edición: 2914 , Jueves, 27 febrero 2020
02/01/2017
Nuevas valoraciones a partir de enero

El rating de España lucha contra la deuda y el desempleo

Se aleja de la zona del bono basura pero no remonta y además el rescate de infraestructuras lo pone más difícil
Juan José González
Si una imagen -se dice- vale más que mil palabras, habría que analizar a fondo la que resulta de la nota de riesgo del país elaborada por las agencias de calificación. Es cierto que estas notas, juicios técnicos de valor en base a datos objetivos, son producto de reflexiones que tienen en cuenta numerosos avatares. Y de avatares ha estado plagada la vida política, social y económica española en los últimos meses. Quizá las agencias calificadoras deberían tomar en consideración que el último año político, tan infrecuente como insólito en la historia contemporánea española, casi todo un año de impasse con el Ejecutivo en funciones -más de un año en la práctica efectiva- ha podido influir de tal manera e intensidad que al final, la imagen proyectada resulta ser una sombra tan amplia e intensa que condena a España -al riesgo- a un rating que no se mueve en el conjunto de 2016, pero que tampoco varía, salvo muy ligeros matices, en los dos últimos años. Aunque a partir de enero, las agencias ofrecerán nuevas notas de rating y con estas nuevas valoraciones.
Así, el rating español bien puede representar el escaso avance de su sociedad, de su economía y de su política frente a la euforia de algunas cifras oficiales. Porque de rating tan estable se puede desprender también la ausencia de avances, de freno en el camino hacia la recuperación económica. Todo indica, a tenor de algunas opiniones de analistas, que habrá mejoras en las notas y que las calificaciones de 2017 serán más favorables a la inversión extranjera en España y, por tanto, a mejorar el clima económico y laboral, éste último el más afectado y retrasado en el camino hacia la recuperación. 

Es probable que en el nuevo escenario europeo, lleno de citas electorales -y muy relevantes- la nota sobre España no refleje una mejoría genérica, dado que se trata de eventos que, como los electorales, crean un amplio terreno de incertidumbre. Y si se trata de clientes comerciales como Francia y Alemania, mayor incertidumbre para la economía española en los próximos meses. De la misma forma cabe la posibilidad de que la economía española se vea favorecida en contraste con la inestabilidad e incertidumbre política en esas dos economías, las de mayor peso de la Unión.

Avatares próximos al margen, la imagen que proyecta la economía española, España, como quinta peor nota de la Eurozona (Moody´s, Baa2; S&P, BBB+ y Fitch, BBB+) tan sólo por delante de Italia, Portugal, Chipre y Grecia, puede tener numerosas valoraciones positivas en tanto que ha mantenido el nivel y no ha retrocedido, pero no consigue salir de ese grupo de economías próximas al bono basura (caso de Grecia). Quizá España, aunque todavía muy lejos de una triple A, sí puede asomarse en breve a la zona intermedia en la que se mueven economías más estables en líneas generales, caso de Francia, y comenzar a recoger alguna A en su nota.

Los inversores, sin embargo, no son muy optimistas respecto a que la nota de España regrese a la zona de las `aes´ al considerar que los desequilibrios de la deuda pública y del elevado desempleo pesan demasiado sobre la actividad económica, tanto como para que sigan actuando como dos fuertes lastres de la economía a lo largo de los próximos años. Que la expansión económica anual estimada se mantenga sobre el 2,2% no resuelve el signo de las valoraciones de las calificadoras ni despeja el horizonte de incertidumbre, tan sólo evita que la calificación no entre en zona peligrosa, más cerca del bono basura.

La imagen de un país que aparece en el inicio de 2017 más centrado en la senda de la recuperación puede sufrir algún revés si las agencias de rating, como también las empresas extranjeras o los grandes fondos de inversión internacionales, valoran de forma negativa algunos aspectos últimos, muy recientes en la vida económica y política española. Se trata de la nacionalización de las autopistas de peaje, un rescate que no deja en buen lugar al Ejecutivo -a ninguno- en tanto que la operación de salvamento de estas costosas infraestructuras se hará con dinero público, a cuenta de un déficit y una deuda pública tan necesitados que hacen tambalear las pensiones.

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