edición: 2866 , Lunes, 16 diciembre 2019
29/05/2019
banca 
La digitalización funcionará, pero a largo plazo

El ajuste bancario será crónico mientras no se recupere el negocio y los beneficios

La dinámica de recorte de costes, reducción de plantilla y oficinas y la tecnología no reportan  ganancias en eficiencia como aseguran los supervisores
Juan José González
Las recetas del regulador y los consejos del supervisor no funcionan, no reportan eficacia como aseguran sus estudios. Y las dinámicas de las sinergias por los ajustes, han servido hasta donde han podido, hasta el punto en el que las ganancias de eficiencia se han estancado. La digitalización y la banca online que recomienda el BCE para aumentar la eficiencia, no es suficiente. Con todo, el sector bancario continúa ajustando, con más fuerza si cabe en el presente ejercicio, con dos EREs -Santander y Caixabank- que dejarán al sector con cerca de 6.000 empleados menos. Los ahorros, sin embargo, los frutos, no se recogen en el corto plazo, luego, no parecen ser la baza más adecuada para un aumento rápido de los resultados. Lo cual no resta para que en 2019 se vaya a contar con nuevos elementos que hagan posible un aumento de los beneficios. Las comisiones continúan su avance, a buena velocidad tras la recuperación de los fondos de inversión y la morosidad parece alejarse de las zonas de riesgo, de los dos dígitos, hoy ya cerca del 5,5%. El escenario bancario se mantiene en posición de ajuste, permanente, intensivo, porque existe en el sector el convencimiento de que es posible seguir ajustando la red y reduciendo costes. Si esto es así, las perspectivas de mejora de los beneficios bancarios son evidentes. Aunque habrá que esperar a finales de diciembre. 
El ajuste de plantillas y sucursales no surtió efecto en 2017 cuando, siguiendo las puntuales recomendaciones del supervisor BCE. Se daba por hecho que era el camino más corto para acercarse a la ratio de eficiencia ideal (en el entorno del 50%). Pero algo falló y los hechos y las cifras mostraron que los ajustes no eran suficientes como para obrar el milagro. Aquellos ajustes de 2017 lograron avances mínimos en eficiencia pero avances en definitiva. Lo peor para esta política de reducción de red y plantillas vino en los trimestres siguientes, en los primeros de 2018 al comprobar que la ratio objetivo (eficiencia) se estancaba y en algunos bancos empeoraba.

El regulador local, las autoridades bancarias europeas y los supervisores, decidieron hace un año y medio, que era el momento de introducir un nuevo elemento de mejora, un paliativo para aliviar o reparar las cuentas del sector que seguían sufriendo los tipos cero del BCE. Así entraba en escena la digitalización, las nuevas tecnologías y con estas las ganancias seguras en eficiencia. La idea estaba avalada por la opinión y recomendación del Gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, entre otras razones porque según sus estimaciones el potencial de crecimiento de la utilización de Internet para hacer gestiones financieras era (y continua siendo) más bajo que en Italia y Francia. De ahí que la digitalización se presentase, en opinión del Gobernador, como un terreno casi inexplorado y con las virtudes de un revulsivo ideal para resolver el problema de la mala eficiencia.

La receta fue seguida al milímetro por el BBVA, siempre dispuesto a aprovechar la ocasión para presumir de los resultados de su digitalización, que al parecer le habría reportado una reducción del 4,5% de su red de oficinas y el 4,3% de los empleados en todo el mundo. Ni siquiera en España, donde el recorte de sucursales fue en 2018 del 7%, logró que ganancias en eficiencia. Por tanto, la experiencia del BBVA en la aplicación de la tecnología no fue suficiente para que el banco mejorase la ratio en cuestión.

En cambio, Santander, que siguió el criterio de recorte de costes, sí logró avances en eficiencia, en el entorno del 45% y 47%, debido a la fuerte contención de los costes, aunque posteriormente su eficiencia se vería afectada por el efecto del Popular, lo que se reflejaría también en un empeoramiento de la ratio de eficiencia, en especial, en el negocio español.

Las dificultades de la banca española para conseguir márgenes positivos, como consecuencia de la larga etapa de tipos de interés bajos, no ha pasado inadvertida para los inversores, los grandes fondos institucionales y los bancos de inversión, que no han dudado mucho a la hora de recortar los precios objetivos del sector bancario nacional, recortes que han corroborado los analistas bancarios. Se da la paradoja que la caída de las valoraciones de los bancos cotizados se produce en un ejercicio en el que el sector logró un avance del 20% en el beneficio. Pero el entorno -los tipos de interés- han obligado al sector a una adaptación de las capacidades que sólo en 2018 y en el conjunto de los seis grandes bancos, significó el cierre, a nivel nacional, de 678 oficinas y 2.229 empleados menos. Los ajustes seguirán marcando la pauta en el sector porque las entidades saben que todavía hay margen para recortar empleos y oficinas. Y así seguro que saldrán las cuentas.

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