edición: 2363 , Miércoles, 13 diciembre 2017
08/04/2010
'Quien la hace la paga'

El seguro medioambiental cuantifica la responsabilidad de las empresas en los accidentes ecológicos

La existencia de la cobertura sirve como método de contención a la actividad contaminante de las empresas
La póliza costará 50 millones de euros a las compañías españolas a corto plazo
Beatriz Lorenzo

Ha dejado de ser un problema casi oculto, constantemente olvidado por todos y sacado a la palestra por los medios con inútil fragor únicamente tras catástrofes ambientales de especial envergadura. El tema climático y la responsabilidad  que en él tienen las compañías no puede seguir escudándose detrás de actividades poco responsables y una búsqueda incansable de beneficios en la que el fin justifica los medios. Son cada vez más las compañías que deciden apostar por lo verde, por lo renovable, por lo ecológico; ya sea de forma convencida –orientándose a un desarrollo sostenible a largo plazo- o bien como medio para satisfacer las necesidades de unos stakeholders que comulgan cada vez más con aquellos productos y servicios que no atentan contra el entorno.

No han escaseado- aunque en demasiadas ocasiones no han dado los resultados esperados- las iniciativas institucionales para luchar contra las dramáticas consecuencias del cambio climático, cada vez más patentes a través de la deforestación, destrucción de ecosistemas, talas masivas y laboreo agrario invasivo. No ha podido Europa-la gran responsable del grueso de las emisiones contaminantes que perforan la capa de ozono- alcanzar el objetivo de una gestión coherente de ese caramelo venenoso que es el comercio de créditos de carbono, un mercado hoy por hoy dominado por el implacable gigante asiático. Tampoco la Cumbre de Copenhague, que pretendía alcanzar un punto de encuentro entre los países desarrollados y las economías emergentes en lo que a emisiones se refiere, consiguió eliminar el amargo regusto del problema climático, dejando en tela de juicio el propósito de Bruselas de reducir un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2020.

RESPONSABILIDAD MEDIOAMBIENTAL

En España, tierra de las energías renovables y adalid en los últimos tiempos de todo cuanto tenga el más mínimo resabio a “verde”, conviene tener en cuenta la trascendencia del artículo 1902 de nuestro código civil, cuya aplicación en la práctica viene traduciéndose en la máxima de que “quien contamina paga”, algo que en la práctica no es de fácil aplicación debido a factores tales como la imposibilidad de cuantificar de modo exacto las indemnizaciones en muchos casos o por la literalidad del concepto de la culpa en el derecho español (culpa objetiva y por riesgo). Yendo más allá en esta cuestión, el autor Agustín Viguri Perea expone que el respeto debido al medio ambiente es encuadrable dentro de los “ límites del derecho de propiedad, derecho subjetivo limitado, siendo uno de sus límites precisamente, la defensa, conservación y protección del medio ambiente.”

A la espinosa cuestión de la responsabilidad medioambiental y su correcta gestión se refiere la normativa europea de medioambiente, implantada en España desde el año 2007, que aboga por la prevención y la reparación de los daños ecológicos. Uno de sus puntos más importantes es el que se refiere a la obligación de determinadas empresas de contratar un seguro para hacer frente a una hipotética catástrofe medioambiental. De este modo, desastres como el del petrolero “Prestige”; o los vertidos tóxicos en Doñana o Aznalcóllar, contaran con una cobertura regulada que facilite la toma de responsabilidades  y sirva también de estribo a las compañías dotándolas de una mayor atención y supervisión de sus actividades.

La Ley de Responsabilidad Ambiental obliga a todas las empresas que llevan a cabo actividades peligrosas disponer de esta garantía financiera, tomando como punto clave la “presunción de causalidad”, que implica que las compañías muy susceptibles  de generar actividades peligrosas han de llevar a cabo un análisis de riesgos y valoración económica para poder restaurar la zona dañada en caso de que se produzca una catástrofe o accidente ecológico derivado de su actividad.     Las garantías financieras pueden ser de tres tipos; seguro, aval financiero o reserva técnica en el balance. A este respecto, las consultoras ERM y Marsh presentaron en 2008 una metodología de evaluación de riesgos para ofrecerla a las compañías, cuya intención es monetizar las reparaciones para poder presentar un presupuesto a las empresas que les contraten. El método para identificar y evaluar los riesgos medioambientales fue creado en 2008 por la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR)  y responde a la calificación de UNE 150008.

RESPONSABILIDAD MEDIOAMBIENTAL Y COSTES

En la actualidad, unas 7000 compañías españolas cuentan con un seguro verde y mueven unos 25 millones de euros en primas. Según la consultora Marsh, esta cifra se duplicará en los próximos años, siendo las compañías del IBEX 35 las que se han apuntado mayormente a esta cobertura, puesto que el 75% tiene ya una póliza de este tipo. Hasta la fecha  las pólizas contratadas son, en su mayoría, de responsabilidad civil por contaminación y no de competencia ecológica, tal y como obligará la legislación. Esta cobertura abarca tres segmentos de riesgo para los seguros: sencillo, medio y grave, y costará a las empresas españolas unos 50 millones de euros a futuro.

Este tipo de seguro ecológico no es el único que ha ocupado durante los últimos tiempos el quehacer de las compañías. A nivel privado, la aseguradora británica Co-operative Insurance Society (CIS) ha lanzado un seguro que ofrece a sus clientes compensar el CO2 que emitan sus vehículos mediante el soporte y apoyo de proyectos ambientales. En este caso, la empresa cede una parte de su ingreso (unos 60 dólares anuales por cada póliza) a proyectos de reforestación y desarrollo de energías ‘verdes’ en Asia y África, dirigidos por Climate Care, una organización en lucha contra el cambio climático.

Alcanzado un punto en que parece que el consumo ecológico no es ya una moda sino una tendencia a largo plazo, parece obvio que los seguros verdes han llegado también para quedarse e incluso incrementarse en un futuro, avalados por las legislaciones nacionales y comunitarias.  La potencialidad de estos instrumentos como medio de “contención” de la actividad contaminante de las compañías es innegable. No obstante,  existe el peligro- y más aún en tiempos de crisis económica y mermada liquidez- de que estas herramientas devengan en simples “máquinas recaudatorias” y pierdan su razón de ser como focos de mejora del respeto medioambiental  por parte de las compañías que, amparadas tras esta cobertura, podrían caer en la tentación de descuidar otras áreas de importancia climática.

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