edición: 2619 , Miércoles, 19 diciembre 2018
01/07/2016
Nacerá lastrado

El Presupuesto 2017, el más hipotecado de toda la crisis

El fin (conseguir la mayoría de gobierno) justifica los medios (las concesiones económicas y políticas)
Juan José González
Los Presupuestos Generales del Estado para 2016, aprobados antes de las elecciones de diciembre pasado parecían la mejor baza con la que contaba el Ejecutivo para revalidar el Gobierno, no necesariamente en mayoría. Eran unos Presupuestos que se consideraban esenciales para el triunfo en unas elecciones generales y para tal efecto el documento estaba conformado por multitud de propuestas y posiciones con el objetivo de garantizar la continuidad de la política económica ya conocida. Eran por tanto, una baza, la principal, económica. El resultado de las nuevas elecciones del 26J, da otra vez al Gobierno la posibilidad de elaborar el próximo Presupuesto del Estado, si bien, con la inclusión de nuevos matices, tanto económicos como políticos, fruto de los pactos y exigencias de los apoyos que pueda necesitar para gobernar con cierta estabilidad. Comprometido en exceso.
El paréntesis vacacional tendrá en esta ocasión una excepción para el equipo de técnicos y políticos encargados de pergeñar el Presupuesto de 2017. No sólo recogerá las promesas de empleo, gastos, ajustes de partidas destinados a reducir el déficit y demás compromisos firmados con Bruselas. Reunirá las promesas electorales que dieron el triunfo a la formación del Partido Popular con una mayoría minoritaria pero que necesitará el concurso de varias formaciones políticas para poder llevar a cabo la acción de gobierno. Una tarea nada fácil puesto que el documento deberá admitir las propuestas negociadas por todas las partes. Será un presupuesto que, como el de 2016 en vigor, seguirá atado a las mismas exigencias económicas contempladas en los presupuestos de 2015 y 2016. 

La necesaria colaboración de otras fuerzas políticas para lograr la aprobación de la misma ley presupuestaria, así como de otras que proponga el nuevo Gobierno, obligarán al Ejecutivo a introducir un buen número de concesiones a las Comunidades autónomas que, como se sabe, y como la propia naturaleza del documento exige, serán en forma de dinero. Viene a colación el escenario de 1996 y el Pacto del Majestic, cuando José María Aznar necesitaba 20 diputados para alcanzar una mayoría absoluta que consiguió pactando con la Convergència i Unio de Jordi Pujol: a cambio cedió a las Comunidades la recaudación del 33% del IRPF y del 35% del IVA (amén de otras concesiones no dinerarias de carácter institucional).

Algo muy parecido podría suceder en la actualidad si, como es previsible, el partido en el Gobierno convence a Ciudadanos, PNV, además del voto del diputado de Coalición Canarias. Las tres formaciones estarían muy interesadas en concesiones económicas, como las del Majestic, pero también en otras de carácter institucional. Los presupuestos públicos financian en España la sanidad, la educación, el desempleo, la dependencia y la `subsidiación´ de puestos de trabajo, actividades culturales, formativas, vacacionales, inmobiliarias entre otras muchas. 

Las pensiones, la sanidad y las Autonomías se van a convertir, seguramente, en los puntos más fuertes que tendrán que abordar los negociadores, en caso de una alianza de legislatura. Junto a estas partidas es probable que se deban crear otras destinadas a corregir los desequilibrios que, en el caso de las pensiones, obligarán a detraer recursos de otras partidas o bien, a crear nuevos impuestos, nuevas vías de ingresos para corregir los desajustes.

La elaboración del Presupuesto de 2017, tan exigido por la necesidad de crear empleo como por la obligación de reducir el déficit, no va a resultar sencilla. Será diferente sólo en parte, puesto que el nuevo Gobierno no cederá un ápice en su política económica. No faltarán las reformas que afectarán al mercado laboral y al sistema de la Seguridad Social que a buen seguro serán la base de la negociación con sus posibles socios. Aunque resulta difícil imaginar cualquier acuerdo político sobre la base de un Presupuesto tan requerido por las urgencias, limitado de recursos y exigido por los compromisos. Precisará de los negociadores grandes dosis de imaginación.

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