registrada en los últimos dos trimestres del año. Si se analiza por sectores lo más llamativo es la caída del gasto en consumo final de las Administraciones Públicas (AAPP) que se desacelera de forma significativa respecto de 2015 un año esencialmente electoral en el que el gasto en consumo final de las AAPP se aceleró. En el análisis de los datos sectoriales disponibles recogidos por la CNTE (tercer trimestre de este año) se registra una desaceleración de la contribución de la industria manufacturera que determina el menor peso de la industria en general a pesar del aumento de la construcción, dato que contrasta con fuerza respecto de 2015 en especial en lo que toca a la productividad, al debilitamiento de la competitividad internacional y a un incremento de precios excesivamente sensible a la cotización internacional de los combustibles. Son estos elementos los que comienzan a delinear el cuadro del fracaso absoluto del Gobierno en materia no ya de presuntos planes económicos sino de resultados reales.

El tema de la productividad laboral en España es recurrente al que un trabajo del Banco de España firmado por Laura Hospido en 2015 puso en su justo término. En resumen, el estudio señalaba que el incremento de la productividad registrado en el proceso de recuperación de la gran recesión (2007-2013) estaba signado por el incremento del paro. El crecimiento del desempleo se produjo por la reducción de los puestos de trabajos, despidos, y no por un aumento de la población activa. En ese proceso los empleos que se perdieron primero fueron los temporales y los de menor cualificación y por ende los de menor productividad. El estudio señala además que en las grandes empresas la fuerza laboral que conservo su empleo fue redistribuida para obtener un mayor rendimiento del trabajo, es decir una mayor productividad, elemento que contribuyó en este proceso de mejora de la productividad.

Es decir que las mejoras en este dato que presentó la economía española durante la gran recesión se debieron a la reducción del empleo/aumento del paro con todas sus consecuencias, en primer lugar, y a un mejor aprovechamiento de la mano de obra en las grandes empresas en segundo término.

Es de destacar que la incorporación de tecnología con el consiguiente incremento del capital fijo constituye una de las formas más consistentes de fomentar la productividad laboral. Pero la posibilidad de un incremento de la productividad en la economía del país producto de una inversión significativa en capital fijo que eleve de forma consistente el rendimiento del trabajo ha estado poco presente en el panorama empresarial. Pero, a los empresarios se los puede incentivar y favorecer en procesos de incremento de investigación, desarrollo e inversión en capital fijo que multipliquen la capacidad productiva de la fuerza laboral que emplea. Esa es una labor de índole política.

El Gobierno del Partido Popular es en ese sentido una correa de transmisión de los sectores empresariales más atrasados del país, y como tal actúa de forma anárquica de acuerdo con las presiones que recibe de forma desconcertada con una clara tendencia a beneficiar a los sectores y empresarios más próximos. La profunda crisis económica por la que atravesó España era una oportunidad para elaborar planes para la mejora de la productividad del sector industrial mediante la incorporación de tecnología. En lugar de ello el Gobierno ha sustituido su papel de planificador en pro de los intereses más profundos de la nación por una reforma laboral cuyo único sentido es la transformación del empleo a tiempo completo en trabajo a tiempo parcial, el trabajo estable en trabajo temporal, con la atención puesta en una depreciación salarial como forma de sustentar la competitividad internacional de la producción y los servicios. No cabe la menor duda de que el euro como moneda única ha sido el instrumento que ha forzado una devaluación interna, pero en la esfera política la impermeabilidad cerebral no ha permitido que ciertas ideas sencillas sean incorporadas. Por ejemplo el hecho de que un incremento significativo de la productividad equivale a una devaluación interna por la reducción de costes productivos.

Si se analizan los datos de los Índices de Competitividad de España frente a la zona del euro y la Unión Europea elaborados por el Banco de España se observa que la competitividad medida por los costes laborales se mantiene con muy leves fluctuaciones de centésimas en el 101 respecto de una base 100 mientras que medida por los precios industriales hay una creciente pérdida de competitividad y en 2016 se pasó del 109,6 al 111,4. También se ha perdido competitividad medida por los precios al consumo y a los valores unitarios de las exportaciones. Pensar que este curso de los acontecimientos es ajeno a la gestión de un Gobierno es un error. La improvisación, la inconsistencia, y la falta de una política industrial y energética están en el corazón del agotamiento de la recuperación económica de España. Si se sigue creciendo es a pesar de la falta de una política industrial, energética y económica del Gobierno cuyo único eje es el ajuste fino de los datos.

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