edición: 2862 , Martes, 10 diciembre 2019
30/11/2010
En Portugal, al igual que en Irlanda, ya se retiran fondos

El temor a la falta de liquidez amenaza a bancos y cajas

El BCE revisa los ‘escalones’ –orden de preferencia- de los acreedores en casos de insolvencia
Juan José González

Los cortafuegos empleados por el BCE y, en general por la mayoría de las autoridades económicas, funcionan. Pero se agotan en un corto espacio de tiempo y acaban por ser alcanzados por el fuego. Los rescates de Grecia e Irlanda parecen seguir el camino elegido y negociado por las partes; FMI, BCE y los propios damnificados. Pero al mismo tiempo se toman las precauciones necesarias para que el contagio no alcance a los acreedores privados en la Eurozona, sobre los que también recaerán las pérdidas, a pesar de que ahora se niegue (“no habrá quitas de deuda”, dice el BCE) con el objetivo de no producir una estampida aún mayor de los inversores hacia otras zonas económicas de vida y negocio más apacibles. Todo parece girar alrededor del dinero, miedo incluido. Así que el siguiente cortafuegos puede ser más complicado de salvar por los Gobiernos, pues afectaría de lleno a los particulares, al ahorro, a los depósitos de inversores particulares.

La imagen va camino de repetirse en las próximas semanas cuando permanecen aún en la retina las imágenes de hace tres años: 14 de septiembre de 2007; dos de la tarde hora local de un soleado día y temperatura agradable en el centro de Londres. Los clientes de la entidad hipotecaria Northern Rock hacen cola ante la media docena de sucursales del distrito central. Un rumor radiofónico al medio día sobre el posible impago de una parte de las deudas hipotecarias de la gran banca británica por falta de liquidez, fue el detonante para concentrar a centenares de ahorradores ante las puertas del banco. Seis meses después el Gobierno nacionalizaba la entidad y aseguraba los depósitos a los clientes, aunque no haya logrado eliminar el miedo en el cuerpo tres años y tres meses después de aquel suceso.

Ayer, en Bruselas, tras la reunión de los responsables de economía de la UE y a pie de calle en rueda de prensa improvisada, varios de los ministros del área económica respondieron a duras penas a la pregunta sobre una posible crisis de liquidez en las entidades financieras. Unanimidad en la reacción así como en la contestación: “la descartamos”. Algunos asistentes señalaron que el asunto de la falta de liquidez había salido a colación a propósito de la urgencia en el rescate de la maltrecha Irlanda, lo que confirmó a los reporteros que cubrían el evento, que la liquidez fue uno de los puntos tratados en la reunión y que, por tanto, es un problema inmediato, si bien, se entiende que el escrúpulo y la sensibilidad con que se debe tratar el tema deben ser extremos.

Elena Salgado, vicepresidenta Económica del Gobierno, no tuvo los mismos reflejos que en su día Pedro Solbes en desmentir los problemas de liquidez, al entender que como no corre peligro, no cabe alarma ni contestación. Sin embargo, las entidades financieras españolas, como las portuguesas, no descartan pequeños y aislados brotes de pánico, y se preparan ante la posible contingencia. “Son fechas en las que se mueve mucho efectivo porque cada año se adelantan más las compras navideñas”, justifica el responsable de una oficina bancaria de la capital madrileña, que confirma haber aumentado en los últimos años el mínimo de liquidez efectiva en caja debido a la coyuntura económica.

Los ministros del Eurogrupo hablaron el pasado fin de semana de acreedores ‘preferenciales’, caso del FMI, y del orden de los ‘escalones’ de acreedores en los casos de insolvencia de un país. La justificación empleada por el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, fue la necesidad de aumentar la protección del dinero de los contribuyentes ante los casos de insolvencia de los Estados, como recientemente han sido Grecia, Irlanda, así como la amenaza del portugués. Se quiere preservar a los acreedores privados, hasta ahora en el segundo escalón de preferencia en el cobro, a convertirse en inquilinos del tercer escalón, detrás del FMI y del MES (Mecanismo Europeo de Estabilidad, nuevo fondo encargado de los rescates) en una situación de insolvencia.

El caso islandés no esta mucho más lejos que Northern Rock y aunque no se pueden trazar líneas paralelas en una crisis, sí se dan algunos parecidos. La crisis trajo consigo la escasez de liquidez y las entidades solicitaron el auxilio del Gobierno. En Reino Unido los bancos conocieron mediante una especie de burofax, la aplicación de la ley antiterrorista por la que se prohibía repatriar fondos, encendiendo la mecha del contagio y de la quiebra del sistema financiero de Islandia. Quiebra que se saldó con más de 350.000 ahorradores británicos que perdieron su dinero. Porque al final, como en cualquier crisis, los ciudadanos siempre acabarán pagando los platos rotos, a lo que viene a colaborar el descenso de ‘escalón’ en el orden de cobro de las deudas.

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