edición: 2451 , Viernes, 20 abril 2018
12/12/2017
Guerra comercial bajo la forma de una batalla fiscal

El Tesoro estadounidense calcula un dudoso incremento de ingresos por la reforma fiscal del Gobierno

El debate en el parlamento de la reforma fiscal de Washington provoca una ola de controversia
Carlos Schwartz
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha decidido acompañar el ruido mediático que ha ocasionado una inminente reforma fiscal promovida por la administración de Donald Trump con su propia dosis de vitaminas de efecto fugaz sino esquivo contenidas en un folio que el secretario del departamento, Steven Mnuchin, puso en circulación al comienzo de la semana mientras la tormenta arreciaba a escala internacional en torno al paquete fiscal de Washington. El folio de marras afirma, entre otras cosas, que la reforma fiscal del Gobierno va a permitir incrementar la recaudación de impuestos en el país. El paquete propiciado por Washington y en trámite parlamentario va a suponer un recorte a la recaudación fiscal por la vía del ahorro de impuestos de las empresas del orden de los 1,4 billones de dólares de acuerdo con los cálculos del Gobierno de Trump. El eje en el que gira la reforma es la reducción del tipo impositivo del impuesto de sociedades de 15 puntos del 35% actual al 20% propuesto. Otras serie de medidas que acompañan al paquete han despertado las iras a escala internacional, y promovieron una carta de los ministros de las principales cinco economías de la Unión Europea dirigida al Gobierno en Washington y al secretario del Tesoro. Una de las propuestas del paquete que ha despertado una reacción más intensa es una tasa del 20% aplicable a las filiales en el exterior de empresas estadounidenses por sus adquisiciones fuera de Estados Unidos.
Otras dos medidas que según las autoridades europeas violan los principios del comercio internacional son un impuesto a las transferencias entre bancos y compañías de seguros en sus transacciones entre Estados Unidos y Europa con independencia del balance de los flujos y una cláusula que aplica un trato fiscal más benigno a las empresas estadounidenses cuando obtienen beneficios de sus marcas y otros intangibles. Los ministros de Economía y Hacienda de Alemania, Reino Unido, Francia, España e Italia rechazan una parte de las reformas por que violan los principios del comercio internacional.

Mientras tanto el Tesoro estadounidense en su argumentación de un folio supone que el crecimiento del país en los próximos 10 años será del 2,9%. Esta tasa surge de aplicar un suplemento no razonado de 0,70 puntos porcentuales a estimaciones de crecimiento de la Casa Blanca de mayo pasado que sería fruto de la reforma fiscal que incentivaría la actividad económica hasta ese nivel de forma sostenida en una década. Un razonamiento económico con pocos precedentes… como razonamiento. Los críticos, muchos de ellos economistas conservadores, afirman que el folio carece del más mínimo razonamiento para sustentar esta posibilidad.

De acuerdo con el Tesoro la mayor actividad económica va a generar un incremento de recaudación fiscal de 1,8 billones de dólares con lo cual la reforma que Trump intenta poner en marcha “se pagaría a sí misma”. Lo curioso de las predicciones del Tesoro es que se han hecho antes que el Senado y la Cámara de Representantes hayan acabado los retoques a sus propuestas fiscales que deberían estar sobre la mesa de Trump antes de final de año. El razonamiento por lo tanto es que el incremento económico del 0,7% que va a promover la reforma fiscal es lo que va a producir un incremento de recaudación de 1,8 billones en la medida que la tasa del 2,2% ya estaba prevista en los anteriores cálculos de Washington sin que reflejaran incremento alguno de recaudación.

El documento es un dechado de improvisación y afirma que la mitad del 0,7% de crecimiento añadido será resultado de la reducción en el tipo fiscal del impuesto de sociedades, mientras que el resto será resultado de cambios en la fiscalidad de negocios corrientes, la reforma fiscal de la renta de las personas, reformas en la regulación, desarrollo de infraestructuras y reformas en el estado de bienestar. Ninguna de estas afirmaciones está razonada.

Estados Unidos ha mostrado tasas de crecimiento de hasta el 3% y hay previsiones que dan por descontado que puede haber un “momento” de crecimiento a esta tasa. Sin embargo cuestionan que una tasa cercana al 3% pueda ser sostenida en el tiempo. El Comité Conjunto sobre Fiscalidad, un órgano parlamentario de control, ha hecho un estudio sobre la reforma de acuerdo con el cual ésta va a incrementar el producto interior bruto anual en un 0,8% en promedio durante una década.

Esta tasa supone un crecimiento bastante menor que el publicitado por el Departamento del Tesoro al comenzar esta semana. El Plan Fiscal del Senado fue analizado por el Modelo Presupuestario Penn Wharton con el resultado de que podría elevar el PIB entre el 0,5% y el 1% para 2027.

Esta tasa de crecimiento no podría impedir un incremento de la deuda de las Administraciones Públicas en 1,8 billones de dólares. El presidente del Comité para un Presupuesto Federal Responsable afirmó que “En su documento el Departamento del Tesoro no estima que la reforma fiscal del senado va a promover un crecimiento sostenido del 2,9% anual, simplemente lo asume. En lugar de modelar los efectos macroeconómicos de la reforma fiscal del Senado, simplemente hacen las mismas fantásticas suposiciones que hicieron en el presupuesto presidencial y las aplican a la reforma fiscal”.

La  reacción de la UE, y las propuestas preventivas de contra reforma que prepara China, ponen de relieve que el proyecto del Gobierno de Trump es en la forma y en el fondo una declaración de guerra comercial.

El objetivo no es sólo disputar al resto del mundo los beneficios acumulados por las grandes multinacionales estadounidenses en un mercado globalizado mediante la rebaja del tipo fiscal del impuesto de sociedades.

También aspira a disputar el destino de la inversión mundial ofreciendo a los capitales productivos su migración a Estados Unidos y subsidiar la exportación nacional. Un matiz que preocupa especialmente a China, pero también a Alemania muchas de cuyas empresas han sacrificado proyectos de inversión en Europa para establecerlos en Estados Unidos, incluso antes de esta reforma fiscal, entre otras cosas para aprovechar un menor precio de la energía.

La Administración Trump no se siente en la obligación de que sus cifras realmente cuadren, sean homogéneas, y resistan el análisis. De lo que se trata es de tomar la delantera y poner todos los obstáculos posibles a los competidores. Es por ello que la acusación de deslealtad y falta de respeto a las normas del comercio internacional tal como las entiende la Organización Mundial del Comercio en boca de los dirigentes europeos suenan ingenuas. Esta es la guerra comercial bajo la forma de una batalla fiscal.

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