edición: 2912 , Martes, 25 febrero 2020
15/05/2013
El estigma del bono basura

El segundo rescate de Cataluña se hará con `discreción´

La banca trata de convertir el dinero de los vencimientos de bonos en depósitos remunerados
Juan José González

Con los mercados de financiación cerrados, Cataluña se las ve y se las desea para atender los vencimientos de su deuda, un problema que desde 2011 se ha vuelto crónico hasta alcanzar el pasado ejercicio cerca de 13.500 millones y que serán 10.400 millones en el presente. Para salir del paso, cuenta con la asistencia del Estado, del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). Por contra, cuenta también con las opiniones negativas de las calificadoras de riesgo (Moody´s y S&P) y de la preocupación creciente de 112.000 titulares particulares de bonos de la Generalitat. Hasta el momento, los vencimientos son atendidos con la liquidez del FLA en lo que se considera un primer rescate financiero a la comunidad autónoma. El de 27 de abril, por valor de 2.500 millones de euros, fue atendido sin problemas, como previsiblemente se resolverá el de noviembre próximo, de unos 1.600 millones, y también a cuenta del FLA. Pero sin problemas, no evita la preocupación de las autoridades locales, de inversores particulares y empresas por los vencimientos de 2014.

El pasado viernes, los ministros de Hacienda, Cristóbal Montoro, y de Economía, Luis De Guindos, mantuvieron sendas reuniones con el conseller de Economía de la Generalitat, Andreu Mas-Colell, para hablar sobre el objetivo de déficit de Cataluña para este año y sobre la reforma financiera. El resultado fue calificado por ambas delegaciones de cordial, correcto, sin guion pero todo dentro de un orden, discreción absoluta y nada de tensiones políticas, nada de declaraciones polémicas. Y la consecuencia se ha reflejado en la ausencia de comunicación final, extraño, muy extraño, desenlace, sin detalle alguno, respecto de una reunión financiera y política entre responsables de finanzas de Gobierno central y autonómico. Incertidumbre que parece haber disparado conjeturas y rumores acerca de un acuerdo entre Rajoy y Mas sobre temas generales y particulares, entre estos, la necesidad de un nuevo rescate, el segundo, de las cuentas de la Generalitat, al borde del colapso.

Consecuencia de los riesgos financieros de los bonos y de las dificultades de encontrar inversores, la calificación de la deuda se ha convertido en un escollo de imposible salvación, en un estigma. La situación creada por la calificación basura del bono así como las dificultades para haber alcanzado algún acuerdo con Madrid en los últimos meses, no ha servido de estímulo a los clientes titulares de bonos que, al vencimiento han tenido muy claro que no se planteaba la renovación.

De ahí que algunas de las entidades financieras tenedoras de bonos de clientes, hayan optado por contactar con los titulares de bonos para trasladarles la próxima recepción del capital e intereses a la fecha de vencimiento, momento en el que han recibido, en muchos casos, la oferta de mantener el ahorro en depósitos remunerados a plazo.

La Generalitat catalana cumple tres años de expulsión de los mercados financieros y el presente será uno más, pues no se prevé un cambio de signo en sus cuentas. Y los bonos patrióticos son de difícil o imposible colocación entre público y empresas. Los inversores analizan las cuentas y comprueban que el PIB de la Autonomía apenas sobrepasa los 200.000 millones de euros y su deuda, sin embargo, pasa de los 42.000 millones. Luego, es obligado entenderse con Madrid sí o sí, incluso sin apenas fuerza para exigir algo a cambio. Recordar que tras el triunfo de Mas en las pasadas elecciones, la tesorería pudo hacer efectivo el abono de las nóminas del mes aunque los proveedores de la Generalitat tuvieron que esperar su turno.

En esta ocasión, el rescate se hará con discreción, menos visible mediáticamente, sin denuncias ni reproches públicos de uno y otro. Recuerda una fuente financiera que “aquélla pelea entre Madrid y Barcelona por la financiación de la Generalitat, derivó en unos informes de las calificadoras que concluyeron en un bono basura de la Autonomía y el certificado de cierre de los mercados financieros para el Gobierno catalán. Un fiasco que obligó a Barcelona a solicitar la asistencia de Madrid para evitar el cierre oficial y un primer precedente de impago a los bonistas `patrióticos´.

Y discreción significa en la nueva etapa abierta la semana pasada que las disputas de antaño a propósito de cualquier diferencia económica, se arreglará porlas buenas, sin batalla mediática. En la nueva etapa Madrid también ayudará a la Generalitat a recuperar la nota de la deuda.

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