edición: 2766 , Martes, 23 julio 2019
01/07/2009

El regreso a los principios éticos es el último bastión de las empresas en tiempos de crisis

El G-8 aboga por la recuperación de los valores éticos empresariales
Beatriz Lorenzo

Tres son las principales causas de la actual crisis financiera según Bernard Kligsberg, asesor de la Unesco y Unicef: “unas políticas públicas que  han eliminado los controles de la economía, las lagunas éticas entre los principales líderes corporativos que han derivado en una codicia desenfrenada de los altos ejecutivos y el predominio de una ideología fundamentalista sobre el libre mercado que ha dado al traste con los valores éticos”. En definitiva, una crisis de valores de la sociedad en su conjunto que ahora requiere de la adopción de un nuevo corpus de normas y principios a nivel global. Hoy en día prima la convicción de que las éticas corporativas son necesarias para desarrollar una serie de valores y códigos de comportamiento entre sus miembros para fortalecer de esta manera el conjunto de la corporación. Así opinan también los ministros de Finanzas del G-8 que, coincidiendo con la cumbre celebrada en Italia los días 26 y 27 de este mes, han afirmado, extenso informe mediante, que es fundamental un "replanteamiento del marco del sistema financiero y económico global” y la adopción de “un conjunto de principios comunes que regulen la actividad económica y financiera internacional".

El documento, que  recomienda la cobertura de aspectos como la compensación ejecutiva, la corrupción, el sector bancario, el gobierno corporativo, la fiscalidad y los mercados, admite que la libertad económica ha pasado por alto el respeto a las normas fundamentales de "integridad y propiedad", de ahí que sea necesario apelar a la "ética empresarial, la protección del inversor y la transparencia". "Es por todos conocido que la búsqueda del riesgo excesivo para conseguir los máximos beneficios a corto plazo contribuyó a la caída de los mercados financieros y a la posterior recesión global".

El escrito adopta un tono moralista, muy acorde con el hastío, el miedo y la incertidumbre de una sociedad civil que ha presenciado impotente como, en palabras de Adolph A. Berle Jr y Gardner C.Means (The Modern Corporation and Private Property) los "nuevos inversores sin rostro que no sentían interés ni estaban comprometidos con la compañía y a los que lo único que les importaba eran los beneficios a corto plazo” han tenido algo – o mucho- que ver en la peor crisis financiera desde los tiempos de la Gran Depresión.

"Los esfuerzos anteriores por abordar aspectos como la propiedad, la transparencia y la integridad no han conseguido ponerse en práctica, a pesar de los distintos acuerdos multilaterales sobre iniciativas concretas", se advierte en el informe. El texto también recomienda un amplio marco acordado a nivel internacional que "fortalezca y vigile el cumplimiento de las iniciativas". La tarea de diseñar recomendaciones concretas correrá a cargo de instituciones como la OCDE, el FMI y el Comité de Estabilidad Financiera, pioneros en la materia.

A pesar de todo, la propuesta inicial de imponer códigos legalmente vinculantes, respaldada por el ministro de Finanzas italiano Giulio Tremonti, parece estar por el momento flotando en el limbo. Italia, que actualmente ostenta la presidencia del G-8,  colabora con Alemania y la OCDE para extender la iniciativa a un marco más amplio que el de los países del G-8. Esta iniciativa está vinculada a la propuesta de la canciller Angela Merkel, conocida como “Carta Global para la actividad económica sostenible”, que se debatirá en el G-20. Hasta entonces, no queda más que esperar.

LA “CODICIA” DE LOS CEOS  Y LOS PARAÍSOS FISCALES

En las reuniones de Italia, saltó a la palestra la cuestión de  la falta de vinculación entre la compensación de los altos ejecutivos y el rendimiento de las empresas, un tema candente que  ha provocado protestas generalizadas, dado que los contribuyentes han tenido que financiar los rescates del sector privado. El debate sobre las propuestas ha puesto de manifiesto las divisiones en el G-8, ya que los países de Europa Continental responsabilizan al modelo económico "anglosajón" de crear una crisis crediticia global por la falta de supervisión y de regulación.

