edición: 2614 , Miércoles, 12 diciembre 2018
30/11/2009
Deuda pública, renta variable, materias primas, países emergentes...

El precio de salida de la crisis se paga en burbujas

¿Quién le pone nombre –y fecha- a la próxima burbuja?
Juan José González

Puede ser el signo de nuestro tiempo, pero esta claro que no ganamos para burbujas. La última procedente del lugar más insospechado, Dubai, símbolo de riqueza y opulencia, paraíso terrenal y agosto para miles de empresas y negocios. Aunque bien visto, es más fácil la formación de una burbuja en ese país (segundo emirato árabe tras Abu Dabi, que en 2009 anuncia un PIB de 75.000 millones de dólares con una deuda de 88.000 millones) que en Somalia, por citar un modelo de país –de moda- que suscita muchas dudas. Esta última, la de Dubai, tiene dos virtudes; la de no cogernos de lleno, pues el impacto en empresas y Estado españoles son mínimas, y la de ser una menos tras su explosión.

Sin embargo, quedan otras, algunas identificadas y otras sin identificar. La de Dubai era de las primeras porque era posible y razonable, y  porque sucede en el campo de cultivo ideal; una zona en desarrollo estratosférico en permanente revalorización, sin lógica económica y que se prolonga desde hace siete años. En definitiva, un cohete-bomba que sólo espera a explotar, a corregir. Y corrige, naturalmente a la baja y de paso salpicando.

Dicen que las desgracias nunca vienen solas, así es que habrá que esperar a los próximos meses para comprobar las consecuencias de ese desajuste que, aunque de efecto limitado, tiene las características de un virus del tipo ‘A’, cuyos efectos se extienden a otros mercados en forma de cierres, despidos, pérdidas. Las imágenes de las avenidas y complejos turísticos y residenciales de la capital árabe, reflejan la inconsistencia de su desarrollo inmobiliario, y recuerda, salvando las distancias, a nuestra ciudad fantasma, la Seseña del Pocero.

Los más sesudos economistas aseguran que este es el precio que conlleva la salida de cualquier crisis, y es posible que no les falte razón si echamos una mirada ligeramente pretérita de la historia. Haciendo cuentas y extrapolando las características comunes -que son muchas- a las anteriores burbujas como las punto.com o la más reciente –aún viva- del sector inmobiliario, resulta que aún quedan por salir el gordo de Navidad y tres de los cuatro grandes premios de que consta el macabro sorteo. La de la deuda pública esta en trance, se desarrolla con normalidad, esta siendo alimentada sin escrúpulo, a lo bestia, y crece y crece. Es premio gordo por dos razones de mucho peso; porque es global, nos pillará a todos, y además porque tiene el aval del Estado, luego, de su explosión se puede esperar lo peor, lo que no esta escrito. Los Gobiernos se encargan en estos momentos de echar leña al fuego.

La de la renta variable, la bolsa para ser más precisos, va viento en popa. Ganancias anuales del 72% desde el 9 de marzo pasado, en un ambiente de júbilo y alborozo, en medio de la segunda crisis y depresión más fuerte de la historia contemporánea, da qué pensar. La bolsa es el escenario ideal donde se dan cita los especuladores, es su medio natural. Se cotizan valoraciones de empresas con cuentas de resultados y apalancamientos siderales que no guardan relación con la realidad, los especuladores no flaquean ni cejan en su empeño. Y la bolsa sube y sube. Puede ser la próxima en explotar, y también ‘pillará’ a muchos.

Las materias primas no le van a la zaga ni a la renta variable ni al inmobiliario ni a la deuda pública. Sigue su camino, se alimenta diariamente y en vertical. El escenario no puede ser peor; una divisa, el dólar, hace de fondo en ese escenario donde un reparto de lujo reúne como actor principal el oro, el petróleo como artista invitado, y el plomo, cinc, platino, diamantes, etc completan un plantel digno de un gran filme. Será cuestión de meses cuando el gran público pueda asistir al estreno.

Finalmente, los países emergentes. Esperan su turno, se encuentran en esa primera fase de desarrollo de cualquier burbuja, la ascendente, la que suele estar alimentada por la entrada de especuladores, con aumentos exagerados de producción por encima de la demanda. Es una burbuja de generación más espontánea e inesperada, aunque desgraciadamente tendrá una correlación con la de las materias primas y una foto muy parecida a la de Dubai.

Desgraciadamente, la nota común, los efectos directos y colatelares, se ceban sobre el mismo punto, el más débil; los trabajadores, así que, se puede decir que el ajuste por ahora se esta realizando según los planes previstos -no como aseguran los manuales de las escuelas de negocios- es decir, por el empleo.

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