edición: 2366 , Lunes, 18 diciembre 2017
23/01/2017
banca 
¿Fijar un mínimo de red?

El recorte de oficinas bancarias aumenta la exclusión financiera

Ajuste de costes, fusiones y cierre de cajas dejan a más de un millón de clientes sin servicios financieros
Juan José González
Ni moda ni tendencia sino hasta dónde pueden llegar los recortes de las redes de oficinas bancarias. Consecuencia de las nuevas tecnologías, las plataformas digitales quieren sustituir las clásicas oficinas y sucursales bancarias hasta extremos casi impensables. De la misma forma que las gasolineras o las farmacias, las oficinas tienden a cero, a extinguirse y ser sustituida por internet. Los servicios bancarios al público se transforman con el avance de la técnica, pero otro asunto es que los usuarios, personas de edad más avanzada o residentes en zonas rurales aisladas, se convierten en excluidos financieros por el cierre masivo de oficinas bancarias. La desaparición de las cajas de ahorros, que prestaban servicios en poblaciones apartadas y que representaban la integración financiera, ha provocado, en contra de lo previsto, una desbandada por criterios de rentabilidad de las entidades bancarias, dejando sin servicios financieros a miles de pequeños de población, en situación de exclusión financiera.
En principio los efectos del cierre de oficinas bancarias, producto de la reestructuración del sector financiero, alcanzan a núcleos de población pequeños, municipios por debajo de los mil habitantes a los que el paso del tiempo y la crisis financiera ha dejado sin oficina de banco o de la caja. En este sentido, la crisis ha creado `desiertos´ financieros, zonas de exclusión bancaria sin su oficina `de la rural´ o `de la caja´ de turno. Pero con el paso del tiempo, lo que era sólo en principio se ha convertido, como una mancha de aceite que no detiene su avance lento, en un problema mayor. Algunos municipios de más de mil habitantes se ven amenazados por los planes de las entidades bancarias de abandonar la plaza. Núcleos urbanos donde reside población e industrias pequeñas, `pymes´ y autónomos que se ven privados del acceso físico a los servicios bancarios.

Que el censo de oficinas se haya reducido en los años de crisis en cerca del 332%, unas 33.000 oficinas menos, ilustran el tamaño y la velocidad de la `desertización´ acelerada de los servicios bancarios. El sector apunta a que no se puede hablar de abandono y, ni mucho menos, de dejación de funciones o servicios bancarios al público, porque entiende que todos ellos continuan y se mantienen a través de otras vías, online y otras plataformas tecnológicas. 

Y es que la reducción de la red de oficinas ha provocado que en la práctica, la oficina más cercana en poblaciones rurales (en las que por ahora se mantiene una única oficina bancaria) ha pasado de estar a cien metros a los más de trescientos y en otros, donde ya no hay presencia bancaria la oficina más próxima se encuentra a cerca de nueve kilómetros. Este es otro signo más de la exclusión financiera, situación que contrasta con los 40 metros de media que debe recorrer un ciudadano de una población más habitada para abrir la puerta de un banco.

Una cifra que puede ilustrar el avance de la desertización bancaria es la que proporciona el Banco de España en su Memoria de Supervisión, según la cual, al principio de la crisis cerca de un mllón de personas habitaban en municipios donde no había ni una oficina bancaria. La cifra de habitantes sin servicios financieros no ha hecho más que aumentar hasta el 2,3% de los españoles en estos nueve años (cerca de diez) puesto que el cierre de oficinas ha sido muy superior a la salida de habitantes de las zonas rurales. Llama la atención que la cifra de exclusión que ofrece la Memoria del Banco de España coincide -en el año 2008- con las casi 46.200 oficinas del sector bancario que era la cifra más alta registrada por el sector.

De las cifras del citado documento se llega a la conclusión de que, si bien la red de oficinas bancarias en España se encontraba en aquel año (2007) claramente sobredimensionada en comparación con la media de la zona euro y, por tanto, con buena parte de los sistemas bancarios más desarrollados de la Unión Europea, el cierre de oficinas ha superado la lógica de una retirada de la banca de cientos de pueblos y núcleos de población donde coexistían entre tres y cinco entidades. Por tanto, el cierre de oficinas como uno de los puntos de mayor impacto en el público, en la clientela, consecuencia de la reestructuración del sector, cierre de cajas de ahorro así como de las fusiones bancarias, ha corregido, con creces la sobredimensión de la red de oficinas, reducido los costes  y aumentado la `desertización´ bancaria y, por consiguiente, la exclusión financiera. Recordar que con las oficinas bancarias cerradas se han ido también, a su casa, miles de empleados.

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