edición: 2740 , Lunes, 17 junio 2019
27/02/2009
El modelo clásico de agencia tiene los meses contados

El rating tendrá, al fin, orden y mayor supervisión

Juan José González

Nueva ofensiva contra las agencias de calificación, Standard & Poor´s, Moody´s y Fitch, las tres agencias de rating más conocidas del mundo, las tres estadounidenses. Pero en esta ocasión parece que va en serio, porque todos los países de la Unión Europea, los 27 sin excepción, EE UU, Canadá y Japón se han puesto de acuerdo en que hay que resolver el problema cuanto antes.

Para ello, se proponen hacer una separación clara y radical de las actividades de calificación o rating, de otras como las de asesoramiento. Un paso que ya es un gran paso. Pero además, hay unanimidad en que el modelo de las citadas agencias debe cambiar por completo. Todo ello, contando con que se trata de empresas privadas que funcionan en el libre mercado, aunque por esta vez todo indica que la legislación ‘post-crisis’ no vaya a respetar las distinciones más “clásicas”; porque el modelo tiene los meses contados.

Cambiar el modelo les va a suponer a estas sociedades de calificación modificar muchas cosas, como por ejemplo, la propiedad y la transparencia en sus actividades, y de paso varios criterios de calificación que eliminen algunos de esos “enigmas” que se desprenden de sus informes, como por ejemplo, la última nota de calificación a la deuda española, saldada con una dolorosa rebaja, cuando al mismo tiempo no modificó la de Reino Unido. Uno de los aspectos del cambio -de capital importancia, y seguramente polémico- tiene que ver con los supervisores de cada país, muy acostumbrados, por tradición, a delegar responsabilidades de las calificaciones de riesgo y crediticias en estas agencias.

Y así un montón de ejemplos incomprensibles. Metidos de lleno en las situaciones clamorosas de fallos cometidos por las agencias, permanece en la memoria lo sucedido en Enron, con un alto rating cuando la quiebra ya se podía leer en la prensa. O los fiascos más próximos de Afinsa y Forum Filatélico, ambas con aceptables rating hasta el mismo momento en que ocuparon, igualmente, las primeras páginas de la prensa nacional. Después de cada metedura de pata, alguna de las tres populares agencias señala en su página web, con sincero reconocimiento del patinazo, que “deberán mejorar la forma de trabajar”. Pues bien, pasan los meses y no parece haber avances ni movimientos que indiquen un cambio o mejora en la forma de calificar.

Ahora las agencias se temen lo peor, porque saben que cuando muchas instituciones, Estados y empresas se ponen de acuerdo para hacer cambios, significa que habrá reformas, y muchas. Los vientos, y los tiempos, traen nuevas (y profundas) regulaciones para bancos, aseguradoras y mercados de renta, los núcleos más activos del sistema financiero donde se han puesto de relieve los principales fallos en regulación y supervisión. Así que, han sido los supervisores los primeros en identificar las lagunas, grietas o, en muchos casos, voraces agujeros negros, y serán ellos también los encargados de continuar lo que los Estados y Gobiernos han puesto en marcha.

Las agencias de calificación temen que la nueva normativa que recoja los cambios que afecten a su funcionamiento, camine paralelamente a la de bancos, aseguradoras, empresas y bolsas. Y lo temen con razón porque la intención de los supervisores es considerar el rating en el mismo capítulo que las entidades financieras, el cual se pretende que comience a implantarse en enero de 2010.

Otro problema que deberán resolver al tiempo será la curiosa dependencia que las calificaciones tienen del mismo negocio de las agencias. Es decir, las compañías y Estados que buscan rating altos, acaban consiguiendo rating alto, como no podía ser de otra manera, ya que si no es así, el cliente o no paga o no llega a firmar la operación. Si las agencias otorgan rating bajos pierden mercado, pierden negocio. Y la única forma de resolver el problema, ahora que hay algo más que decidida voluntad, es subvertir ese sistema de dependencia.

Es perfectamente posible acotar el campo de trabajo de estas agencias, a través de requerimientos básicos como el tiempo de elaboración del informe, la presentación pública del mismo, la transparencia de la información, etc. Lo que esta claro es que como consecuencia de la crisis, se va a producir una avalancha de nueva regulación que conllevará mayor control y supervisión, también menos libertad, aunque posiblemente más seguridad y certidumbre.

Pero esta es una de las tareas que ya tiene capítulo especial en el programa para la próxima cumbre del G 20.

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