edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
18/05/2016

El sistema colapsa

Rafael Vidal
Cuando comenzó en Europa lo de la austeridad e intuí sus consecuencias, dije no entender porqué el capitalismo actuaba contra sí mismo y hasta llegué a creer que las teorías del Club de Roma del siglo pasado sobre el "crecimiento cero" habían conseguido ganar adeptos. Eliminando esta última posibilidad, por evidentes cuestiones ideológicas, no quedaba más que aceptar que el capitalismo europeo se había dado un tiro en un pie, curiosamente el derecho.
A estas alturas, estamos en cuanto a los tipos de interés casi como Estados Unidos, pero por razones muy diferentes, ya que allí el dinero barato era un evidente impulso a la economía, mientras que en la UE no está nada claro porqué el BCE regala un dinero que no llega a los usuarios y que, por tanto, no tiene influencia alguna en la evolución económica y, además, con los artífices de la austeridad en contra de la medida.

Los resultados de estas políticas son, fundamentalmente, raros, porque parece que se ha dejado a la inercia el papel de motor de una recuperación en la que casi nadie cree. España puede ser un buen ejemplo de la peculiar respuesta de una economía a la combinación de las medidas de austeridad con las medidas de expansión monetaria: deterioro del conjunto del sistema en un primer momento y recuperación al ralentí con el dinero barato, aunque hay quien dice que crecemos más que los demás gracias a haber aplicado aquellas medidas que hundieron la economía. Es obvio que después del deterioro del PIB en los años de aplicación de la austeridad no hablamos del mismo crecimiento, ya que no es igual que el PIB suba desde 100 que lo haga desde 60, que es lo que nos pasa.

Posiblemente, uno de los grandes problemas que tiene la política económica en la actualidad es que no la aplican los economistas, sino los políticos, que han tomado las riendas sin haber visto nunca un caballo, y esto no quiere decir que defienda a los economistas, pero éstos al menos conocen la teoría y saben que las consecuencias existen.

El panorama actual es, pues, lamentable, con un indicador de la actividad, como es la inflación, que ni siquiera responde a la adrenalina de los tipos cero, tipos que afectan directamente al ahorro e impiden gastar dinero a los rentistas y que hacen que comerciantes e industriales "esperen un poco más" antes de tomar decisiones. Por otra parte, si el BCE decide subir los tipos para variar este panorama, los Estados endeudados pueden llegar a la suspensión de pagos. De la banca, el gran problema de fondo en la UE, mejor ni hablar, ya que lo que es bueno para la cabeza es malo para los pies, o viceversa.

Es obvio que no podemos cambiar el sistema en dos días, pero podríamos intentar cambiar a los actores. Gracias a ellos el despido ahora es muy barato.

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