edición: 2324 , Martes, 17 octubre 2017
29/05/2012
Cambio de ritmo en Moncloa
Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta y ministra portavoz

El tándem Nadal-Santamaría toma las riendas de la comunicación del Gobierno

El mensaje: mostrar que los 23.400 millones inyectados en Bankia serán superados por los 30.000 millones de ingresos por privatizar empresas
Juan José González

Hundido hasta las trancas en el lodazal bancario, el presidente del Ejecutivo español Mariano Rajoy y primer conductor de la economía, según su propio deseo, acaba de dar el primer paso para tropezar por segunda vez en la misma piedra. La práctica de la esgrima política ha llevado a la “intelligentzia” de Moncloa, integrada básicamente por Álvaro Nadal (jefe de la Oficina Económica de La Moncloa) y Soraya Sáenz de Santamaría (vicepresidenta del Gobierno) a cocinar la venta más activa de comunicación política, especie de “brazo tonto de palacio”. Fruto de esta segunda acometida, tras el caos-fiasco de Bankia (con el dinero que no es dinero, que se pone sin ponerlo pero que regresará al Estado aunque que sea a fondo perdido) es el plan de privatizaciones filtrado desde Economía. Verá la luz después del verano: 30.000 millones de euros que, según persigue el mensaje, que están llamados a compensar los pantagruélicos guarismos de 23.400 millones que se llevará la caja heredada.

Plan de privatizaciones que ahora, rescatado por arte de magia como un conejo de la chistera, puede llegar a los 30.000 millones de euros, según la filtración discreta de Economía, nada que ver con aquel plan privatizador de Elena Salgado que a duras penas alcanzaba los 15.000 millones de euros, en cálculos del ministro de Hacienda Cristóbal Montoro. Hoy, sin embargo, a cinco meses largos de aquéllas palabras, el mismo bloque empresarial objeto de la desinversión pública del nuevo Ejecutivo, doblará la cifra, incluso en un escenario más adverso que aquel de octubre de 2011 cuando se hicieron los cálculos.

Resulta que la citada “intelligentzia” acaba de descubrir una mina con reservas subestimadas en unos 15.000 millones por encima de las calculadas por Elena Salgado. En octubre del pasado año, con la prima de riesgo española sobre los 320 puntos, el mensaje de la oposición –hoy Gobierno- “trabajaba” con fuerza en el acoso y derribo del plan de privatizaciones socialista, tarea que superó con sobresaliente. Ahora, con la prima de riesgo en los 510 puntos superados ayer lunes, el mensaje privatizador parece querer compensar la sangría financiera (un mayor esfuerzo en déficit) que supondrán las cifras del desembolso exigidas por Bankia.

Pero también debe servir como contrapunto para que una opinión pública, sumida en el desconcierto de una situación explicada de forma “trapacera” desde distintas áreas del Gobierno, vea compensadas las inyecciones de capital en Bankia con unos ingresos por privatizaciones con una cifra superior, siempre que se mantengan las actuales estimaciones para cubrir el agujero del banco y contando con que, efectivamente, el Estado logrará ingresar la cantidad estimada por vender patrimonio, por deshacerse de empresas que vienen prestando importantes servicios públicos.

Se trata de un importante cambio de ritmo en Moncloa porque los asuntos de comunicación están resultando un fracaso rotundo en palacio, donde la principal crítica se centra en la función de comunicación del Gobierno, asumida in pectore por la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Crítica que tiene que ver con la incongruencia de ver a un brillante abogado del Estado trocado a funciones de comunicador, y que en la práctica se convierte en un “cantador” de temas, más propio de un examen de oposición que de una sesión explicativa de los acuerdos aprobados en Consejo. Tan sólo deberían comprobar en palacio las imágenes que deparan cada viernes algunos gestos de los periodistas intentando tomar notas de las explicaciones de la portavoz del Gobierno.

Ahora sólo cabe esperar a que el nuevo dúo comunicador de palacio coseche sus primeros resultados, algo que se espera que no llegue antes del verano. Aunque para entonces, con Bankia en plena digestión y dando forma al plan de las privatizaciones (la piel ya esta vendida, sólo que queda pillar al oso) puede ser que los mensajes “compensatorios” de la abogacía del Estado no alcancen para disimular una intervención de Bruselas.

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