edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
13/09/2013
Estrategia para 2014

El Tesoro se engancha a la moda y emitirá deuda perpetua

Una deuda del 90% sobre el PIB exige una reestructuración financiera en toda regla
Juan José González

Ni lo confirma ni lo descarta; simplemente, no tendrá más opción que reestructurar la financiación del Estado y emitir a muy largo plazo, deuda perpetua, si quiere hacer frente al servicio de la deuda -casi 40.000 millones de euros sólo en 2013, el 4% del PIB- que deberá pagar por el casi billón de euros que debe. La coyuntura parece ponerse del lado de las necesidades de los endeudados que no dudan en aprovechar esta oportuna relajación de los tipos –prima de riesgo a la baja- para aliviar la presión de la deuda. Una oportunidad que las grandes compañías, como Telefónica o BBVA han reaccionado rápido como medida prudente de política financiera y mantener una elevada posición de liquidez. Pero lo que es normal o habitual para una empresa privada como es el endeudamiento a muy largo plazo, es posible que en el caso del Estado, del Tesoro Público, sea una estrategia de "patada adelante".

No es el de la deuda un problema puntual, sino crónico, al que debe hacer frente el Tesoro español. Se quiere reducir la tensión en la financiación del Estado para el próximo ejercicio, algo que se reflejará en los presupuestos generales. El servicio de la deuda pública es una magnitud con un peso excesivo en las cuentas del Estado. Serán al final del ejercicio unos 40.000 millones de euros, nada menos que, el segundo importe en volumen sólo por detrás de las pensiones. Bruselas obliga al Estado español a que reduzca déficit, pero también, y no solamente por menor déficit, reducir coste de la deuda, lo que obliga al Tesoro Público a plantear una estructura financiera diferente y, por tanto, a considerar el muy largo plazo en sus emisiones, en dos palabras: la "deuda perpetua".

Se puede afirmar que en el Tesoro ya tienen todo listo para justificar el recurso a las emisiones de deuda perpetua, aunque la denominación técnica será la de deuda a largo plazo. El instituto público ya realizó a finales de 2012 una primera valoración de los efectos a corto y medio plazo de un cambio en la estructura de financiación. Eran momentos de fuerte presión y tensión en la financiación del Estado en los que ya se empezaban a registrar serias dificultades para captar dinero en los mercados. Fue entonces cuando desde el Banco de España llegó al Tesoro la `advertencia´ pública sobre la necesidad de un cambio en la financiación tradicional puesto que según el supervisor "las Administraciones Públicas estarían muy cerca del umbral de deuda", un punto a partir del cual una economía entraría en serias dificultades para financiarse.

El análisis del Banco de España, recogido en su informe anual, hacía referencia al peligro que supondría que los inversores percibieran riesgos sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas españolas, un momento muy delicado con la deuda pública en el 84% del PIB. Y, dicho y hecho, en el Tesoro se consideró la posibilidad de hacer un cambio urgente en la estructura de financiación, algo que sin embargo, debió ser aparcado ante la escalada de problemas interiores que dispararon la prima de riesgo hasta superar los 600 puntos básicos. Ahora, y a falta de los datos a septiembre, la deuda española sobre el PIB ya ha alcanzado el 90%, cerca del billón de euros, y el objetivo anual fijado por Bruselas para todo el año es del 91,4%. Esta situación estaría justificando una reestructuración de la deuda en toda regla.

Los mercados esperan el anuncio oficial del organismo público para confirmar que, efectivamente, el Tesoro no tendrá otra salida que emitir deuda perpetua (o a muy largo plazo). Pero el problema que se plantean algunos de los posibles compradores (fondos y bancos) es el riesgo, muy elevado, de hacerse con un papel de un emisor que trata por todos los medios de echar hacia adelante un problema de un Estado miembro de la Unión Europea que puede llegar a convertirse, en función de la coyuntura, en una economía intervenida, y que si no lo está, cuenta en realidad, con un estrecho margen de maniobra.

Por eso las dudas sobre los riesgos futuros de la economía española se van a reflejar no solamente en los precios, sino también, en los volúmenes de demanda de deuda. El Tesoro estará entre la espada y la pared, con fuertes presiones de financiación, endeudándose a largo y muy largo plazo para pagar, y pagar menos intereses, a corto plazo, el que más ahoga y presiona política y financieramente. Quizás sea la única estrategia de desapalancamiento posible en manos del Tesoro.

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