edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
13/07/2010

El nuevo primer ministro japonés asegura que seguirá con su plan de reformas pese a la derrota electoral en el Senado

Pedro González
Naoto Kan apenas ha cumplido un mes en su cargo de primer ministro y ya ha cosechado su primera derrota electoral al perder las elecciones parciales al Senado. Su formación, el centroizquierdista Partido Democrático de Japón (PDJ), sólo consiguió mantener 44 de los 54 escaños que ponía en juego, mientras que el Partido Liberal Demócrata (PLD) conservaba los 38 que tenía, sumaba los 10 perdidos por el PDJ y otros 3 que pertenecían al Partido del Pueblo (NPP), aliado de Naoto Kan. Otros 10 escaños suplementarios han ido a parar a una nueva formación, denominada Tu Partido, una escisión radical del PDJ.

La pérdida de control del Senado hace más difícil el proyecto reformista de Kan, aún cuando mantenga la mayoría absoluta en la Cámara Baja, merced a la aplastante victoria de su partido en las elecciones generales de agosto de 2009, en que desalojó del poder al PLD, el partido que lo había ostentado desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta ese mismo momento. Esta victoria en las parciales senatoriales ha provocado la euforia en las filas conservadoras, hasta el punto de aspirar a que su estancia en la oposición sea más corta de lo que se auguraba.

Los electores nipones han lanzado así una severa advertencia a Naoto Kan, que había anunciado un ambicioso programa de reformas económicas que, para el ciudadano, se traducía fundamentalmente en una fuerte subida de impuestos. La primera de estas alzas era el IVA, punto de partida para sanear unas finanzas públicas estancadas desde hace más de  una década. La segunda potencia económica del mundo tiene, además, un endeudamiento colosal equivalente al 200% de su PIB, para cuya rebaja Naoto Kan había advertido de que serían necesarios importantes sacrificios. La mayor parte de los electores lo han interpretado como un aviso de que las tradicionales prestaciones públicas en educación, sanidad y pensiones iban a sufrir un tajo considerable. De ahí, el voto de castigo sufrido por el PDJ.

De momento, este primer varapalo no arredra al nuevo primer ministro japonés, que sin embargo debe tener muy presente que ninguno de los cuatro últimos antecesores ha permanecido en el cargo más de un año. En sus primeras valoraciones, Kan ha vuelto a insistir en que “nadie vendrá a salvar a la economía Japón”, toda vez que es demasiado grande para una operación de salvamento del tipo de Grecia. Su plan, por consiguiente, precisa de cinco años para concluir un cuadro final de vuelta de Japón a los cánones de una economía dinámica y con niveles de deuda sostenibles. Ese periodo de tiempo de un lustro es el que reclama Kan para implantar lo que él mismo define como la tercera vía a la japonesa.

El grueso del programa será enviado a la Dieta a través de los próximos presupuestos generales, en cuyos borradores ya aparecen no solo los recortes mencionados sino un parón importante en obras públicas, que quedarán reducidas al mínimo imprescindible para asegurar el mantenimiento de las infraestructuras existentes. Por supuesto, quedan suprimidas todas aquellas susceptibles de ser consideradas como suntuarias. Este brutal adelgazamiento del capítulo inversor provocará sin duda grandes tensiones con los altos funcionarios que controlan las cuentas del país, una peculiaridad de Japón, que permite a estos especialistas de carrera discutir las líneas políticas decididas por los políticos del Gobierno.
 
Naoto Kan sigue también sin resolver el contencioso de Okinawa. En el plazo de un mes deberá presentar su proyecto para la localización y construcción de la nueva base militar norteamericana en Henoko, al norte de la isla, que ha de sustituir a la actual de Futenma. El principal problema es que en noviembre habrá elecciones a gobernador de la isla y, por ahora, los sondeos apuntan a una victoria de un candidato opuesto a toda presencia de fuerzas de Estados Unidos. A este respecto, el presidente Barack Obama ha reiterado que el mantenimiento de una base en Okinawa sigue siendo vital para la seguridad de esta parte del Pacífico. La geopolítica que engloba a China, las dos Coreas, Taiwan y el propio Japón precisa de esa presencia norteamericana, a juicio tanto de Obama como de Kan, aunque no sean del mismo parecer muchos de los habitantes de Okinawa, que han sufrido en sus propias carnes los excesos de los marines allí estacionados, delitos que por mor del fuero especial de que gozan sus autores han quedado muchas veces impunes.

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