edición: 2411 , Miércoles, 21 febrero 2018
04/11/2011

El PE quiere acabar con la actual doble imposición sobre los dividendos para terminar con la competencia fiscal

Javier Ardalán
El Parlamento Europeo prepara una auténtica revolución en el Impuesto sobre Sociedades con carácter de urgencia, previa a la aprobación de la base armonizada (BICCIS), ya que se plantea una revisión general de la Directiva que regula el régimen fiscal común aplicable a las sociedades matrices y filiales de Estados miembros diferentes. El objetivo es facilitar las fusiones multinacionales y, para ello, se propone que se abandone la doble imposición sobre la renta de los dividendos.

La propuesta señala que cuando una sociedad matriz recibe, en calidad de socio de su sociedad filial, beneficios distribuidos, el Estado de la sociedad matriz debe o bien abstenerse de gravar dichos beneficios, o bien gravarlos, autorizando al mismo tiempo a dicha sociedad a deducir de la cuantía de su impuesto la fracción del impuesto de la filial correspondiente a dichos beneficios.

Sin embargo, debido a esta disposición, la utilización abusiva de los Tratados a nivel europeo ha llegado a ser muy importante a efectos de la planificación fiscal. Se ha entablado una lucha entre los Estados miembros y los inversores con respecto a la asignación de las sedes de las oficinas principales. Codificar simplemente la llamada Directiva sobre las sociedades matrices y filiales no resuelve los problemas cada vez más acuciantes de la no imposición a largo plazo e incluso de la doble no imposición.

es cuestionable que los beneficios obtenidos por una empresa (europea) multinacional en una filial de fuera de la UE fluyan hacia el mercado común, beneficiándose de determinados sistemas fiscales nacionales que atraen estos flujos de capital al no someter o al apenas someter a la fiscalidad las entradas procedentes de terceros países. Estos beneficios provienen generalmente de paraísos fiscales y están basados en los precios de transferencia en el marco de los regímenes de licencia (por ejemplo, derechos para la aplicación de la propiedad intelectual). Tras esta entrada con una baja fiscalidad, los beneficios pueden circular en la UE y hacia la sociedad matriz situada en otro Estado miembro sin tener ni siquiera que pagar impuestos en la UE.

Un caso especial es Suiza que en virtud de un acuerdo bilateral Suiza - UE se convirtió en parte del ámbito de aplicación de la Directiva. En este caso se aplica también lo descrito anteriormente. Los dividendos percibidos de las filiales de Suiza por las empresas matrices de la UE no están sujetos a impuestos o pueden deducirse en cualquier lugar de la UE. El Estado pierde contra las corporaciones multinacionales que ya no pagan su justa contribución a la financiación de las necesidades sociales. Por lo tanto, debe imponerse el requisito de que, cuando no haya impuestos sobre los flujos de salida, se aplique un tipo de impuesto mínimo del 25 % en el Estado de entrada.

Estos casos demuestran que deben integrarse en la Directiva unas disposiciones más severas contra los abusos. La entrada de los dividendos de las filiales de terceros países en el ámbito de aplicación de la Directiva tiene que estar sujeta a requisitos mínimos para limitar la erosión de la base imponible por las empresas de la UE.

Además resultan necesarias otras medidas para abordar la doble no imposición. Recientemente, la Comisión publicó una propuesta relativa a una base imponible consolidada común del impuesto sobre sociedades (BICCIS). Pero esta medida solo puede ser eficaz tanto para limitar las posibilidades de evasión del impuesto sobre sociedades en la UE como para aliviar las cargas que supone el cumplimiento para las empresas si, en primer lugar, las normas son obligatoriamente aplicables a todas las empresas de la UE que participan en actividades transfronterizas y, en segundo lugar, se percibe comúnmente un tipo impositivo mínimo sobre una base imponible igual.

El informe del Parlamento considera que la competencia fiscal en la Unión Europea (UE) constituye ahora un callejón sin salida para el margen de maniobra de los Estados miembros en las políticas del sector público. Debido a ello, el tipo medio del impuesto sobre sociedades en la UE se ha reducido del 44 % en 1980 al 35 % en 1995 y finalmente al 23,2 % en 2010. Asegurar una sociedad más sostenible y socialmente integrada resulta entre tanto muy difícil cuando desplazar el capital y los beneficios es muy fácil y muy lucrativo para algunos, mientras que es inaccesible para otros.

A las personas y las empresas que operan en la Unión Europea se les aplican diferentes regímenes fiscales nacionales. La protección nacional de la base imponible resulta casi siempre ilegal y la doble imposición para las empresas se aborda mediante acuerdos bilaterales y en la legislación comunitaria. Para detener e invertir la carrera a la baja de los tipos del Impuesto sobre Sociedades, el Parlamento Europeo considera que se requiere un enfoque europeo común.

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