edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
10/12/2009
Según Bohigas Schubert, "observador" de España de la CE
José Luís rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno

El programa de Zapatero para la presidencia europea está desenfocado y es pretencioso

El arduo cometido que España se ha impuesto puede verse “descafeinado” por varias modificaciones impuestas por el Tratado de Lisboa
Beatriz Lorenzo

La definen desde los púlpitos del Gobierno como una presidencia de índole “transformadora” y no “gestora”. Innovación económica, tecnológica e institucional, la reafirmación y profundización en la Europa social y solidaria, la adaptación del viejo continente a un mundo multipolar al que hable "con una sola voz" a la par que drásticos objetivos en el ámbito de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. La presidencia española de la Unión Europea, que dará inicio en menos de un mes de la mano de Bélgica y Hungría, está jalonada de metas numerosas, no menos ambiciosas y muy diversificadas, lo que ha dado lugar a que cunda la desconfianza en ciertos sectores del ámbito institucional europeo. “ Desenfocada” y “ambiciosa en demasía” han sido los objetivos dedicados a la agenda de la presidencia española de la UE por Buhigas Schubert, consultor sobre asuntos europeos y miembro del equipo español de la Comisión Europea. Ya el Tratado de Lisboa esgrimía unos objetivos ambiciosos en exceso, ya que se pensaba que las tecnologías iban a tener una penetración social y económica más rápida de lo que la han tenido en Europa. Schubert ha manifestado su temor a que las metas de España para su presidencia europea sigan los mismos derroteros y den lugar a demasiados frentes abiertos sin que ninguno de ellos pueda ser abordado con eficacia. El analista también fue crítico de la arquitectura institucional de la Unión Europea, nueva, confusa y equívoca, en su opinión, para los ciudadanos que siguen ignorando demasiados aspectos clave acerca del ámbito europeo. El caos institucional –un presidente para el Consejo, uno para la Comisión, otro para el Parlamento Europeo y 27 primeros ministros- abunda también en el desconcierto de una ciudadanía que todavía se siente alejada de los asuntos europeos.

Ciertamente, un somero análisis de la agenda que España ha previsto para su etapa presidencial que comenzará el próximo mes de enero y terminará en junio, da fe de un compendio de citas y compromisos que se antojan excesivos. Durante el próximo mes de mayo, uno de los meses más “completos”, tendrán lugar nada menos que media docena de cumbres bilaterales, además de reuniones con Obama y otra veintena de jefes de Estado europeos y latinoamericanos…Un continuo baile político y diplomático que situará a España en el punto de mira del mundo entero, una situación para la que muchos creen que el país no está del todo preparado; sobre todo si tenemos en cuenta que, hasta la fecha, España ha influido más bien poco-por no decir nada- en la definición de los actuales bastones de mando en la cúpula europea, los “cachorros” del tratado de Lisboa. No deja tampoco de ser llamativa la combinación entre la situación de las economías motrices europeas, que comenzaron a remontar de la crisis el pasado verano, y una España que no acaba de ver la luz a través de un largo túnel dinamitado por el desempleo y la parálisis del consumo.

UNA TAREA HERCÚLEA

Mientras tanto, desde el Gobierno siguen anunciando a bombo y platillo las futuras bonanzas derivadas de la presidencia de España en la UE. El pasado martes, el Secretario de Estado español para Asuntos Europeos, Diego López Garrido, aseguraba en un think-tank celebrado en Bruselas que España “crearía precedentes” durante su gestión europea y marcaría “ la transición desde el modelo antiguo iniciado con el Tratado de Niza hasta una nueva era”.  Realmente parecen difíciles de abordar los numerosos restos prefijados; el más importante de ellos pasa por la recuperación de la crisis económica y la creación de puestos de trabajo, meta paradójica para un país que ostenta la mayor tasa de desempleo en la zona euro –un 19,3% el pasado mes de octubre sólo superada por Letonia con un 20%-. Al mismo tiempo, Europa tiene que consolidar su papel en la escena internacional en un momento en que las potencias emergentes, especialmente China, están logrando un mayor protagonismo. Para ello, la Unión tendrá que resolver retos específicos en materia de energía, regulación financiera, cambio climático, inmigración, agricultura, ampliación y política exterior.

Por otra parte, el arduo cometido que España tiene ante sí se ve agravado por un clima de desconfianza e insatisfacción institucional y ciudadana que contribuirán a un mandato, a decir de los expertos, descafeinado a la par que temerario. La antorcha de esperanza y triunfo que el Gobierno de Zapatero ha querido encender durante estos meses previos se verá languidecer rápidamente a la sombra de varios de los cambios que vienen de la mano del Tratado de Lisboa y que pueden hacer que José Luis Rodríguez Zapatero, ocupe un segundo plano durante su mandato.  Así, mientras otros mandatarios han podido aprovechar su paso por la presidencia rotatoria para sacar adelante temas que interesaban a su país y aumentar su protagonismo en Europa, Zapatero no podrá utilizar esta oportunidad por la existencia, entre otras cosas, de un nuevo presidente permanente del Consejo Europeo, que será el encargado de presidir las reuniones al más alto nivel.

UN MANDATO COARTADO

Así pues, a las dudas esgrimidas por Buhigas Schubert se han unido las de otros expertos como el eurodiputado Alejo de Vidal Quadras que consideró ayer mismo en el marco de un seminario organizado por el European Journalism Center en Bruselas que la presidencia de Zapatero se va a convertir en un mandato "de transición" en el que lo mejor que puede hacer España es intentar liderar el cambio institucional. Modificaciones introducidas por el Tratado de Lisboa como la creación de un presidente permanente en el Consejo Europeo, la creación de la Alta Representante de Política Exterior y el establecimiento del trío de presidencias rotatorias, han obligado a Zapatero a negociar sus prioridades y estrategias con los que serán sus sucesores, el presidente belga y el húngaro y han afectado en gran medida al mandato español, ya que supondrán una limitación a la hora de sacar partido a la presidencia.

A la par, figuras tan importantes- y últimamente tan en el candelero- como la Alta Representante de la Política Exterior y el presidente permanente del Consejo Europeo pueden restar cierto protagonismo a España, pero cumplen con el objetivo de otorgar a la UE una representación más coherente de los estados miembros, algo que un buen sector de la Comisión Europea considera más que urgente si se quiere tener la más mínima relevancia en la “foto” internacional.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2017 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...