edición: 2943 , Miércoles, 8 abril 2020
23/04/2018
banca 
La banca entra en acción

El ahorro familiar elige el largo plazo con la sombra de la tentación hipotecaria

Abandonan la inercia de los depósitos, arriesgan en Bolsa y aumentan posiciones en el largo plazo con fondos, seguros y pensiones  
Juan José González
Abundan en las últimas semanas las comparaciones entre dos situaciones que muchos identifican como similares: la previa a la crisis financiera de 2007 con la explosión de la burbuja inmobiliaria, y la actual, con una creciente preocupación -fundada en parte- por el aumento de los precios de los inmuebles y, sobre todo, por los precios del alquiler de la vivienda. En principio, las comparativas parecen considerar -como también es habitual- los factores negativos, es decir, los que inducen y conducen la situación hacia el precipicio final, mientras que otros factores apenas se tienen en cuenta. Entre estos estaría la actual situación en la que se encuentran las finanzas familiares, hoy más saneadas y sólidas que en `la previa´ de la crisis de 2007. Llegan las familias españolas a abril de 2018 con menores deudas, más proporcionadas al nivel de ahorro y también al de sus inversiones. Parece haber una relación más razonable, quizá de mejor equilibrio, entre los ingresos y los ahorros, si bien, este último no mantiene el ritmo de avance considerado como ideal. En esta última década, las familias -que han mantenido empleo e ingresos- han aprendido casi todas las lecciones que brinda una crisis prolongada como la de 2007. Pero en los últimos meses, y se entiende que una vez aprendida la lección, las familias se han atrevido a colocar más de una cuarta parte del dinero en Bolsa y un tercio en otros productos como fondos de inversión y planes de pensiones. Más cultura financiera, mayor inquietud por el futuro o cansados de la nula retribución del dinero en cuenta parecen ser las causas del nuevo comportamiento de un ahorro familiar que, sin embargo, ahora se ve amenazado por las políticas comerciales de algunas entidades bancarias y hoy en la antesala de una nueva `contienda´ hipotecaria por el ahorro. 
Las familias parecen haber asimilado las ecuaciones que tanto deciden la vida del ahorro como son las relativas al riesgo y la seguridad y su relación directa con la rentabilidad. La nula retribución de los depósitos bancarios (0,10% en el mejor de los casos) coincidiendo con las escasas alternativas financieras, han prolongado la inercia del ahorro familiar, manteniendo el dinero inmóvil en el banco. No se puede decir que los inversores particulares, empresas y familias, estuvieran convencidos hace nueve meses, de que mantener el dinero en cuentas de depósito fuera la opción más segura como tampoco, por supuesto, la más rentable.

Pero lo cierto es que en julio pasado, el dinero de las familias y empresas en depósitos registraba un récord, cerca de 780.000 millones de euros según el Banco de España. Desde entonces, las preferencias de las familias se ha ido trasladando hacia productos financieros sencillos y con más expectativas de rentabilidad, eso sí, aceptando que la opción conlleva mayores riesgos. Este cambio parece estar relacionado también con otro convencimiento: en la segunda parte del año pasado, a pesar de que la inflación era muy baja -en el entorno de 1,2% de media- la retribución media de los depósitos se situaba en el mismo período de tiempo en el 0,10%, luego, claramente, los ahorradores estaban pagando cara la seguridad, lo hacían con la pérdida de poder adquisitivo que marcaba la rentabilidad real negativa.

Se diría por tanto, que la inercia del ahorro familiar -tras nueve largos meses de rentabilidad nula de los depósitos- se viene trasladando en estos primeros del año a productos con mayor riesgo, mayores posibilidades de ganancia y sin perder de vista el aspecto de la seguridad. Por otro lado, no deja de sorprender que el ahorro hasta hace meses varado en cuentas de depósitos `estériles´ en rentabilidad se haya trasladado no sólo a productos como fondos de inversión, sino también a otros productos como seguros y planes de pensiones, se entiende estos último que motivado en buena medida por la inquietud y el desasosiego creciente del futuro de las pensiones públicas.

De la misma forma que la incertidumbre oficial provocada por el Gobierno a propósito de la dudosa sostenibilidad del actual sistema de pensiones, alimentada también por otras instituciones europeas y con la colaboración de numerosas entidades bancarias, ha servido para cambiar las `preferencias´ de los ahorradores hacia productos más rentables, Gobierno y entidades bancarias deberían trabajar en mejoras de orientación del ahorro familiar.

En concreto, se trataría de proteger y favorecer el ahorro orientado al largo plazo, exigiendo el legislador a las entidades bancarias mayores garantías y seguridad para el dinero más estable de los particulares. Garantías de que el ahorro a plazos superiores de 15 o 20 años queda al margen de las conveniencias comerciales y necesidades estratégicas de los bancos. El peor ejemplo que se puede mostrar al público son las escasas revalorizaciones de los planes de pensiones, `tocados´ muchos de ellos por los elevados costes que soportan y `hundidos´ de hecho por una fiscalidad desmesurada que, de paso, también debería ser revisada.

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