edición: 2762 , Miércoles, 17 julio 2019
30/12/2009

El nuevo escenario económico requiere una revisión de las directrices de la OCDE para empresas multinacionales

Tras la crisis financiera, los países no miembros están empezando a atraer buena parte del volumen mundial de inversiones
La OCDE ha subrayado también la necesidad de dinamizar las inversiones internacionales, hundidas durante el último año
Beatriz Lorenzo

En un escenario cada vez más globalizado en el que muchas de ellas ostentan presupuestos que superan con creces a los de muchos Estados soberanos, las multinacionales se han convertido en los verdaderos canales conductores de la economía mundial, si no en sus salvaguardas al alimón con unos países que, en su mayor parte, llevan sobre sus hombros la carga excesivamente pesada de la peor recesión económica desde el “crack” de 1929. En ellas se concentran los principales activos de la nueva sociedad del siglo XXI: nuevas tecnologías, inversión extranjera, mercados financieros y comunicaciones veloces, entre otros. Además, la expansión de sus actividades a lo largo de los últimos años ha traído consigo un fuerte impacto social expresado también en la transformación del modelo preexistente de relaciones laborales.

La tercerización de los contratos de trabajo, la reducción significativa del empleo y por consiguiente el debilitamiento del actor sindical, son algunos de los efectos secundarios y adversos del auge de las multinacionales. Curiosamente, la Responsabilidad Social Corporativa ha comenzado a abrirse paso en el sector empresarial precisamente de la mano de estas grandes compañías, algunas de las cuales ya han comprendido recientemente que el mero maquillaje responsable y las halagüeñas campañas de comunicación no van a ser ya suficiente en el modelo productivo que se avecina. El punto de encuentro de los Estados con las multinacionales ha estado representado desde 1976 a través de las Líneas Directrices de la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE) para Empresas Multinacionales, que enuncian principios y normas voluntarias para una conducta empresarial responsable compatible con las legislaciones aplicables. La vocación de las Directrices es garantizar que las actividades de esas empresas se desarrollen en armonía con las políticas públicas, fortalecer la base de confianza mutua entre las empresas y las sociedades en las que desarrollan su actividad, contribuir a mejorar el clima para la inversión extranjera y potenciar la contribución de las empresas multinacionales al desarrollo sostenible. Las Directrices, que forman parte de la Declaración de la OCDE sobre Inversión Internacional y Empresas Multinacionales, surgieron a raíz de la inquietud por el comportamiento que algunas empresas multinacionales con sede en países de la OCDE tenían en los países en desarrollo; por ejemplo, la implicación en el golpe de Estado chileno por parte de empresas con sede en los Estados Unidos.

De un tiempo a esta parte, y de forma mucho más acelerada tras los cambios y desajustes -o reajustes- que han tenido lugar durante la crisis económica, la actividad empresarial internacional ha registrado un cambio estructural de gran alcance, y se ha hecho necesaria una modificación. En una primera consulta celebrada este mes, a la par que el 8 º Foro Global sobre Inversión Internacional, celebrado en París, la OCDE pretende recabar las opiniones de las partes interesadas para proceder a la actualización de las directrices. Y es que desde la última revisión de las directrices en junio de 2000, el panorama ha cambiado a gran velocidad para las multinacionales y los inversores. Países no miembros de la OCDE están empezando a atraer buena parte del volumen mundial de inversiones y las empresas multinacionales de países no adherentes han crecido en importancia. Hasta tal, punto que las cuatro mayores economías emergentes del mismo, las conocidas como potencias “BRIC” (Brasil, Rusia, India y China) están capturando ingentes volúmenes de flujos de capital y las firmas y administradores de fondos están considerando a los países del grupo BRIC como una apuesta de inversión.

CAMBIOS ESTRUCTURALES

Además, la crisis financiera, la pérdida de confianza en los mercados abiertos, la necesidad de abordar el cambio climático, y los compromisos internacionales con los objetivos de desarrollo son también factores de importancia a la hora de impulsar modificaciones en las Directivas, tocando casi la totalidad del vasto corpus que las compone y que constituye un conjunto de recomendaciones voluntarias a las empresas multinacionales en todas las áreas principales de la ética empresarial, incluyendo el empleo y las relaciones laborales, los derechos humanos, medio ambiente, la divulgación de información, la lucha contra la corrupción, intereses del consumidor, ciencia y tecnología, competencia y fiscalidad.

