edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
26/07/2011
Un año de media, tiempo que tarda el Supervisor en reconocer una quiebra

El pánico de la nacionalización de la CAM atenaza al gobernador

Sin capital suficiente y con la intervención inminente la caja salvó el dividendo
Libre de políticos en el consejo, los pretendientes de la caja esperan su ‘limpieza’
Juan José González

Un riesgo sistémico menos. Un borrón en la lista de suspensos del test menos. Un grupo de gestores políticos menos… Lo cierto es que desde hace un año –un año entero-, el Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, insistía en que la salud de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) era estupenda y solvente. Y punto. El regulador del mercado perseguía e insistía en su plan de buscar la consolidación de balances a cualquier precio. Y a cualquiera ha sido, pues desde entonces la CAM y su frustrada unión con los asturianos y demás en Banco Base, no ha dejado de causar problemas de todo tipo. Desde el contagio de lentitud en la reforma del sector financiero, hasta la inestabilidad aportada por la tensión y la desconfianza sobre el riesgo de la deuda española, reflejado en unos elevados costes que el Tesoro tendrá valorados a la perfección. Se puede decir que a Ordóñez, quien no ha escatimado paciencia liberal, le ha sucedido –o se ha empeñado él mismo- en emular a su presidente de Gobierno –ambos, procrastinadores acreditados- en la necedad de no reconocer un problema en su exacto momento, un alelamiento de consecuencias nefastas, como es el caso de la CAM. Si se conocía el problema ¿por qué se tardó un año en resolver?

Así las cosas, así los comportamientos de Ordóñez, el devenir de la crisis financiera se cobra ahora –fue intervenida el viernes 22- la tercera víctima con la quiebra de la CAM, fruto de las decisiones de un consejo político, orgulloso de ser pionero en saltar al parqué –con acciones sin derechos políticos- y se supone que también humillado al ser los primeros en dejar paso a las cajas de verdad, ya convertidas en bancos, Caixabank, Bankia y Banca Cívica. El mantenimiento de la situación sólo ha sido explicable en la medida en que ha logrado salvar el dividendo de los accionistas, algo que el Banco de España deberá corregir.

Afortunadamente, el ministerio de Economía, se entiende que con la presión del Banco de España, tuvo el acierto de publicar el RD de febrero que introdujo alguna reforma –sólo alguna- en el sector financiero, lo que de paso, rompió la manía de los ‘poderes’ de minimizar los problemas –aquí, nada de crisis- y dar una patada adelante a los que tenía en ese momento la CAM: insolvencia manifiesta. Pero las pérdidas, entonces, siguieron sin reconocerse, luego las entradas de capital público, vía FROB para despejar las dudas del mercado –es decir, de los potenciales interesados en la entidad- no fueron posibles.

Los gestores de la caja ahora quebrada –y, por ahora, van tres- y nacionalizada, no pudieron esperar al largo puente para hacer las maletas, sino que tuvieron que hacerlas el mismo jueves de la comunicación, la víspera de la nacionalización. Sin los gestores que llevaron a la quiebra la que llegó a ser la cuarta mayor caja de España, el dinero público ya puede entrar desde hoy martes en la entidad y con el, los inversores extranjeros, los más interesados en la limpieza de la alicantina, tienen ahora el camino expedito para invertir, algo impensable hasta el jueves: nadie pondría un euro en manos de los gestores que han arruinado la caja.

Otro asunto es que los potenciales inversores apuesten ahora por una entidad nacionalizada, para lo que habrá que esperar a una limpieza con intensidad además de proporcionarle algo más que aderezo financiero que la haga atractiva para los pretendientes, que parece no le faltarán.

Si la quiebra futura de la caja, hoy evidente, ya lo era hace doce meses ¿por qué esa tenaz necedad en dejar que los gestores hagan y el mercado sentencie cuando ya esta todo hecho y sentenciado hace doce meses? En ese laissez faire, laissez passer, todo parece indicar que al Gobernador se le ha vuelto a pasar el arroz, y van… eso sí, ¿qué pasa ahora con el dividendo distribuido de la quebrada?

En todo caso, no deja de sorprender que un año más tarde de lo que era evidente, siga sin convencer la postura del Banco de España en esta intervención, como si la alternativa que dicta la lógica del mercado, la liquidación ordenada de la caja, fuera complicada o tuviera aspectos aparentemente oscuros –la oposición los buscaría, pues el consejo era de domino ‘popular’-. La postura del Supervisor bancario no deja lugar a buscar alternativas a la CAM distintas al dinero público que, aunque se insista en que se trata de un dinero con su retorno y réditos casi asegurados, no se oculta que podría ser empleado en actividades más productivas.

Como consecuencia de todo esto apuntar aquí, como indican varios expertos en la materia, que en otros mercados, como el norteamericano, destino elegido de manera creciente por la banca española, cuando quiebra un banco se lleva un titular de prensa al día siguiente y punto. Algo que, en una coyuntura de crisis –cambio- no debería sorprender a nadie, empezando por el Banco de España.

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