edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
25/02/2014

El sector europeo de la energía reabre la presión sobre la CE por el crecimiento de la generación con carbón

El Consejo Europeo tiene previsto debatir en marzo la política energética y de emisiones para 2030 acordada en enero
Carlos Schwartz

De acuerdo con la información difundida por fuentes del sector de la energía, en Europa pueden entrar en producción hasta una docena de plantas generadoras a carbón que representan en total 11 Gw, mientras las importaciones de carbón en Alemania y en Reino Unido han aumentado en 2013 en torno a un 7% respecto del año anterior desnudando la contradictoria política energética de la Comisión Europea (CE). Mientras de un lado se reduce para 2030 el límite de emisiones de carbono en un 40% respecto de las emisiones de 1990 la política energética que castiga a la generación con gas, más limpia que con carbón, ha llevado a las compañías generadoras a utilizar de forma creciente antracita y a paralizar o desmontar plantas generadoras a gas que representan 50 Gw de generación, equivalentes a 50 centrales nucleares de acuerdo con el presidente de Gaz de France, Gerard Mestrallet. Por su parte el director de desarrollo del mercado de gas de Shell, Dick Beschop, calificó en una conferencia de energía en Londres a este proceso como de “crisis energética” que consiste en intentar reducir las emisiones de carbono mientras la política energética las alimenta de hecho. De acuerdo con el ejecutivo de Shell, que es uno de los mayores productores de gas del mundo, la generación eléctrica mediante plantas térmicas accionadas a carbón amenaza con quedar anclada dentro del sistema energético europeo.

De acuerdo con el ejecutivo la política energética europea tiende de esta forma a consolidar de un lado a las renovables y del otro al carbón. De acuerdo con la información disponible Europa gasta anualmente unos 30.000 millones de euros en subsidios a las energías renovables, que pagan los consumidores a través de sus recibos de consumo. Esto ha hecho que el precio del KwH en el continente sea más alto que en otras regiones del mundo.

Esta situación del mercado europeo se ha combinado con una reducción del precio del carbón a nivel mundial. La caída del precio del gas natural en Estados Unidos ha contribuido no poco a esa reducción de precios, que ha deprimido la cotización del carbón estadounidense y de América Latina considerablemente. Beschop ha descalificado a la opinión según la cual el bajo precio del carbón es un problema coyuntural que se corregirá en la medida que el precio del gas estadounidense vuelva a subir y eso haga de nuevo atractivo el carbón en Estados Unidos. La mayoría de los productores de gas en Europa consideran que sólo un fuerte incremento en el precio de los derechos de emisión puede corregir el incremento en el uso del carbón. Pero al mismo tiempo señalan que ese escenario es improbable.

La caída en la demanda de energía en Europa, que es en parte reflejo de la débil demanda industrial, están en la base de los precios que se practican en el sistema europeo de negociación de derechos de emisión, el más grande del mundo. Pese a las medidas para intentar sostener el precio de los derechos de emisión en ese mercado, estos siguen por debajo del umbral que puede hacer menos atractivo al carbón. El conjunto de las políticas energéticas, incluido el volumen de derechos de emisión en el mercado que puede regular su precio, será motivo de debate en marzo en el Consejo Europeo. En esa reunión se debe aprobar la hoja de ruta energética para el 2030 que fue pactada en enero entre los países miembro con un acuerdo en la CE al que se plegó Alemania para regular las emisiones estableciendo un límite pero convirtiendo al objetivo de generación renovable en no vinculante a nivel de estados miembros.

Mientras que el objetivo para 2020 había sido un 20% de generación renovable por estado miembro, ahora se ha elevado la cota al 27% pero como media europea, sin hacer vinculante al objetivo por estado. Sin embargo, el límite del 20% del 2020 se mantiene en pie.

Los grandes de la generación eléctrica ya han manifestado antes de finalizar 2013 a la CE su rechazo a la política de desprotección de la generación por gas. Formaron parte de la plataforma crítica Gas de France y ENI, que son dos grandes productores de gas europeos. Tanto Iberdrola como Gas natural forman parte de ese grupo de empresas que se han opuesto al modelo energético europeo al que culpan por el creciente encarecimiento del KwH que atenta contra la competitividad de la industria en Europa frente a otros países, como Estados Unidos, que ha rebajado considerablemente el precio de la energía a partir de la explotación de gas y petróleo no convencional.

Alemania ha sido particularmente golpeada por su opción renovable y las grandes eléctricas del país han solicitado al operador de la red eléctrica autorización para cerrar y paralizar hasta 41 plantas accionadas por gas con una capacidad combinada de 11 Mw. Las eléctricas alemanas han acusado recibo de la transformación del mercado con una significativa caída de los ingresos durante 2013 en particular en las dos más grandes, Eon y RWE. El tercer generador de Alemania por tamaño, ENBW, presentó una reclamación contra el operador de la red eléctrica porque le denegó el cierre de cuatro plantas generadoras en enero.

El oscuro escenario al que hacen frente las grandes empresas de energía y de gas les ha llevado a reconducir en general su política empresarial, a la venta de activos para reducir deuda, la apertura de nuevos mercados considerados más rentables, y la diversificación en actividades con mayor margen de rentabilidad. Pero, todas ellas en definitiva obtienen su margen bruto esencialmente de la venta de energía o combustible. La situación de fondo del mercado consiste en que el coste de entrada al mercado se abarató considerablemente con la aparición de las energías renovables que hicieron viable sistemas que no requieren el grado de concentración de capital exigido por la generación térmica o nuclear. Pero esa competencia sólo parece sostenible sobre la base de los subsidios que garantizan un margen de rentabilidad, y aquellos al recaer sobre el consumidor encarecen el consumo de energía.

El problema no tiene una salida sencilla sin afectar a los intereses de distintos sectores. En este sentido Europa está en una verdadera encrucijada energética.

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