edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
23/05/2016
Fed y Brexit marcan las pautas

El precio del dinero bailará al ritmo de las grandes consultas

El horizonte debe estar más despejado para tomar decisiones, y con la Casa Blanca y el Brexit pendientes no parece lo más adecuado
Juan José González
A vueltas con los tipos. Mercados financieros, Gobiernos e instituciones supranacionales viven los últimos meses atentos al ritmo cardiaco de la Reserva Federal norteamericana (Fed). Tampoco pierde de vista el otro ritmo que resulta de las encuestas que, a dos por semana, tratan de adelantar el resultado de la consulta de mayor interés político y económico para Europa, como es el referendum sobre la permanencia o salida de Reino unido de la Unión Europea. Para la Fed cuenta el ritmo de los acontecimientos económicos tanto como los políticos. Los primeros ofrecen en las últimos semanas indicadores positivos, de consolidación de la recuperación de la demanda y de la producción. Los segundos indican que la carrera para la Casa Blanca, aunque podría parecer, en principio, que Hilary Clinton puede ser la próxima inquilina, no será un proceso exento de emociones, incluso podría estar salpicado por alguna sorpresa republicana.
Los más agresivos economistas de la Fed apremian al consejo para que acelere la decisión y suba tipos en los próximos 30 días. La tésis se basa en la mejora de los resultados macro. Pero precisamente, la Fed hace algún tiempo que quiere quitarse de encima esa referencia: la subida del precio del dinero -aseguran- no se hará en el futuro en base o, dependiendo sólo de la buena marcha de los datos macroeconómicos. Los menos críticos apuestan por esperar, son conservadores reconvertidos, atienden a otros factores que pueden influir tanto o más que los factores internos, los que han sido habituales en la formación de las opiniones y decisiones de la Fed.

En este sentido, la consulta de finales de junio en Reino Unido, es todo un foco de atención, una variable externa para los rectores de la Reserva. Es lo que cabe pensar de la Fed, ya que en todo este tiempo la institución apenas se ha pronunciado al respecto, manteniendo una postura de extremada discrección, quizá con el criterio de no interferir en ningún sentido, evitar que cualquier postura de la Resrva Federal pudiera ser aprovechada (utilizada) a favor o en contra, de la consulta de junio. Por tanto, el tiempo de `campaña´ del Brexit le estaría sirviendo a la Fed para ganar tiempo y aplazar aún más una modificación en los tipos de interés.

Por otro lado, los mercados financieros parecen leer la voluntad de los bancos centrales al interpretar que con dos focos de tamaña incertidumbre no es posible arriesgar en el corto plazo con decisiones de tanta e inmediata trascendencia para la economía. Responsables de los bancos centrales que también parecen coincidir en querar ganar tiempo, en acercarse más a las dos grandes citas políticas para contar con mayores certezas para decidir. Algo que si es posible en el caso de la consulta en Reino Unido pero que se presenta complejo en el de las elecciones a la presidencia de los EE UU. En este caso, bastaría que la candidata Clinton tuviera en estos momentos una posición de victoria más clara sobre su rival republicano. Y no parece que sea el caso.

Los mercados financieros, por otra parte, vienen descontando desde hace meses una nueva situación política, como sería la que corresponde a una situación neutra en la presidencia en EE UU y a una salida de Reino Unido de la Unión Europea, pero a lo largo de un largo período de tiempo, es decir, que el `desenganche´ de la UE no se produciría el mismo día del resultado, como algunos críticos ya se han apresurado a opinar. Es una posición que se manifiesta en los últimos meses en el desequilibrio que muestran algunos mercados financieros. También en el freno de algunas operaciones empresariales transnacionales.

Ahora todas las conjeturas parecen centrarse en lo que más conviene para una economía que se siente más fuerte, con un aumento del consumo, de las ventas al por menor, de la producción industrial y de otros indicadores adelantados que darían la razón a los más agresivos economistas de la Fed. Y parece que lo más conveniente es una subida de tipos de interés antes, poco antes de noviembre o poco después de la consulta británica al entender que la medida daría alas a la economía americana. Contra esta tesis se sitúan los economistas más `tranquilos´, conservadores, que temen una pérdida de competitividad de las exportaciones, lo que les situaría en un escenario similar al vivido hace un año, es decir, vuelta a empezar, con un nuevo inquilino en la Casa Blanca y una Europa convulsa asimilando la salida de Reino Unido. Dos riesgos que la Fed no está dispuesta a correr.

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