edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
03/12/2010
Mientras el problema energético sigue empeorando

El pulso entre Zapatero, Salgado y Sebastián prolonga en el ‘sillón maldito’ de Energía a Marín y envenena la sucesión

Aunque Marín no podría llegar a Irena hasta abril y pactó con el ministro continuar, Sebastián quiere ahora que se vaya ya, es su única decisión
El ministro busca aupar algún técnico de su confianza; Salgado, supervisión sobre la política energética; Zapatero, un reemplazo a la desilusión con Sebastián
Miguel Sebastián, ministro de Industria
Javier Aldecoa

Intentaba conservar aún en la nevera de Castellana 160 el cadáver político de su secretario de Estado de Energía. Hace más de un mes que Pedro Marín deja caer allá por donde pasa su voluntad de escapar de su cargo si consigue la presidencia de la Agencia Internacional de Energías Renovables en abril. Sebastián probó a disfrazar de despido o de cese bajo control lo que primero iba a ser una dimisión unilateral de Marín -que su superior no quiso aceptar en octubre- y luego una avanzadilla diplomática para ‘vengar’ el golpe galo de 2009 y recuperar para España la presidencia de IRENA.  El Ministro intentaba hasta esta semana estirar el tiempo muerto, al menos hasta acabar de despejar los tres Reales Decretos de retribución a las renovables, la titulización del déficit de tarifa y el futuro del Real Decreto de incentivos al carbón. Con las maletas hechas, Marín tenía todas las papeletas para convertirse en el chivo expiatorio de la guerra abierta con Presidencia, Economía y la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos. Pero las demoras en la titulización del déficit por un error de tramitación, el impasse en el Pacto de Estado y la tramitación del Real Decreto del carbón y su judicialización han desatado las iras de Salgado, Rubalcaba y Zapatero con Sebastián, tanto como los deseos de aprovechar el vacío de Marín.

Sebastián ya había delegado en él y en Hernández desde principios de año la digestión del ATC, la guerra con las fotovoltaicas, las molestias de las eléctricas, o el lobby encargado por Zapatero con los ‘barones’ socialistas del carbón. Y si los desencuentros con Salgado, Ocaña y Serrano le han acelerado a Sebastián la crónica de esta ‘inmolación’ anunciada, la búsqueda del sucesor de Marín le evidencia que Energía ya no es su negociado. No podrá escoger a su medida, como hizo en 2008, cuando convirtió a Marín -entonces amigo- en su aliado energético ante Moncloa. El ministro se tiene ahora que conformar con ponerle fecha y acelerar su salida a enero. Otra cosa será sus apellidos.

El titular de Industria se ha limitado a ser un convidado casi de piedra en todo el ‘affaire’ Marín, ha llegado tarde a cada uno de sus nuevos capítulos. Semanas después de que el propio Secretario de Estado dejara caer su incomodidad en el Ministerio, Sebastián se empeñaba en desacreditar, en sus discursos oficiales, el adiós de su mano derecha. “Ni ha dimitido, ni ha sido cesado, ni va a dimitir, ni va a ser cesado”, aseguraba el ministro durante su gira en Bogotá, el 11 de noviembre, aunque ya Marín había dado a conocer su voluntad de hacer candidatura a la Presidencia de Irena y él mismo, en persona, se lo había anunciado al ministro, tras la dimisión  en octubre de la directora interina del organismo, la francesa Hélène Pelosse. “El que tenga prisas porque se vaya el secretario de Estado de Energía tendrá que esperar”, insistía aún Sebastián una semana después. Sólo tras la reunión de Marín -por cierto, en su mismísimo despacho de Castellana 160- con los representantes de las renovables españolas para buscar apoyo a su elección en Irena y después de dos semanas de quinielas, el Ministro anunciaba que “ya tiene perfil para el nuevo secretario de Estado”. Aunque, eso sí, se guarda sus apellidos al menos tres semanas más. A la fuerza ahorcan.

Por la lista de ‘secretariables’ -más de una veintena han estado en liza desde que en octubre Marín hacía saber ‘soto voce’ su ‘tocata y fuga’- ya no pasan sólo las sugerencias del ministro Sebastián, que busca todavía salvar ‘muebles del naufragio’ y catapultar, desde las segundas filas de Industria hasta la Secretaría de Estado a algún técnico menos ‘levantisco’ que Marín, que le permita retomar las riendas de la Energía (al menos dentro de los muros de Castellana 160) y hacer causa común ante la avanzadilla de Salgado, Rubalcaba y el mismísimo Zapatero.

