El órdago de Erdogan busca el liderazgo de Turquía
edición: 2533 , Jueves, 16 agosto 2018
06/09/2011

El órdago de Erdogan busca el liderazgo de Turquía en el mundo musulmán

Pedro González
La abrupta ruptura de relaciones de Turquía con Israel es un movimiento político-diplomático de grandes consecuencias. El pretexto ha sido la publicación del informe realizado por la comisión designada por la ONU para esclarecer los incidentes de hace un año entre la llamada Flotilla de la Paz y los comandos israelíes, enfrentamiento que se saldó con la muerte de nueve ciudadanos turcos.

El anuncio del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogán, de que viajará a la franja de Gaza en las próximas semanas, ha elevado la tensión hasta un límite extraordinariamente peligroso. Si Erdogán cumple esa promesa, e incluso lo hace a bordo de un buque de guerra, tal y como se pregona en medios de Ankara, pondrá a Israel ante una situación dramática.

El texto del informe de la comisión de Naciones Unidas, presidida por el reputado jurista y ex primer ministro neozelandés, Geoffrey Palmer, acusa a Israel de una actuación “excesiva, poco razonable e inaceptable”, pero lo atempera al concluir que los comandos israelíes “encontraron una resistencia significativa, organizada y violenta a manos de un grupo de pasajeros cuando abordaron el buque Mavi Marmara, obligándoles a usar la fuerza para su propia protección”.

Pero, lo que más irrita al gobierno turco son los interrogantes a que hace referencia el informe respecto de “la conducta y los verdaderos objetivos de los organizadores de la flotilla”, consideración que hace planear no pocas dudas acerca del posible consentimiento oficial, cuando no un apoyo abierto, para el flete de las embarcaciones. El informe Palmer se adentra también en la legalidad del bloqueo naval impuesto por Israel a la Franja de Gaza, y concluye afirmativamente al señalar que “fue impuesto como una medida de seguridad legítima, dirigida a impedir la entrada de armas”, destinadas presuntamente a “grupos militantes” que amenazan la seguridad de Israel.

Tanto en la sede de la ONU como en los medios comunitarios de Bruselas se estima que Turquía ha pateado el tablero de juego en tanto en cuanto no le ha gustado el resultado de la partida, es decir las conclusiones de una comisión de investigación que Ankara había solicitado y cuya constitución había apoyado libremente.

Más allá de la ruptura diplomática y la expulsión de Turquía del personal de primer nivel de la embajada israelí, y más allá incluso del anuncio de Erdogan de visitar Gaza, puede estarse fraguando un giro radical de la política exterior turca. Los acontecimientos que sacuden a todo el mundo islámico, con la caída sucesiva de los regímenes tunecino, egipcio y libio, la sangrienta represión en Siria y Bahréin, y el aumento de los atentados en Irak con sus correspondientes masacres, pueden ser una oportunidad para que Turquía vuelva al centro de ese mundo. Menos de un siglo después de haber perdido su hegemonía, Erdogán estaría contemplando la posibilidad de emerger entre los dos grandes poderes que se disputan ese liderazgo musulmán en el área de Oriente Medio: Arabia Saudí e Irán.

Para conseguirlo, Turquía deberá ponerse realmente a la cabeza de las “causas musulmanas”, empezando por la del pueblo palestino, de manera que la ruptura con Israel a causa del bloqueo de Gaza sería la primera palanca que catapultara a Turquía hacia el liderazgo que ambiciona. El primer ministro turco, fielmente escoltado por el presidente, Abdulá Gül, y por el ministro de Asuntos Exteriores, Ahmet Davutoglu, saben asimismo que la ruptura con Israel levanta nuevas desconfianzas con la Unión Europea. Sin embargo, estos tres máximos dirigentes, probablemente, se habrían convencido ya de que sus aspiraciones de integrarse en la UE no tienen futuro, por lo que considerarían llegado el momento de emprender su propio camino. Y éste no parece ser otro que volver a situarse en el corazón del Islam, y volver a convertirse en el eje de un nuevo califato, todo lo moderno que se quiera, pero califato al fin y al cabo.

Es un órdago en toda regla de una potencia consciente de la fuerza de sus cartas, del potencial de su posición estratégica y de su condición de modelo para los pueblos árabes que están peleando duro por recuperar su dignidad. El Mediterráneo Oriental tendrá, eso es seguro, una mayor visibilidad naval turca. Erdogan no dejará pasar la ocasión de que su marina de guerra transite por aguas internacionales pero cercanas a Israel, Líbano, Siria y Chipre. Esa presencia “más agresiva” de los buques de guerra turcos no es garantía de que esa parte del mar sea más tranquila.  

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