En palabras del politólogo filipino Walden Bello, " Al final, la perspicacia comercial se reduce a deducir cuándo vender, tomar el dinero, y correr ... y evitar el enjuiciamiento". Algo similar  parecen haber pensado los CEOs de muchas compañías, si tenemos en cuenta sus escandalosos salarios y sus millonarias indemnizaciones por cese, maniobras de dudoso decoro para capitanes que abandonan su barco en los momentos de mayor zozobra. Según datos de Forbes, ya en 2007, año en que las aguas empezaban a tornarse turbulentas los CEOs de las grandes corporaciones de EE.UU se embolsaron una media 14.2 millones de dólares, y los españoles no se quedan a la zaga, En el Banco Santander, sus 23 directivos ganaron de media más de tres millones de euros, frente a una retribución de menos de 50.000 euros para la plantilla de empleados.

Los paraísos fiscales son la otra cara de la moneda, el pilar fundamental de la deriva capitalista de los últimos treinta años, un oasis dorado y turbio en cuyo esplendor ha jugado un papel muy importante la ayuda y colaboración de las entidades bancarias.

Hoy en día la evasión de fondos es tarea sencilla. Por ejemplo, la evasión a Liechtenstein se hace, según Eduard Güroff, fiscal antifraude aleman, mediante simples transferencias. "Un banco, por ejemplo, junta en una cuenta 10 millones de euros de varios clientes en Alemania y los manda a Liechtenstein como si fueran propios, sin nombres. Meses después, envía una nota aclarando de quién es cada parte. El banco de Liechtenstein crea entonces una fundación para cada cliente. Como sólo el banco y el cliente saben de quién es la fundación, el sistema es fácil, limpio y opaco al fisco".

Los oasis fiscales forman los cimientos necesarios para la operativa de los bancos de negocios, fondos de inversiones, fondos hedge, fondos private equity, de paso, para la distribución de la riqueza global en manos de una ínfima minoría. Además de ello, suponen un lastre para las regulaciones sobre movimiento de capitales.

TIEMPOS DE CAMBIO

Para las empresas corren tiempos diferentes, tiempos difíciles que exigen un nuevo discurso. El directivo de hoy no puede limitarse a gestionar los intereses de accionistas e inversores, debe adquirir las competencias necesarias para dar respuesta a todos los interlocutores que impactan directa o indirectamente en el negocio. Los empresarios deben desechar de una vez el trillado discurso de Milton Friedman en los años setenta si no quieren  que sus negocios estén bajo la espada de Damocles de la inviabilidad. Hay que renovar paradigmas empresariales. Cada vez, parecen ser más los ojos que velan y castigan a las empresas que no lo hacen.

Pero la moral empresarial, al igual que la moral personal, es difícil de crear y muy fácil de destruir. La propia etimología nos da la pista: mos, mores es el termino latino para designar costumbre y solo gracias a ella, al sedimento del tiempo, la sociedad consigue su estructura moral. Y, al igual que la sociedad, las compañías también han de acostumbrarse a poner en práctica unos principios éticos que llevan mucho tiempo fuera de juego. La tecnocracia y el liberalismo son una cáscara vacía si no se les dota de valores éticos que eviten y pongan remedio a los Balances maquillados, la falta de transparencia con los stakeholders y las estadísticas que falsean la realidad, prácticas que han llegado a normalizarse en muchas compañías.

Tal y como explica Adela Cortina, “la salvación de los hombres ya no puede esperarse únicamente de la sociedad, como lo quería la tradición rousseauniana, ni tampoco del Estado, como pretendía el socialismo real de los países del Este, ni, por último en la conversión del corazón de la que hablaba cierta tradición kantiana, es una transformación de las organizaciones las que puede salvarnos¨

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