Sebastián ha intentado encontrar a ‘su hombre’ entre sus asesores de confianza y altos técnicos del IDAE, el CDTI, o incluso entre los apellidos con más experiencia en OMEL -ahora que las eléctricas piden una reforma de la bolsa del operador del mercado mayorista de la electricidad-, la Comisión Nacional de la Energía -lo que le permitiría rebajar tensiones con el nuevo regulador cuando se reforme tras la LES- o algún Think Tank o Fundación de su sintonía. Durante más de tres semanas no ha tenido suerte, aunque ha tentado incluso a ex altos directivos relacionados con la energía durante Ejecutivos socialistas y otros procesos regulatorios del sistema eléctrico. Ni el cronómetro en un nombramiento llamado en el mejor de los casos a un año y medio de duración -hasta las elecciones de 2012-, ni el ‘menú’ de las digestiones pendientes se lo ponen fácil a Sebastián.

SALGADO Y ZAPATERO QUIEREN SITIO EN ENERGÍA

Todo lo contrario: abonan las opciones de influencia de Salgado y Presidencia para imponer un perfil más político, que haga valer el carnet de Ferraz y cierre filas con Economía y Zapatero, ahora que la vicepresidenta y Carlos Ocaña chocan modelo con Industria y quieren tener la última palabra en las repercusiones de la política energética sobre el déficit público. Saben que a pesar de que Sebastián intentará hasta el último minuto que Marín se lleve con él las facturas del Real Decreto del carbón, del Almacén Temporal Centralizado de Residuos y el tijeretazo a las instalaciones fotovoltaicas, sobre la mesa del futuro secretario de Estado se encontrará no sólo con un déficit de tarifa de más de 16.000 millones aún por digerir, que según la última liquidación de la CNE, el déficit de tarifa no ha hecho más que seguir creciendo, aún con más intensidad, lo justo para haber superado ya en un 20% las previsiones el propio Ministerio de Industria.

Tendrá que hacer frente a la mayoría de la regulación ‘verde’ por ultimar. Hoy no hay ni rastro de la prometida Ley de Energías Renovables, de la nueva regulación de Eficiencia Energética, o la Ley de Residuos. Para la Subcomisión de Estrategia Energética del Congreso no es necesario que España supere el objetivo europeo de que las energías verdes aporten el 20% del consumo final de energía. Pero el Gobierno, en sus propuestas, fija que las renovables cubrirán en 2020 el 22,7% tras duplicar su producción respecto a 2009. En lo que va de año Industria ha modificado su propuesta de mix tres veces y todavía se anuncian nuevos cambios a partir de diciembre en el PER.

Miguel Sebastián no podrá reproducir esta vez el proceso con el que consiguió en abril de 2008 reemplazar a Ignasi Nieto, después de tres años al frente de la política energética (y de paso a la subsecretaria, Gómez Condado). No sólo porque ya no le quedan aliados de tanta confianza como era Marín cuando decidió empezar su aventura como ministro apoyándose en él y elevando de rango de la Secretaría General de Energía a Secretaría de Estado. Es que la sintonía con la que escogió como su mano derecha energética a Marín (después de haber compartido aulas universitarias con él en la Carlos III, donde era decano de Economía, y cuitas en la Oficina Económica del Gobierno), se ha evaporado a la misma velocidad que la independencia de Moncloa hacia la política energética de su ministro. Sebastián ha visto cómo Zapatero imponía en agosto la marcha atrás en el recorte retroactivo a las primas renovables que cocinó durante meses; las presiones de las CCAA socialistas influyeron para la amnistía de facto en la fotovoltaica confesa de fraude con el Real Decreto de Transitividad del 5 de agosto; Moncloa le revocó a Sebastián la adjudicación del ATC a Zarra en septiembre, blindó la tarifa eléctrica en julio (aunque cedió el 1 de octubre), no quiere ‘céntimo verde’ y no permite debate nuclear hasta al menos 2015.

SEBASTIÁN, ACORRALADO EN SU SOLEDAD

La vicepresidenta está ‘en racha’ con Zapatero y ha empezado a reproducir en la política energética la misma intervención que en todos los ‘negociados’ de Sebastián. Le han llovido el bloqueo judicial al Decreto del carbón, las demoras en la titulización del déficit de tarifa -inicialmente por un error de tramitación, cuando la gestora de fondos Titulización de Activos (TdA) pedía a la CNMV a finales de octubre que no registrara el folleto-, el impasse en el Pacto de Estado que Montoro y él consideraban su ‘criatura’ más personal y el acuerdo descafeinado y sin el PP en la Subcomisión del Congreso para un mix a 25 años. Y en todos ellos, Zapatero le ha puesto sus apellidos a la culpabilidad y sus dictados a la obediencia. En Moncloa no le han perdonado al Ministro la decisión técnica de no tramitar los incentivos de consumo al carbón autóctono como un decreto ley, con lo que las empresas hubieran visto cerrada la vía judicial del Supremo y de la Audiencia. Y para satisfacción de Presidencia y de Hacienda -nada partidarios de más cargas fiscales  que recaigan en los consumidores y menos aún si son finalistas- la ambigüedad del documento de la Subcomisión del Congreso para el mix hasta 2035 se lo pone más difícil a Industria para revivir una promesa electoral incluida en 2008 por el PSOE  en el borrador de su programa y que luego ‘dejó caer’.

