edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
26/01/2015

El vigilante del billón

Salvo que la onda expansiva de un terremoto europeo con epicentro en Grecia acabe con lo que se espera del billón de Draghi, es casi obligado mostrar una actitud positiva hacia los objetivos que persigue tal estratosférica suma de dinero en marcha. Un billón se dice pronto, al ritmo de 60.000 millones al mes, como carga que llevará la terapia del plan, debe servir para abrigar todo tipo de esperanzas hacia un nuevo y luminoso horizonte. Y además, no hay remedio, no hay alternativa.

Dinero mucho, dinero bueno y con la intención de que el resto de los agentes de la economía se animen, se muevan y hagan juego. Un movimiento que, si bien, no terminará con todas las excusas de empresarios y particulares para no invertir, al entender que existen demasiadas cortapisas e incertidumbres para hacer negocios, debe provocar más inversión, más empleo, más riqueza y beneficios y, en fin, mayor bienestar social.

En principio, la colosal inyección monetaria tiene (se insiste en lo de la onda expansiva del terremoto) un efecto benéfico inmediato, esto es; primas de riesgo a la baja, euro más barato y cotizaciones bursátiles arriba, pero sobre todo, una cascada colosal de declaraciones oficiales que tienden a alabar la operación de Draghi, llegando a superar en beneficio a la llegada misma del 7º de Caballería hace siglo y medio.

Esta semana será decisiva para comprobar el alcance que puede llegar a tener el billón en cuestión. Es posible que sirva para poco, probable que su actuación alimentará, como más leña al fuego, la aparición de nuevas burbujas financieras y que, por tanto, sitúe a la economía europea en zona de espejismo económico.

Para vigilar que nada de eso suceda, la mirada atenta de Merkel y sus lobos no perderán de vista ni un segundo a los gobernantes `gastones´ y perdonavidas europeos. Será por tanto, la supervisora europea del juego del billón, lo cual significa contar con la garantía de que un país tan serio como interesado en que no le impaguen sus deudores, estará al acecho. Más nos vale, pues de otra forma sería lamentable demandar la presencia del célebre 7º de Caballería. Lo peor del plan del Draghi es que, si fracasa se abrirá un escenario desconocido, un fatal agujero negro. Crucemos los dedos.

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