edición: 3096 , Jueves, 26 noviembre 2020
16/06/2017

El senado estadounidense amplía sanciones contra Rusia y amenaza por elevación a empresas europeas

La propuesta pone de relieve que tras el supuesto entendimiento con Trump hay intereses en pugna
Carlos Schwartz
El Senado estadounidense aprobó el miércoles la extensión y profundización de las sanciones económicas contra Rusia impuestas tras la invasión de Crimea y su reincorporación a la soberanía rusa. El proyecto fue presentado por el grupo Republicano de la cámara alta y debe ser ratificado por el Congreso. Una de las medidas que más ha irritado a Alemania y Austria es la propuesta de sancionar a las corporaciones que inviertan o apoyen la construcción de gasoductos rusos destinados a la exportación. Esto pone en la lista de sancionables a las empresas que participan del consorcio Nord Stream 2 que debería empezar a bombear gas producido por Gazprom en dos años. Las empresas afectadas en este caso serían Royal Dutch Shell, OMV de Austria, Engie de Francia, Wintershall y Uniper de Alemania que aportarán 950 millones de euros cada una para tomar el 50% del capital total del proyecto estimado en 9.500 millones de euros. Los gobiernos de Alemania y Austria reaccionaron con energía haciendo pública una declaración que califica al paquete de  constituir una intromisión en la seguridad energética de Europa. La decisión fue adoptada por el Senado por 95 votos a favor y dos en contra.
Mientras tanto el presidente Donald Trump es sujeto de una investigación judicial para determinar si ha obstruido a la justicia en un caso de investigación del FBI sobre los vínculos entre su campaña electoral y Moscú. Dejando de lado el hecho que el Gobierno debe desmentir las acusaciones con hechos mostrando distancia y agresividad hacia el Kremlin, queda en evidencia que la supuesta simpatía hacia el Gobierno de Rusia y su presidente Vladimir Putin es una apariencia.

Detrás de ella hay un intenso juego de presiones para que Rusia ceda a la inversión estadounidense áreas económicas sensibles, como el gas y el petróleo de un lado, y de defensa de la agresiva expansión de las exportaciones estadounidenses de gas natural licuado al resto del mundo.

Berlín y Viena reaccionaron con una declaración conjunta afirmando que el paquete de medidas es un anuncio de malos tiempos para las relaciones entre Estados Unidos y Europa. Berlín afirma además que hay una intolerable injerencia en la política energética europea. Los gasoductos conocidos como Nord Stream 1 y 2 son piezas vitales para la política energética y comercial de Rusia de un lado y de Alemania del otro. Ambos proyectos tienen socios corporativos de primera línea en el sector de la energía. Sin embargo, dentro de la UE hay un bloque de naciones que pretenden impedir el desarrollo del proyecto y que están representadas por altos funcionarios de la UE. Las naciones bálticas son firmes opositoras al proyecto y cuentan con el respaldo del vicepresidente de la CE para la Energía, el eslovaco Maros Sefcovic quien ya ha hecho varios llamamientos para que Bruselas tenga una actitud más vigilante en estos temas que afectan a la dependencia energética respecto de Rusia.

Esta es en realidad la cuestión de fondo agitada por un sector de la UE con intereses muy específicos. Alegan que el objetivo de Rusia con Nord Stream 2 es sortear el paso por Ucrania país con el cual Moscú ha tenido sistemáticos problemas por el suministro de gas y el pago por parte de Kiev de la factura energética a la estatal Gazprom. Polonia también forma parte de este grupo de naciones. La semana pasada con motivo de la primera exportación de GNL estadounidense a Polonia el Gobierno estadounidense señaló que las exportaciones son un respaldo para el empleo en Estados Unidos, “ofrecen gas más barato a los aliados en otras naciones y contribuyen a la seguridad energética europea utilizando un proveedor fiable basado en una economía de mercado”.

La propuesta del grupo Republicano contó con el apoyo del grupo Demócrata desde el comienzo en una Senado en otros asuntos dividido por un claro antagonismo, y aunque todavía falta la aprobación en la Cámara de Representantes la amenaza a los intereses de Alemania y Rusia adquiere una entidad significativa. Los intereses estadounidenses son más que claros en todo aquello que adquiere señas de identidad de una guerra comercial en el sector energético en medio de un colapso de los precios del petróleo y el gas.

El enfrentamiento refuerza las aspiraciones por parte de las grandes empresas energéticas estadounidenses de hacerse con una parte de las reservas de gas y crudo de Rusia y de su mercado interior. ExxonMobil suspendió sus proyectos en Rusia tras la aprobación de las sanciones por la invasión de Crimea. El actual Secretario de Estado de Trump, Rex Tillerson, labró la presencia de esa petrolera cuando era su consejero delegado antes de aceptar el cargo en el Gobierno.

Pero para que los intereses estadounidenses y de sus corporaciones se puedan alcanzar es necesaria una capitulación en toda la línea por parte del Kremlin y eso solo cabe en la imaginación si el partido de gobierno es desplazado en unas futuras elecciones generales. Algo difícil de considerar como realizable en el corto plazo a la luz de la situación política actual en el país.

La evolución de la situación tiene otro elemento que puede dar más complejidad a los antagonismos internacionales. Trump ha criticado la política alemana de reducida inversión fiscal junto con un gran superávit comercial culpándola por la baja tasa de crecimiento económico en Europa de un lado y por su política de defensa del otro. Hay múltiples intereses encontrados en el escenario político y económico, pero el nivel de intensidad que comienzan a traslucir cuando se hace la suma de esos intereses sugiere que hay una guerra comercial a escala internacional en sus inicios que no parece fácil de detener. Este alineamiento internacional es probable que acabe forjando un acuerdo de fondo entre el nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron y la canciller alemana Angela Merkel. Macron ha dado recientemente un paso en ese sentido al proponer la veda de las adquisiciones de corporaciones europeas por naciones ajenas a este bloque. El escenario se mantendrá dinámico en este frente.

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