edición: 2850 , Miércoles, 20 noviembre 2019
22/07/2010
Bancos y cajas se juegan su credibilidad con el crédito promotor, que no reconocen

El riesgo inmobiliario, el punto más débil de la banca española en los test de estrés

Los auto-test de Banesto y Caja Madrid-Bancaja; nadie ha seguido el ejemplo por temor a los resultados
Juan José González

Expectación, mucha expectación para la cita de mañana a las 18:00h, en la que se darán a conocer las pruebas de resistencia de 91 entidades financieras de Europa. El morbo esta servido –lo viene estando desde semanas- pero en esa tarde se alcanzará el culmen y tras el mismo, período de fin de semana para reflexionar y sacar consecuencias para desde primera hora del lunes, con la apertura de los mercados financieros, tomar postura. Expectación mientras los analistas preparan sus programas de cálculo matemático para comprobar, entre otros muchos aspectos, el grado de confesión y reconocimiento de morosidad y riesgo promotor que recogen los balances de las entidades objeto de la prueba. Analistas que mantienen dudas sobre el alcance de ese reconocimiento de la burbuja inmobiliaria en bancos y cajas –recordar la mora de CCM cuando tras la intervención pasó del 5% al 18%, por lo que resultará curioso comprobar algunas cifras de Cajasur, por citar la más reciente en el candelero-. En este asunto, la banca española, la deuda española, la economía española y el riesgo-país español, se lo juegan todo en esa cita.

Si los test no son reconocidos por el mercado –los inversores- como la prueba del algodón bancario, la credibilidad del sistema financiero se romperá en mil pedazos. Es por ello que la iniciativa de Banesto y Caja Madrid-Bancaja de convencer al mercado de que la situación de su cartera de promotores no corre el riesgo tan elevado como que se está apuntando, es positiva, pero sólo en la medida en que se ajuste a la realidad ya que en caso contrario puede resultar un ejercicio temerario.

Los temores vienen a raíz de las pruebas -sui generis- de estrés internas realizadas por Banesto y que fueron comunicadas  por la entidad –apenas dos comentarios informales- en la reciente presentación de las cuentas del semestre. A los analistas les ha sorprendido el reconocimiento del banco al afirmar que puede cubrir con holgura hasta cuatro veces la pérdida esperada en créditos inmuebles. De esta forma, con esos 6.200 millones que suman el exceso de liquidez, las provisiones y, por supuesto, los beneficios, la entidad puede cubrirlo todo. Como resultado de su particular test, el banco ya esta reconociendo 1.500 millones de pérdidas, que no es poco, ya que Banesto también reconoció que tiene una cartera de crédito promotor de unos 6.400 millones de euros, de los que 2.300 millones, el 36%, corresponde a suelo.

Precisamente, es este el punto débil del test de Banesto puesto que, como se sabe, el suelo es el concepto con la más alta probabilidad de impago, lo que hace pensar a los analistas en que el estrés aplicado a las propias cuentas es demasiado benigno –que aunque importante, son sólo 1.500 millones de pérdida- cuando en realidad la pérdida en una situación de estrés con los criterios del Banco de España estaría más cerca de los 2.300 millones referidos al suelo.

Otro asunto, que no condiciona estos cálculos, es el reconocimiento que realiza en banco cuando asegura que los activos inmobiliarios del balance registrarían una pérdida del 30% en caso de ser vendidos, lo que no supone prueba alguna de estrés. Pero Banesto señala que con el 25% de cobertura de los activos adjudicados es suficiente, lo que demuestra que juega la baza de que los precios inmobiliarios no seguirán cayendo, cuando otras entidades, el propio sector y diversos analistas opinan que la caída aún no se ha detenido.

Tampoco se puede decir que la otra entidad que se aplicó un estrés interno suponga el reconocimiento del tamaño de su burbuja inmobiliaria, Caja Madrid-Bancaja, que no deja de ser un tímido acercamiento a la partida inmobiliaria del balance, como se recogía en el documento de fusión. En el caso de la suma de las dos cajas fusionadas en el SIP, se reconocía una pérdida cercana a los 2.000 millones, un 13%, de los cerca de 14.600 millones de préstamos al sector promotor. Al igual que en el caso de Banesto, en el balance de fusión de las dos cajas, resulta llamativo el bajo importe de una pérdida esperada que, con una mayor exigencia de estrés, resultaría, posiblemente, más acercada a la realidad.

Estas cuentas vienen a propósito de la necesidad de credibilidad que tienen los balances bancarios, y que fija en el apartado inmobiliario su punto más débil. El crédito a los promotores y su grado de impago y morosidad, serán mirados y calculados con lupa, y será entonces cuando se pueda juzgar el reconocimiento de las particulares burbujas inmobiliarias como de cortos o largos.

Llama la atención de analistas e inversores el noble ejercicio motu propio de Banesto y Caja Madrid-Bancaja, ofreciendo su particular prueba de estrés –un buen ejercicio de transparencia al que no se ha sumado el resto del sector- destinada a reivindicar sus propias cifras en caso de que las de mañana no fueran de su agrado. Pero es más llamativo aún que no haya cundido el ejemplo entre otras entidades financieras sobre las que recae una fuerte carga de duda respecto al tamaño de su problema inmobiliario. Para ellas, mañana será un día de estrés.

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