edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
14/12/2016

El negocio oculto de las autopistas quebradas

Alfonso Pajuelo
Otra vez nos toca rescatar. Si no son 5.000 millones serán 3.500 pero en cualquier caso vamos a pagar. Para celebrarlo Hacienda ha decidido que lo de fraccionar o retrasar el pago del IVA es un lujo que no nos merecemos, quitando a los contribuyentes, especialmente a las pymes, la única posibilidad de afrontar las puntas de tesorería. Otra vez abrasados por errores “políticos”. Porque lo de las ocho autopistas de peaje no es otra cosa que un tremendo error político, nada inocente como vamos a ver. La anterior ministra de Fomento, actual presidenta del Congreso, aseguró en su momento que estas quiebras no les costarían un euro a los españoles. Y como pasó con la banca según nos aseguró De Guindos, al final nos ha salido por un pico. Aunque son problemas muy distintos, sí coinciden en que los contribuyentes hemos sido engañados reiteradamente.
Aquellas radiales no eran sueños imperiales de los gobiernos de Aznar. Por medio estaba un inmenso negocio que nos ha deparado muchos disgustos como podemos aprecias en los juzgados ahora. Para empezar, aclarar que concesionarias y constructoras son empresas distintas, lo que no significa que debamos desligar las unas de las otras, al contrario. Las quiebras son de las concesionarias no de las constructoras ya que esta últimas ya cobraron por sus trabajos en la construcción de las autopistas. Las concesionarias son el escudo protector de las constructoras y son estas las que más ganan. Aquellas radiales no tenían mal calculada la demanda, sabían que era escasa y así continuaría durante algunos años. No importaba porque el negocio estaba en otro sitio, listo para que las constructoras y promotoras inmobiliarias hicieran su agosto.

El negocio de aquellas radiales estaba en los desarrollos urbanísticos en sus zonas de influencia. Desarrollos que como sabemos ahora eran de sumo interés para los populares de aquella época como podemos comprobar ahora en los juicios por corrupción. Pero estalló la burbuja inmobiliaria y todo el inmenso negocio previsto se fue al garete. El negocio de las carreteras era lo de menos, en cualquier caso los desarrollos urbanísticos posteriores las hubieran rentabilizado lo suficiente.

Es en este contexto en el que hay que entender aquellos proyectos y así podremos comprender las ventajas que las concesionarias obtuvieron en sus contratos con el Estado y que tanto nos preocupan ahora. Si no queda más remedio que nacionalizar, pues se nacionaliza minimizando el coste,  pero no debe quedar ahí la actuación del Gobierno. Debe interesarse por la cuestión original, es decir, los desarrollos urbanísticos que en algún momento volverán a ponerse en marcha para beneficio de constructoras y promotores. Es tan sencillo como indagar sobre la propiedad de esos terrenos donde se producirán los desarrollos y, además, seguir de cerca los mismos desarrollos para sacar de ahí, en su momento, lo que ahora nos quitan del bolsillo. No parece muy complicado.

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