edición: 2861 , Jueves, 5 diciembre 2019
29/01/2015

El temor a quebrantos entre las pequeñas petroleras endurece las condiciones de su financiación

Una oleada de ventas de bonos desnuda las incertidumbres de los inversores
Carlos Schwartz
Las pequeñas empresas del sector petrolero dedicadas a la prospección y exploración de gas y crudo para su explotación en varias regiones del mundo, comienzan a sufrir los efectos de la caída de ingresos y las malas perspectivas de beneficios futuros. Los inversores, entre ellos los fondos de inversión, se están deshaciendo de los bonos con los que estas empresas han financiado su expansión en lo que parecía un mercado del que solo se podía esperar bonanza. El fenómeno es particularmente visible entre las empresas dedicadas a la exploración y explotación de las reservas de crudo y gas no convencional en las cuencas de Estados Unidos. La extracción de los hidrocarburos encerrados en las capas de esquistos es muy cara y los actuales precios del mercado no compensan su actividad.
Pero también sufren de este mal las petroleras que operan en Asia o África. Algunas señales que se hicieron evidentes en diciembre comienzan a materializarse en sucesivas oleadas de ventas de bonos. El efecto se ha hecho visible en el incremento del rendimiento de los bonos emitidos para financiar las operaciones de estas empresas, que ha subido de forma sensible en un mes, o dicho de otra forma su precio ha bajado en ese lapso por las ventas dejando mejor margen a nuevos inversores.

La cuestión es si habrá inversores. “El temor es que las empresas deban reestructurar deuda por la caída de sus ingresos y dejen de pagar sus bonos de lo cual ya hay indicios”, señaló una fuente del mercado.

Los rumores sobre empresas que tienen un horizonte muy próximo en materia de pagos circulan en el mercado de forma circular. La oleada de ventas se inició en Estados Unidos y se ha extendido al resto de las plazas financieras como Londres y Frankfurt. Empresas como Afren que explota crudo en África, Gulf Keystone que trabaja en Kurdistán y EnQuest del Mar del Norte han visto un fuerte aumento del rendimiento de sus bonos.

En Estados Unidos la espantada ha afectado a Sandridge Energy y Swift Energy, entre otras. Las petroleras grandes y medianas tienen mayor posibilidad de generar ahorros con el recorte de gastos, lo que traslada el efecto de la caída de ingresos a las empresas de servicios e ingeniería otras de las afectadas. Como telón de fondo los bancos de inversión y la banca privada han hecho estimaciones del efecto del precio del crudo sobre la industria petrolera. Las pequeñas empresas del sector han emitido deuda de baja calidad, bonos basura, en ingentes cantidades y hasta ahora habían acudido al mercado sin problemas. Ahora las estimaciones de medios financieros es que hasta un 40% de esas empresas quedarían fuera del mercado si los bajos precios del crudo se instalan hasta 2017.

Afren, que tiene sus principales activos en Nigeria, ha comunicado a sus inversores que al cierre de 2014 tenía en caja 235 millones de dólares. Advirtió al respecto que su baja liquidez está relacionada con los gastos de capital anteriores al cierre del año basado en su plan de inversiones. Puntualiza que esas inversiones hechas durante la caída de los precios del crudo se hicieron antes del estudio de los planes de contingencia para hacer frente a los menores ingresos.

A resultas de ello, y con el objetivo de “preservar la liquidez de la empresa” esta ha decidido iniciar negociaciones con los acreedores de una línea de crédito de 300 millones de dólares para diferir el vencimiento de 50 millones de dólares en intereses el 31 de enero. También anunció que considera la posibilidad de aplicar la cláusula de un mes de gracia en el pago de 15 millones de dólares en intereses el uno de febrero sobre sus bonos con vencimiento en 2016. La compañía afirma saber que se ha constituido un comité de los principales acreedores de sus bonos con cuyos asesores ha iniciado conversaciones acerca de las necesidades de liquidez y financiación de la empresa. El comunicado va bastante más allá al señalar que si no se modifica la estructura de la deuda de la compañía las necesidades financieras de la misma “van a exceder de forma significativa a la actual capitalización de mercado de la compañía”. Digamos que el comunicado da cuenta acabada de la crisis en la cual la caída del precio del crudo ha sumergido a las empresas más débiles del sector.

Esto en Europa. En Estados Unidos la cosa no está mejor. El “infalible” fondo de capital riesgo KKR adquirió en 2011 a la petrolera Samson Energy que opera en el cinturón del petróleo no convencional en 7.200 millones de dólares. El fondo venía de varias operaciones exitosas en el sector del crudo y gas no convencionales. Cargó a la empresa con 3.600 millones de deuda para pagar el precio de adquisición a los accionistas. Desde entonces la empresa se ha debatido en medio de sus tensiones financieras y necesidades de financiación para mantener en pie el plan de inversiones. Pero la caída de los precios del crudo y del gas ha sometido su liquidez a un esfuerzo límite. La empresa entre la espada y la pared busca comprador para algunos de sus activos para hacer caja, algo que no se presenta fácil tal como está el mercado del crudo y del gas. Desde la adquisición de Samson por KKR la empresa ha perdido 3.000 millones de dólares. El año pasado la empresa perdió 470,7 millones de dólares hasta septiembre.

En la última década los fondos de inversión en empresas no cotizadas -private equity- y en el sector de energía han destinado al crudo y gas no convencional 100.000 millones de dólares de acuerdo con estimaciones de los analistas. Las petroleras del sector recibieron fuertes volúmenes de dinero de las firmas de Wall Street con la expectativa de la bonanza que los precios del crudo implicaban. A resultas de este escenario las empresas acabaron endeudadas en exceso y por tanto sujetas a quebrantos si los precios en el mercado cambiaban. Y de momento han cambiado. La magnitud de los quebrantos dependerá del tiempo que los precios sigan deprimidos. Y eso puede superar los límites de lo tolerable para las más endeudadas.

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