edición: 3023 , Lunes, 3 agosto 2020
23/11/2010

El nuevo concepto estratégico de la OTAN sigue sin garantizar la defensa de Ceuta y Melilla

Pedro González
Terminada la Guerra Fría la OTAN perdió su principal razón de ser y el objetivo para el que fue creada, de manera que sus funcionarios hubieron de reinventarla extendiendo los límites de sus actuaciones mucho más allá de las fronteras europeas. Así, sus capacidades han sido puestas a prueba en el complejo conflicto de Afganistán, del que cada día que pasa es mucho más dudoso que sus fuerzas salgan finalmente victoriosas. Se va imponiendo la tesis del compromiso con los talibanes, eufemismo para encubrir en realidad la lacerante evidencia de pérdidas tanto en el control territorial como en la siempre cuestionada fidelidad de las tribus afganas, cuyos líderes son tan proclives a aceptar presentes y agasajos como a mutar las preferencias de sus presuntas amistades coyunturales.

En la última cumbre de Lisboa, la OTAN ha vuelto a reinventarse mediante una renovación de su concepto estratégico, en el que si bien no aparece para nada en el texto oficial que Irán sea la principal amenaza –satisfaciendo las exigencias de Turquía, que no quería alusión alguna a su temible vecino-, líderes como el francés Sarkozy se encargaron de airear que es precisamente el régimen de los ayatolás el nuevo y principal objetivo de la aún denominada Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Esa renovación estratégica ha requerido un texto oficial ambiguo, por cuanto chocaban, entre otras, la concepción de Francia que sigue preconizando la disuasión nuclear como el eje de la fuerza de la OTAN, y la de Alemania, que apuesta sin ambages por el progresivo desarme de este tipo de ingenios. Más aún, la señora Merkel ha pedido a Estados Unidos que se lleve cuanto antes la mayor parte de las bombas atómicas que esperan desde suelo germano el hipotético objetivo sobre el que lanzarse, situación apoyada por Bélgica y Holanda, que también albergan algunos de estos ingenios.

Se ha impuesto en cambio la tesis francesa de que el denominado escudo antimisiles sea un sistema de defensa complementario, siquiera sea para interceptar los misiles que presumiblemente vendrían de Irán, dispositivo al que se asociaría una Rusia reconvertida así de viejo enemigo en aliado fundamental de la OTAN en su nuevo concepto estratégico. Queda por ver, sin embargo, quién va a correr con el coste del citado escudo antimisiles en estos tiempos de crisis. Son 150 millones de euros iniciales, porque en estos casos siempre hay que contar con que si fuere verdaderamente necesario los costes se dispararían hasta multiplicarse por 3 ó por 4, y al menos en lo que concierne a las economías europeas no están actualmente para muchos dispendios. En cuanto a los norteamericanos, tras el arrollador triunfo republicano en las legislativas, es posible que la nueva mayoría intente boicotear la ratificación del Tratado Start de reducción de armas estratégicas, lo que justificaría las desconfianzas rusas hacia sus antiguos adversarios.

Por lo que respecta a España, ese nuevo concepto estratégico de la OTAN, calificado con sorna de galáctico por algún funcionario del cuartel general de Mons, sigue olvidándose de Ceuta y Melilla. El famoso artículo 5 de la Alianza, que justifica la obligación de  defender a uno de sus miembros como si uno mismo fuera el agredido, no contempla que los socios corran en socorro de España si cualquiera de las dos ciudades autónomas españolas fuera invadida. Ese flanco sur de la OTAN continúa excluido no solo de los textos oficiales sino probablemente también de los acuerdos que se suponen tácitos.

De momento, pues, España sigue haciendo méritos por conseguir un mayor grado de fiabilidad en el seno de la OTAN. En esa línea, la permanencia de las tropas españolas en Afganistán seguirá hasta el repliegue decidido por Estados Unidos, a menos que éstos cambien de parecer. Y es que Washington maneja un lenguaje ambivalente. Por una parte da a entender que la retirada tiene ya un plazo fijo. Por otra anuncia incrementos de su presencia. A partir del próximo diciembre, por ejemplo, trasladará a la provincia de Helmand, núcleo duro de la rebelión taliban, un batallón de carros de combate Abrams M1A1. Es así la primera vez que habrá presencia de tanques americanos desde que comenzara la guerra en 2001.

Asimismo, el Pentágono habría solicitado de Pakistán que permita, o sea  que haga la vista gorda, la incursión de los drones (bombarderos no tripulados) hasta el sudoeste del país, en concreto todo el territorio que circunda Quetta, la capital de la provincia de Baluchistán. La filtración de esta petición ha irritado sobremanera al gobierno de Islamabad, que concita las iras de una población crecientemente antinorteamericana cada vez que uno de tales drones se cobra su dosis de víctimas en cada bombardeo. Unas acciones que la misma Casa Blanca ha intensificado y que considera vitales para destruir las bases de repliegue de los talibanes que actúan en Afganistan y luego se retiran al Waziristan pakistaní, desde el que planean y lanzan nuevas ofensivas.

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