edición: 2977 , Viernes, 29 mayo 2020
03/10/2013
Se tambalea la recuperación

El tirón de la exportación da los primeros síntomas de cansancio

El comercio mundial baja el ritmo y una austera Europa compra menos por la crisis de la deuda
Juan José González

De las cuentas de las exportaciones sale que estas representan ya más del 34% del PIB español, cifra muy positiva sobre todo teniendo en cuenta que en etapas de bonanza económica nunca se llegó a superar el 26%. El dato parece haber inspirado a algunas casas de análisis para concluir que, a nada que el ritmo o velocidad de crucero actual de las ventas al exterior se mantenga en los próximos doce meses, España puede convertirse en la nueva Alemania en el capítulo exportador. La idea agrada y seduce a un Gobierno necesitado de todo, en especial de ingresos, también de salida de la producción nacional para que la olla a presión de la crisis y el desempleo cuente con alguna válvula de escape. Los presupuestos que se discuten estos días parecen apostar en serio a que el objetivo de "la nueva Alemania" igual no está tan lejos. Pero se desconoce y se desconfía de la evolución del comercio mundial a medio plazo, lo que puede situar en un brete los planes del Ejecutivo. Así que, cuidado porque los desastres suelen habitar entre los sueños y la realidad.

Más allá de las cifras del comercio exterior, sí parece evidente que su peso en el producto interior bruto confirma la capacidad para tirar de la economía, lo cual no significa que sea suficiente puesto que las exportaciones serían un caballo que se agotaría pronto sino cuenta con la ayuda y colaboración de la inversión y del consumo, por el momento al margen de la carrera. Así pues, el buen comportamiento de las exportaciones españolas puede tener los meses contados si más pronto que tarde no concurren consumo e inversión.

En la carrera por salir del atolladero económico, la gran mayoría de los Gobiernos de los países considerados ricos, ponen el acento en las exportaciones en base, entre otras cosas, a que los países emergentes eran fuertes demandantes. Pero el comercio mundial comienza a ofrecer los primeros signos de fatiga y la demanda de los emergentes es menor de la prevista en un principio, algo que ha obligado a muchos países a reajustar las previsiones de comercio exterior. Y no sólo han sido las economías emergentes las que han rebajado su velocidad de compras al exterior, sino que Europa -consume un tercio del comercio mundial- también ha reducido sus encargos, motivado en buena parte por la política de austeridad así como por la crisis de la deuda, prueba de ello es la caída de las importaciones en la Unión Europea en los primeros seis meses del año.

Contrasta con esa realidad el sueño oficial que intenta presentar el comercio exterior como la base del milagro económico español del que tanto gusta hablar en Economía y Hacienda. Quizás un exceso de optimismo provocado por un estado de urgente necesidad es lo que parece estar en el origen del considerado como milagro económico. Por ello se hace necesario buscar las causas del `éxito´ de las exportaciones españolas para ver sí es oportuno rebajar el nivel de euforia oficial y de optimismo futuro.

En primer lugar, para un análisis serio de esta suerte de brote verde que es el comercio exterior, habría que `limpiar´ el efecto de las exportaciones de automóviles, un sector con un fuerte peso en el conjunto de las exportaciones, y que, como muestra su escasa incidencia en la recaudación fiscal, acaba con una aportación limitada. Aunque por otro lado, no es lo mismo exportar productos propios y acabados, es decir, con valor añadido, que vender sólo la materia prima, una diferencia que se refleja en las cuentas.

Y en segundo lugar, habría que comprobar hasta qué punto la exportación sirve a los exportadores únicamente para mantener las fábricas abiertas y la actividad actual, y no para obtener más margen y rentabilidad. La diferencia entre uno y otro determina que se mantenga empleo e inversión, en tanto que con el segundo, se crea riqueza, se crean empleos y se invierte más. Por esta razón, parece que el excesivo optimismo político en lanzar las campanas de la recuperación a finales del presente año, puede resultar desastroso si, como viene siendo habitual el milagro de la exportación se sustenta, únicamente, en las políticas de corto plazo como por ejemplo, unos salarios más bajos, medicina que aumenta la competitividad de las exportaciones, aunque en el caso español no se sepa por cuanto tiempo.

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