El área tecnológica es una de las que, previsiblemente, va a experimentar mayores modificaciones, impulsada por la velocidad de los avances tecnológicos, las comunicaciones, y el afianzamiento de la sociedad de la información. Con el surgimiento de las industrias de servicios y de las que se basan en el conocimiento, las empresas de servicios y tecnología se están adueñando poco a poco del mercado internacional. Pero son varios los cambios a todos los niveles que han comenzado a producirse incluso antes de que den comienzo las primeras fases de la modificación de las Directrices. Así, la OCDE y el Foro de Estabilidad Financiera (FSB) han detectado a escala mundial una presencia insuficiente de los inversores institucionales en las juntas de cotizadas, a pesar de que defienden los intereses de terceros a través de los fondos de inversiones y de pensiones a los que representan. Esto ha sido uno de los toques de aviso para que en España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) haya propuesto recientemente que las retribuciones variables de los consejeros de empresas cotizadas vayan vinculadas a criterios de rendimiento "predeterminados y medibles", y que en los contratos se incluyan cláusulas que permitan a las empresas reclamar su reembolso si el pago no se ajusta a estas condiciones. Pequeños cambios que quieren ser un grano de arena más en el camino de las nuevas Directrices para las multinacionales que empezarán en breve a cocerse en los hornos de la OCDE.

Si bien las Directrices de la OCDE cubren los derechos humanos e incluso añaden normas laborales básicas más allá de los derecho sindicales, quizás sea hora de prestar más atención a puntos que tradicionalmente han pasado desapercibidos, como es el caso del buen funcionamiento de las cadenas de distribución, así como revisiones en los capítulos de las Directrices sobre sobornos, divulgación y respeto medioambiental. Los gobiernos seguirán siendo los encargados de velar de manera firme por el cumplimiento de las Directrices por parte de las empresas, por lo que resultará útil contar con caminos alternativos. Los medios de comunicación jugarán un papel cada vez importante, ya que las multinacionales son muy vulnerables a la publicidad adversa que desprestigia su nombre comercial, sobre todo en lo referente a malas prácticas relacionadas con los proveedores, contaminación ambiental o corrupción, sectores muy delicados en los últimos tiempos.

HUIR DEL PROTECCIONISMO

Debido a los desafíos estratégicos que han traído consigo los rápidos cambios económicos de los últimos tiempos, las empresas multinacionales tienen la oportunidad de poner en marcha políticas de prácticas ejemplares encaminadas al desarrollo sostenible que persigan garantizar una coherencia entre los objetivos sociales, económicos y medioambientales. No es ya un secreto que la capacidad de las multinacionales para promover el desarrollo sostenible mejora cuando se desarrolla la actividad comercial e inversora en un contexto de mercados abiertos, competitivos y adecuadamente regulados. En el actual escenario económico, cuajado de competitividad y arduos marcos legales, sociales y normativos, es necesario disuadir a las empresas que pudieran sentir la tentación de descuidar las normas y principios de conducta adecuado con vistas a beneficios cortoplacistas.

Muy recientemente, la OCDE ha subrayado también la necesidad de dinamizar las inversiones internacionales, hundidas durante el último año, como una de las soluciones más fiables a la crisis económica, por lo que se prevé que las modificaciones de las Directrices vayan dirigidas a eliminar obstáculos y medidas proteccionistas. La OCDE también se ha hecho eco de las quejas de las compañías sobre leyes y regulaciones que dificultan su acción fuera de sus países de origen y puso el acento en la necesidad de no relajarse en la acción contra la parte más oscura de la globalización, concentrada en lacras como la corrupción o la evasión fiscal.

Por otra parte, el pago de sobornos para ganar la adjudicación de contratos sigue siendo un problema severo a pesar de los avances logrados durante la última década, tal y como ha reconocido la organización. Por este motivo, entre las modificaciones que afectarán a las Directrices se introducirán nuevas previsiones para combatir el pago para facilitar los sobornos y proteger a los denunciantes. En otro orden de cosas,con motivo de la baja del 60% en el valor de las fusiones y adquisiciones transnacionales por parte de firmas con sede en el área OCDE, desde más de 1 billón de dólares en el 2008 a 454,000 millones en el 2009, se prevé un desplome de la inversión internacional en fusiones y adquisiciones. El establecimiento de medidas que relajen y faciliten estas uniones estratégicas es pues también un punto a considerar a la hora de redactar las modificaciones.

Por último, y en aras de acometer actividades de lucha contra la corrupción y la extorsión, entre las medidas a adoptar cabe potenciar la asunción de compromisos públicos contra la corrupción y la extorsión, y la divulgación de los sistemas de gestión adoptados por la empresa para cumplir con sus compromisos. Las empresas deberán asimismo fomentar la apertura y el diálogo con los ciudadanos para promover su sensibilización y cooperación en la lucha contra la corrupción y la extorsión.

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