edición: 2351 , Viernes, 24 noviembre 2017
28/12/2010
La financiación del Estado llegará a 2012 rozando el límite
Banco de España

El Tesoro Público no descarta pagar el 6,5% por la deuda en 2011

Economía pierde de vista el objetivo de cerrar 2010 en 160 de diferencial de la deuda
Juan José González

Error de cálculo, fallo en la táctica, o exceso de confianza, pueden estar en el origen del fracaso que se va a apuntar el equipo económico de Elena Salgado cuando finalice el presente ejercicio. La vicepresidenta estaba convencida allá por el mes de julio, tras la publicación de las primeras pruebas de resistencia de la banca española, que el diferencial de la deuda española se situaría al término del presente ejercicio en torno a los 150-160 puntos básicos. Al menos, los cálculos presupuestarios para 2011 se hacían sobre la base de que el coste de la deuda, el coste de financiación del Estado, no sobrepasaría el 4,75% de media. Objetivos aquellos que parecen haberse olvidado para pasar a una situación donde se habla abiertamente sobre que España esta mejor que Grecia y Portugal; España no es Irlanda o antes de España viene Bélgica e Italia… y así sucesivas comparaciones que desembocan en una ecuación en la cual la economía española debe despejar si suspende pagos en 2011 o no.

El Tesoro acaba de hacer público el calendario de subastas de deuda para el próximo mes de enero. No es complicado por volumen, pero los precios para esos bonos y obligaciones se situarán en la parte alta de la zona peligrosa, es decir, por encima del 5,4%. Es una mala forma de comenzar un año en el que el Tesoro deberá hacerse con unos 172.000 millones de euros en un mercado que va a contar con numerosos y muy fuertes competidores. Las CC AA saldrán a pedir unos 32.000 millones y el sector privado en su conjunto alrededor de 280.000 millones, lo que significa que el dinero, además de reivindicarse en su faceta de bien escaso, añadirá en esta ocasión, la de bien preciado.

Los cálculos realizados por el equipo económico hace ahora seis meses no tuvieron en cuenta que en 2011 no sería únicamente el Estado español el principal demandante de financiación. Se olvidó de que el sector privado, también español, iba a acudir a los mismos caladeros para financiarse. Esta contingencia ha vuelto a poner en situación comprometida al equipo económico del Gobierno, que ahora sólo piensa en cómo cubrir el primer trimestre del próximo año sin que el coste de la financiación supere el 5,5%.

En esta situación, los 'road show' por Oriente y Occidente no sirven, pues con ellos se aseguran cantidades pero no precios, resultan ser acciones aisladas que facilitan el trabajo el Tesoro pero que dejan sembrada la semilla de la precariedad, algo que ya se sabe suele encarecer los precios. Con un diferencial de la deuda actualmente en torno a los 250 puntos básicos, no es fácil pensar en que a mediados del próximo año el coste medio de la deuda se mueva en el 6%, el nivel más peligroso que se puede contemplar para una economía que necesita financiación por el 40% de su PIB, sin descartar que se pueda alcanzar el 6,5%. El 7% sería insostenible, algo así como pedir dinero sólo para pagar los intereses.

Los problemas de financiación del Estado se multiplicarán a lo largo del próximo año, cuando las rescatadas Grecia, Irlanda y, probablemente en los próximos meses, Portugal, comiencen a solicitar más ayudas, puesto que los ‘primeros auxilios’ de los rescates serán insuficientes, una vez que afloren nuevos problemas en las economías intervenidas. En ese escenario es muy probable que España pueda evitar la intervención del Banco Central Europeo, puesto que la deuda pública del Estado no supera el 60% del PIB, pero sí se da por hecho que las finanzas públicas no reúnan la fuerza suficiente como para llegar al puerto en el año 2012.

La travesía del desierto a la que se enfrentan las cuentas del Estado español hasta alcanzar dentro de dos años el mecanismo de estabilidad financiera (o fondo de rescate permanente) obligarán a mantener una disciplina presupuestaria a la que no están acostumbrados ni gobernantes ni gobernados. Las deudas del Estado pueden ser parte del problema pero no todo el problema, pues las corporaciones locales y las Autonomías se deben sumar a las que tienen las empresas privadas, conformando algo parecido a un gigantesco bloque de hielo flotando a la deriva y cuya punta más visible, como si se tratara de un iceberg, es la deuda pública del Estado.

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