La salida de Pedro Marín del Ministerio es sólo la gota que acaba de rebasar el memorial de agravios y de desplazar a Sebastián en Industria y ante Economía y Presidencia, con sus propias armas. Al fin y al cabo, ya desde enero de 2010, durante todo el semestre de la presidencia española de la UE empezó a dejar en manos de Marín y de su director general de Energía, Antonio Hernández, algunos de los  ‘muertos’ más embarazosos del sector, las relaciones con los actores más incómodos (las renovables para empezar) y los puentes con Moncloa ante las dos imposiciones personales del Presidente Zapatero: el incentivo al consumo de carbón autóctono y el tentetieso a la energía nuclear (Garoña, vida útil de los reactores y ubicación del Almacén Temporal). Lo ha hecho hasta el último segundo, aún a costa de arriesgarse a que fuera Marín el depositario de los endebles puentes con las eléctricas, las renovables, el presidente y los 'think tanks' más cercanos a Ferraz. Se lo recordaba el propio Marín con su último 'tour de force', al convocar el respaldo público (aún en plena regulación pendiente aún del sector) de las principales asociaciones renovables para sus planes profesionales en Irena. Lo hacían desde Secartis, hasta Protermosolar, pasando por la Asociación Empresarial Fotovoltaica (AEF), la Asociación de Productores de Energías Renovables (Appa), la Asociación Empresarial Eólica (AEE), o la Asociación Solar de la Industria Térmica.

Y es que Marín se convirtió en la cara oficial para la foto del acuerdo marco con las patronales eólicas y termosolares fraguado en agosto. Después de dos meses de retrasos, con el Real Decreto para la fotovoltaica aparcado en el Consejo de Estado y el Consejo de Ministros, no era otro que el Director General de Política Energética y Minas, Antonio Hernández, el que avanzaba la nueva regulación fotovoltaica con 72 horas de antelación y el vicepresidente Pérez Rubalcaba el escogido por Moncloa para anunciarla, explicarla ante el silencio de Sebastián y Marín y -de paso- ponerle fecha a toda la regulación renovable pendiente desde hace un semestre. No es casual que fuera también el Secretario de Estado el encargado el viernes 17 de septiembre -por cierto, con diferentes interlocutores y mensajes que Sebastián- de intentar poner de largo la decisión sobre el ATC que luego De la Vega chafó. Marín llegó a comunicar formalmente, antes del Consejo de Ministros de ese día a José María Barreda su ‘alivio’ ante el municipio de Yebra (Guadalajara) y Villar de Cañas (Cuenca), y al vicepresidente valenciano sus ‘opciones’ preferentes. Menos casual aún es que en el tiempo muerto de su dimisión anunciada, desde octubre Marín se haya convertido en la única cara visible de Industria ante los ‘barones’ del carbón, el interlocutor junto a Hernández en el lobby español para el Parlamento Europeo y la prórroga al Reglamento de ayudas comunitarias hasta 2018.

En tanto Moncloa escenifica un reemplazo para Marín que le permita mayor influencia sobre el Ministerio, Sebastián camina ya solo y de puntillas en la cornisa de Castellana 160, maniatado por la voz de Rubalcaba, la herencia de De la Vega, las decisiones de Zapatero y las líneas rojas de Salgado y la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos. Aspiraba a ubicar el ATC y a dejar que el carbón cayera ante Bruselas por su propio peso. Pero ahora hace la ‘guerra fría’ a Moncloa, ya sólo por abdicación. Intenta que Herrera, Areces e Iglesias peleen por su cuenta el Reglamento ante Bruselas más allá de 2014 y que Hernández y Alonso gestionen a domicilio el impasse del Real Decreto de incentivos del carbón, ahora que Zapatero hace oídos sordos a las presiones de las autonomías mineras sobre las eléctricas; Blanco apadrina la Comisión de Seguimiento de las térmicas, Salgado tiene las riendas de la titulización la deuda eléctrica con el aval del Estado y, desde ahora, Economía, voz y voto en la negociación futura con las eléctricas.

