edición: 2852 , Viernes, 22 noviembre 2019
21/04/2016
banca 
Terapias que pasan factura

El reajuste bancario aumenta la desconfianza de los clientes

Despidos, bajas, cierres, escándalos, salarios de ejecutivos, minan la credibilidad y el prestigio del sector financiero
Juan José González
Bancos y sindicatos pactan un nuevo convenio laboral, al parecer orientado hacia el ajuste en marcha del sector financiero, provocado por la ola digital y con carácter de urgencia. Nueva escala laboral, con incrementos salariales fijados para los próximos tres años, que vienen a restar protagonismo a los resultados trimestrales que se conocerán en breve. Coincide la actualidad laboral en la banca española con un novedoso acontecimiento de rebelión accionarial en la petrolera británica BP. Un precedente llamado a influir en los sueldos de la alta dirección. En el primer caso, se trata de una terapia de ajuste a la plantilla que afecta al grueso de la masa laboral. En el segundo se persigue un ajuste salarial aplicado a quien dirige la gestión de la empresa. Directivo que no lo hizo bien o empresa a la que le salió mal. El caso es que BP tuvo que despedir a 4.000 empleados, pérdidas mil millonarias. Ahora el 60% de sus accionistas exigen también -en votación- un ajuste salarial para el primer ejecutivo.
Una y otra, ajuste salarial y laboral en la banca y deseo de los accionistas en `ajustarle las cuentas´ al primer ejecutivo de la petrolera, parecen las dos caras de la misma moneda. Se justifica el ajuste bancario en la necesidad de adaptar el tamaño, el volumen o la capacidad industrial instalada a los costes, al mercado, a la demanda y, también, a la estrechez de los márgenes que ponen en riesgo los beneficios bancarios. Aunque con algunos matices y discusiones, la terapia de la banca parece encontrar su justificación en la necesidad de las cifras.

La misma justificación (las cifras) podría aplicarse como terapia contable al mismo directivo a quien los accionistas demandan una reducción salarial más acorde con las voluminosas pérdidas de la petrolera -más 5.100 millones de dólares que obligó a despedir a 4.000 trabajadores-. Sin embargo, va a ser que no, que los accionistas y su votación no vinculante, no servirá al propósito de reducirle el salario por no cumplir con las cifras prometidas. Sí queda, sin embargo, el mensaje claro de los accionistas que, en muchas empresas de Reino Unido, han llegado hasta las mesas de los consejos y provocado un debate que tiene visos de llegar a algún sitio. El mensaje no es otro, sino la necesidad urgente de que las empresas tomen conciencia de lo que piensan y sienten sus accionistas.

Y el mensaje es muy claro: las empresas deben poner límite, freno o control a los salarios desmesurados, a los paquetes retributivos excesivos. Se trataría de establecer una relación razonable entre el grado de cumplimiento de los objetivos de la alta dirección, y una retribución en consecuencia y que, claramente, no tiene mucho que ver con el caso BP. En el mismo sentido deberían ir los cálculos en los recortes laborales y la evolución de los salarios en el sector bancario que ahora se bate en reajuste global. En Reino Unido, el Gobierno ya ha dado su opinión: si las empresas no utilizan la libertad para `cortarse un poco´ en los salarios de la dirección, ya adelanta que intervendrá, a lo que seguramente tratarán de adelantarse las empresas. Pero el aviso ya está dado.

El de BP no es el primer caso en que unos accionistas censuran el exceso de retribución -por reprobación- de la alta dirección. El antecedente, no precisamente un honor, le corresponde al banco RBS por su mala gestión en la crisis financiera de 2008, todo un fiasco y ejemplo de pésima gestión que obligó a modificar las retribuciones de los directivos. Por desgracia no es Reino Unido el único ejemplo, pues en España se apuntan algunos comportamientos con salarios espectaculares que recibieron la reprobación de una parte más o menos representativa de los accionistas -varias cajas de ahorros-.

En cualquier caso, sean los salarios desproporcionados o desorbitados en relación con los resultados obtenidos o el valor aportado a las acciones, beneficios y dividendos, la crisis financiera ofrece un amplio catálogo de eventos y avatares donde figuran los escándalos financieros, los rescates -en ocasiones con dinero público- los recortes de plantillas y las altas retribuciones. Todo suma cuando todo es negativo en un panorama que para el sector bancario parece indicar que todo va de mal en peor. Como peor es que accionistas, clientes o ahorradores a quienes se quiere fidelizar con los servicios y utilidades de la nueva banca digital, pierdan confianza y duden de la reputación del sector, un tanto comprometida con los episodios de los salarios y de los recortes de personal. Un problema el de la confianza, que debería preocupar más a la patronal, al Gobierno y a las entidades financieras, ahora más ocupadas en digitalizar los ajustes.

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