edición: 2702 , Martes, 23 abril 2019
26/06/2017

El precio del Bitcoin oscila con fuerza en el mercado mientras arrecia el debate sobre su futuro

El desarrollo tecnológico de esta infraestructura informática para la actividad financiera se transforma
Carlos Schwartz
Hace dos semanas, cuando el Bitcoin cotizaba a 3.018 dólares el mercado de esta criptomoneda sufrió una corrección del 27%. La semana pasada se recuperó parcialmente: el martes cotizaba a 2.650 dólares y el miércoles a 2.711, pero el jueves cedió terreno aunque el viernes cotizó a 2.732. El mercado que funciona durante el fin de semana hizo un último cambio de 2.624 el sábado y el domingo a 2.552 con una caída del 2,54%. “El mercado está inestable pero es lo que ha caracterizado su cotización desde que la moneda electrónica surgió”, señala un inversor en las empresas denominadas “mineras”, es decir que generan la moneda. Desde hace un par de años la tecnología detrás de la generación de estas unidades de cuenta cotizables, la cadena de bloques, se ha convertido en una supuesta panacea para los males de casi todo lo que requiere un soporte digital para ser procesado, y en particular para los sistemas de pagos. La increíble fertilidad del sector ha dado lugar a una verdadera eclosión de empresas pequeñas de reciente creación no exageradamente intensivas en capital, destinadas a los desarrollos informáticos que permitirían adaptar la idea de la cadena de bloques a esta infinidad de soluciones. Pero el desarrollo de este sector lentamente abandona la terminología de la cadena de bloques para adoptar la de Tecnología de Registro Distribuido (DLT, por sus siglas en inglés).
El cambio de nombre está directamente relacionado con las modificaciones inevitables que este tipo de infraestructura digital sufre en su adaptación a la vida mercantil. Pero si sirve de orientación, vale la pena tener en cuenta que el Banco de Canadá, el emisor y regulador del país, abandonó el proyecto de desarrollar la tecnología DLT porque: “En su núcleo existe una inconsistencia fundamental o tensión entre un sistema de pagos interbancario centralizado  mayorista, tal como el que tenemos ahora, y la descentralización inherente a la DLT”. A primera vista el argumento parece razonable porque la cadena de bloques que genera el registro distribuido se basa en una comunidad que opera de forma descentralizada. Pero es debatible si se considera que esa comunidad está volcada a un objetivo común que realiza sin fisuras. Pero claro, para que ello sea así, el registro distribuido tiene que ser inviolable. Por el contrario, en un sistema de pagos existe por definición la necesidad de que el registro se pueda corregir. Fin de la inviolabilidad.

Mientras tanto los problemas teóricos que asolan a Bitcoin son de otro orden. El circulante de la unidad de cuenta está en los 16,4 millones de BTC pero por definición la moneda tiene un límite de emisión de 21 millones. Una vez alcanzado no se emitiría más. Primera pregunta: que pasaría más allá de ese límite. Los inversores se verían restringidos a operar dentro de ese volumen emitido. Un segundo aspecto que divide a la comunidad es que la capacidad máxima de transacciones del sistema es de siete operaciones por segundo. Esta es una velocidad sumamente baja comparada con la de cualquier medio de pago electrónico que se precie.

Las tarjetas de crédito tienen una capacidad de transacciones que está en los centenares de miles por segundo. Estos son límites físicos uno por definición, el otro por tecnología. Ambos problemas remiten al debate actual dentro de la comunidad Bitcoin. De un lado los que consideran que la criptomoneda debe desempeñar la función de reserva de valor, elemento de atesoramiento, y los que quieren una difusión máxima y su conversión en medio de pago habitual.

A grandes rasgos, los defensores del BTC como forma de atesorar valor forman parte de la comunidad, como programadores, técnicos, operadores de los sistemas, es decir el núcleo que creó esta unidad de cuenta volátil en torno a las directivas del fantasmagórico Satoshi Nakamoto en 2008 y se dedica a la “minería”. Los que aspiran a transformar a la moneda en un medio de pago incrementando su velocidad de transacciones están representados por los inversores en las empresas de “minería”. La polémica sobre el límite de emisión y la velocidad de transacciones de acuerdo con fuentes de la comunidad BTC “quedaría resuelta a lo largo del verano”. Sin embargo fuentes de ambos sectores en pugna sugieren soluciones que no son fáciles de hacer compatibles. Una de ellas es un BTC a dos velocidad, uno destinado a convertirse en reserva de valor y el otro a funcionar como medio de pago.

El problema es que mientras este debate progresa se hacen evidentes las tendencias centrífugas y el riesgo de una ruptura en el seno de esta comunidad que ha estado sometida a varios sacudones en los últimos dos años. Nadie puede excluir una crisis en la comunidad BTC y su separación en dos grupos con objetivos distintos.

El otro fenómeno que coexiste con esta crisis de desarrollo del BTC es la aparición de otras unidades de cuenta que se autodenominan criptomonedas, algunas de las cuales han tenido éxito y han robado clientela al Bitcoin. Un ejemplo es la plataforma Ethereum con su cibermoneda Ether. Esta tampoco está exenta de problemas con una caída aguda la semana pasada desde una cotización de 300 hasta los 10 céntimos por unidad, en lo que los operadores de su mercado calificaron de flash-crash. Para el viernes el mercado se había recuperado aunque con una caída del orden del 16% respecto de su cotización máxima la semana pasada.

El Ether se emitió en 2013 y su mercado se afianzó en 2014 con un volumen de emisión limitado y se ha revalorizado de forma significativa. Lo cual no quita que la gran cantidad de cibermonedas que han surgido y son aspirantes a ocupar un lugar preferente en el ánimo de los inversores pongan en riesgo al mercado en su conjunto. Esta eventualidad va a estar determinada en buena medida por la forma en que el Bitcoin resuelva sus contradicciones.

Mientras tanto hay un exceso de capital invertido en el desarrollo de soluciones tecnológicas para el sector financiero basadas en el concepto de DLT.  De acuerdo con los datos recogidos por una empresa de análisis del sector, Coindesk, el capital invertido en las empresas innovadoras del sector es ya de 1.700 millones de dólares. De ese total, 796 millones fueron dirigidos a empresas dedicadas al desarrollo de estas tecnologías desde comienzos de 2016, lo que da idea del auge que viven. Pero en este entusiasmo desmedido hay que anotar algunos factores: la ausencia de inversiones rentables con los tipos de interés por debajo de 0%, el exceso de liquidez aportado por los bancos centrales, el enaltecimiento desproporcionado de las soluciones tecnológicas a los costes del sector financiero cuyo principal problema de todas formas no es ese sino la caída de sus márgenes. Para saber quiénes van a sobrevivir habrá que esperar a que las expectativas se ajusten a la realidad. Eso puede llevar aun algún tiempo y en el camino los inversores pueden padecer serios reveses.

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