Ahora, es el propio titular de Industria el que ha tenido que reconocer que será Elena Salgado en persona la única habilitada para supervisar un Pacto de Estado de Energía que desde Economía quieren ahora revivir o dar por muerto de forma definitiva.  Tras rebajarle a Sebastián dos Secretarías de Estado, recortar un 13% su presupuesto y dejar en fuera de juego el perfil de su internacionalización (reducido en torno al 50%), le quitan la capitanía de la Comisión de Política Industrial, retrasan el PIN 2020 y Salgado se hace sitio en el futuro de la CNE y la CMT. Ni siquiera su rehabilitación con el sector tecnológico tiene el horizonte despejado, por más que estire las costuras del Plan Avanza2 y haga guiños a una red a medida a las telecos. Las presiones de Salgado para fiscalizar a las operadoras y amortizar las frecuencias móviles, los compromisos con el PNV ante la CMT, la herencia ‘audiovisual’ de De la Vega (en la LGA, el CEMA y las tasas a las operadoras) y la ‘Ley Sinde’ le complican el sector TIC.

IRENA, UNA SALIDA NO TAN DESPEJADA

En Industria han dejado que Pedro Marín se cocine a solas su propio punto de fuga del Ministerio. Y ya no tan a escondidas: hace apenas una semana, el 26 de noviembre, el Consejo de Ministros aprobaba la firma ‘ad referendum’ del Estatuto de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) y la enviaba a las Cortes para su ratificación. Unas prisas nada casuales, que llegan ahora y sólo ahora, dos años después de que viera la luz Irena, una agencia apadrinada en su momento desde Madrid y Berlín, hasta tal punto que, después de su  Conferencia Preparatoria Final en 2008 en Madrid, cuando nació oficialmente en Bonn el 26 de enero de 2009, en Moncloa y la Secretaría de Estado de Energía se daba por hecho que entre Alemania, España y Dinamarca -los tres fundadores- se repartirían la sede, la presidencia y la dirección general. 

Ahora el argumento oficial desde Presidencia es que “el liderazgo mundial de España en renovables y la relevante presencia internacional de empresas del sector hacen aconsejable” e improrrogable el ingreso en Irena. Pero la retórica de Moncloa y la Secretaría no opacan la “ilusión profesional” de Pedro Marín por retirarse a Abu Dhabi, aunque se lo fíen largo. Al fin y al cabo, ha estado presente en la mayoría de reuniones desde la creación de la primera agencia que se dedique en exclusiva a las renovables, para asesorar a los estados miembros en la mejora de la explotación de esas energías. No será hasta abril la elección final, en la Asamblea General de Irena en la que, junto a Marín, en el mejor de los casos, llegarán otros tres candidatos. Una elección complicada para el aún Secretario de Estado de Energía, no sólo porque ya hay un " ejecutivo español en este organismo, Hugo Lucas, sino porque el lobby español tendrá que enfrentar las mismas presiones que han empujado a la dimisión a Pelosse. Lo sabe bien el ex director del Centro Español de Energías Renovables (CENER) Juan Ormazabal, propuesto por el departamento que dirige Miguel Sebastián y fue presentado formalmente por el Ejecutivo a través del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación en abril de 2009.

Entonces ya la geometría energética de Sebastián, Elena Espinosa y Miguel Ángel Moratinos topaba con los espejos cóncavos del Elíseo y los muros de los Emiratos Árabes, tras el fracaso del Itter que acabó en Cadarache y el adiós a la fuente de espaliación de neutrones. España rindió la sede de Irena -que había estado prevista en Navarra- a manos de Abu Dhabi y su ciudad verde de Masdar. Dos ‘picas’ ibéricas en la cúspide de Irena parecían demasiado. Madrid ya había acordado con los emiratos tenderles la alfombra roja a la cooperación europea y hacerles de ‘introductor’ de embajadores a las renovables latinoamericanas a cambio de la dirección general. Pero para el gobierno de Sarkozy, a la hora de la verdad, la pinza de la sintonía gala petrolera con Abu Dhabi y la hermandad entre sus galones nucleares y los hidrocarburos de Oriente Medio pudieron más que los compromisos ibéricos y le despejaron el camino a Pelosse, hasta entonces adjunta de Estado Mayor para asuntos internacionales. Tanto como las promesas de los Emiratos, que apoyan a la agencia con una subvención de 136 millones de dólares por seis años, cubren todos los costos operativos a perpetuidad y han creado, a través del Fondo de Abu Dhabi para el Desarrollo, una donación especial de 50 millones de dólares anuales para préstamos en apoyo a proyectos de energía renovable en el mundo en desarrollo. Un horizonte en el que han naufragado un año y medio de gestión de Pelosse, pero no las pretensiones de control de los Emiratos, aún sede del organismo, con el proyecto de la ciudad de Masdar, en Abu Dhabi cuyo objetivo es funcionar con un nivel cero de emisiones de CO2.

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