edición: 2700 , Miércoles, 17 abril 2019
24/10/2011

El motociclismo pierde a su ‘rebelde’ Marco Simoncelli

Antonio Cubero
Poco más de un año después del fallecimiento del japonés Shoya Tomizawa sobre el asfalto de San Marino la familia del motociclismo vuelve a vestirse de luto. A llorar la pérdida de uno de los suyos. La tragedia ha vuelto a cebarse con el motociclismo con la muerte ayer del piloto italiano Marco Simoncelli en el Gran Premio de Malasia cuando se fue al suelo en una curva al inicio de la carrera y fue atropellado por Colin Edwards. Hasta entonces ningún incidente sobre las dos ruedas había tenido tan nefastas consecuencias desde que en 2003 el también japonés Daijiro Kato perdiera la vida tras un accidente en el circuito de Suzuka.

Son muchas las caídas que protagonizó Simoncelli. Muchas espectaculares. No ésta que le ha costado la vida. No la de Sepang. Su última caída ha sido también la más normal, la menos peligrosa. Marco perdió adherencia en la rueda posterior resbalando sobre el asfalto. Una de las muchas que estamos acostumbrados a ver y de las que los corredores se levantan como si no hubiera pasado nada.

Unos sucesos que reavivan la polémica sobre si es necesario aumentar la seguridad sobre los circuitos. Dichas medidas ya surtieron efecto y hoy en día este tipo de acontecimientos son menos habituales que hace pocos lustros, cuando casi cada año la muerte era protagonista. Porque con Simoncelli ya son 105 los pilotos que han engrosado la luctuosa lista de fallecidos en la historia de los mundiales.

La polémica por su agresividad siempre persiguió a Simoncelli. Campeón de la cilindrada de 250cc, coronado en precisamente en las pistas de Sepang donde ayer encontró la muerte, era amigo de Valentino Rossi y la gran esperanza del motociclismo italiano. Una vida truncada a los 24 años con un futuro prometedor en la elite del motociclismo como un rebelde llamado a vivir al filo de la polémica con la muerte siempre al acecho. Porque todos los pilotos son conscientes del peligro que corren, pero lo aceptan y viajan con él porque hacen lo que más les gusta en la vida como el caso de  Simoncelli, que ha muerto haciendo aquello que más le gustaba: desafiando el peligro.

Quienes compartieron muchas horas en los circuitos con Simoncelli dicen que tenía dos personalidades muy diferenciadas. En la pista era muy agresivo, ambicioso, apasionado. A veces, irreflexivo. Con un talento innato para ir veloz. Intentaba en todo momento suplantar la deficiencia mecánica con un toque de fantasía, de inconsciencia. Fuera de ella, era afable, educado y simpático. Siempre, reflexivo.

Dani Pedrosa y Jorge Lorenzo a principios de curso provocaron que en España no despertara la simpatía que los aficionados le profesaban en otros lugares. Agrias relaciones que en algún momento llevaron a decir a Pedrosa en unas declaraciones tras la disputa del Gran Premio de Francia que “Marco sólo tiene pelo en la cabeza”.

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